Para afrontar la tormenta que se cierne sobre España y Europa, lo que menos necesitamos es la vana grandilocuencia de los cómplices de la corrupción en cualquiera de sus modalidades y escalas. La superabundancia de grandes personas nos ha traído hasta aquí. Los diseños globales alejan a las pequeñas personas de los merecidos frutos de los esfuerzos que les han ido reclamando. Sólo los requieren para que aporten de sus escasos medios en cantidades cada vez mayores. Así lo preanuncian los 10.000 millones de euros que Bruselas ha impuesto a una gestión sospechada de corrupción y parcialidad, además de opaca. Todo en el nombre de los intereses de España.

Una multa simbólica, en el mejor de los casos, y la congelación de 1.100 millones en fondos estructurales, que tal vez afecten las alcachofas electorales. Y eso es casi lo de menos: la política económica quedará “bajo tutela” de la UE por segunda vez en estos “exitosos” cuatro años de Rajoy. Es lo que tiene la realidad frente a la mentira como método de gobernar. Por tanto, Bruselas exigirá ese ajuste de 10.000 millones. Para ello, reclama un presupuesto austero y hará un duro examen trimestral. “Europa no está en el debate, en las negociaciones para formar Gobierno; pero las reglas fiscales condicionarán el próximo año”, avisan fuentes europeas.

La Premio Nobel de Literatura 2015 Svetlana Alexiévich, llamada “la voz de los sin voz”, en “La guerra no tiene rostro de mujer”, muestra en esa obra maestra una perspectiva de la guerra ignorada hasta el momento: la de las mujeres que combatieron en la segunda guerra mundial del lado soviético. Opacadas por el régimen y por la Historia Oficial. En sus textos preliminares habla de lo lejos que estuvo la guerra real del relato oficial. De los grandes hombres, de sus éxitos y más aún de sus fracasos. La guerra fue sucia, salvaje y cruenta. Nuestra confrontación lo está también en relación al relato oficial. Porque tarde o temprano los españoles se darán cuenta de ello.

Quién no olvida la gestión del Consejo de Ministros durante esta legislatura, que convirtió a las Cortes en un recinto decorativo. Por no mencionar que este período parlamentario ha estado, como ninguno, lleno de episodios de conflictos de intereses y cooptación de las instituciones, como consecuencia de la mayoría absoluta de un partido político que tiene innumerables causas judiciales por la gestión, al menos incierta, de los recursos que administró, en todos los niveles de gobierno. Amnistías fiscales repletas de defraudadores y protagonistas de los mayores escándalos de la democracia. A los que se añaden legislaciones que surgen desde las entrañas del ideario de grupos económicos y religiosos ultraortodoxos. De consenso nada. De debate nada. Esa gente quiere seguir gobernando por “el bien de España”.

Mientras la soberbia llenó los salones de grandes personas, la indignación colmó las plazas de personas pequeñas. Pero también las colas de los comedores sociales, las listas de espera de las intervenciones hospitalarias, la efectiva transferencia de los subsidios para los dependientes, los desahucios en muchos casos producto de la aplicación de clausulas suelo salvajes. España está a la cabeza del crecimiento europeo. Todo gracias a un partido que no romperá España. De las primeras consultas de este jefe de gobierno en funciones fue al Partido Nacionalista Vasco. Rajoy habla vasco en la intimidad. Mentira tras mentira los españoles preferimos ceder ante estos personajes que ha recuperar los retazos que aún nos quedan de la dignidad de las personas decentes. Hasta han tenido la indecencia de argumentar que el incumplimiento del objetivo del déficit se debió al tratamiento de la Hepatitis C.

Desde esos centros de poder se persigue a quienes han tenido el valor de denunciar a los corruptos y a sus cómplices. Cuando las personas pequeñas asumen su protagonismo los salones se ponen nerviosos. Ponen a andar la máquina del fango. Suman votos. Neutralizan procedimientos judiciales. Pero, justo es decirlo, Bruselas, o una parte de ella, dicta resoluciones que dejan en evidencia casos como la gestión del accidente del tren Alvia. Los recortes pudieron producir esa tragedia. Cuántas víctimas más habrán producido. Cuántas producirán.

Quizá estas reflexiones sean un buen punto de partida para aquellas grandes personas que tienen el mandato de formar gobierno. Que recuerden que un total de 48.881 españoles residentes en el extranjero no acudieron a las urnas en las elecciones del pasado 26 de junio a pesar de haber rogado el voto. De los 169.658 emigrados que lo solicitaron, es decir un 8%, según datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística, votaron 120.777, lo que supone una participación del 6,3% del total de españoles inscritos en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA). La causa fue que este gobierno de grandes personas le teme a las personas pequeñas.

Svetlana Alexiévich nos refiere esa visión femenina que resignificó el sentido del heroísmo, expresa que “se ha escrito más sobre el heroísmo que sobre el amor”. Entonces, desde el sufrimiento que define el ser femenino en sus líneas, nos habla del valor caracterizado por el sacrificio. Luego, nos expresa:

“Ya lo he descubierto, las grandes ideas necesitan hombres pequeños, no les interesan los grandes hombres. Un gran hombre es excesivo e incómodo. Es difícil de moldear. Yo busco al pequeño gran hombre. Ultrajado, pisoteado, humillado, aquél que dejó atrás los campos de Stalin y las traiciones, y salió ganador. Hizo el milagro”. Aquella guerra no la ganaron las grandes personas por Stalin ni por el marxismo. La ganaron las pequeñas personas por Rusia.

En la confrontación en la que estamos, las personas pequeñas no lucharemos por las izquierdas ni las derechas. Lo haremos por la necesaria decencia para salvar a este país de nacionalidades que se llama España. Excepto claro, que se entregue nuevamente el poder a los causantes de nuestra desgracia actual.

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