Son las 7 de la tarde. Librería Rafael Alberti, calle Tutor 57, Mad Madrid City. Está lleno por completo el pequeño sótano donde se realizan las presentaciones. Una de las libreras despierta una silla para mí y la coloca en el rellano de la escalera que asciende al primer piso. Veo la presentación desde arriba, tras rejas blancas. Me sorprende el poderío estético de Pilar Martín Gila, la poeta, la autora. Es una persona muy guapa o tiene la suficiente capacidad de magia para lograr parecerlo. Sus manos se mueven nerviosas, desmintiendo la voz perfectamente modulada y calma con la que lee sus poemas, las tres partes que componen La Cerillera, libro publicado por Bala Perdida.

Hay una atmósfera casi religiosa, de ritual, todo respeto e intimidad y delicadeza y esfuerzo de pensamiento. A veces la voz de un cliente que acaba de entrar en la librería se superpone a la de Pilar Martín, pero enseguida se acalla, sin necesidad de que nadie le advierta, porque como acabo de decir hay una atmósfera, una atmósfera capaz de explicarse a sí misma y convertir en ritual y respeto todo lo que la rodea.

Si no mueres ahora te llenarás de odio. Lo dice Concha García que hace las veces de embajadora del libro; también es autora del prólogo. Pero también es uno de los versos. Es una advertencia de Pilar Martín, la autora, al personaje creado por Andersen: la cerillera (sin nombre, sólo la cerillera). Si no mueres ahora te llenarás de odio, y la frase, el verso, sigue resonando en mi cabeza cuando ya me he ido de la Alberti, cuando camino por las calles sopladas de lluvia con la única protección de mi sombrero de fieltro negro. Y se me ocurre que quizá sea mejor, sería mejor para mí, pienso, y también mejor para la frágil cerillera, morir que llenarse de odio. Quizá sería mejor.

Pero lo que sí es mejor sin lugar a dudas es haber llegado a plantearmelo, y ese es para mí el regalo del libro de Martín Gila publicado por Bala Perdida: que despierta pensamientos, hace nacer preguntas. La cerillera.

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1 Comentario

  1. Ayer cuando escribía el artículo no encontraba la palabra, el adjetivo, para calificar la ceremonia, hoy ha venido. Ya se sabe que las palabras son caprichosas y aunque en general vienen a mi cabeza, o a mis dedos, o a mi boca, como pájaros flecha, otras veces sucede que no, que tardan… algunas como tortugas no llegan hasta años después del día en que las convoqué y comencé a buscarlas. Sagrado, así era el ambiente en la presentación de la Alberti el pasado jueves 18 de octubre: sagrado.

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