Foto de Carlos Ema.

Han pasado ya más de dos décadas desde que irrumpió en el panorama de la novela negra española una comisaria atípica, tan dura e inaccesible como cercana y entrañable. Una bandera del feminismo alejada de convencionalismos y encasillamientos. Esta décima entrega, para colmo, hace sonreír y reír a sus fieles seguidores. ¿Hasta dónde podrá llegar Giménez Bartlett con Petra Delicado? Descarta la muerte a lo Sherlock Holmes, pero avanza que un retiro monacal puede ser el punto y final para la gruñona agente.

 

 

Ya desde el mismo tono del título de su nueva novela se aprecia que a la comisaria Petra Delicado este caso, pese a su crudeza, le reportará momentos de humor. ¿Es así?

Absolutamente. No fui demasiado consciente al escribir la novela, pero mi editor y las pocas personas que la han leído a día de hoy todos me señalaban que se reían con el texto. Luego he reflexionado y puede que lleven razón, ésta es una de mis novelas más humorísticas, más irónicas.

 

Un joven mosso d’esquadra será su jefe en este caso. ¿Inaceptable para la temperamental Pedra?

La cosa empieza mal, porque Petra es gruñona y eso de que le mande un chico joven y, encima, de otro cuerpo policial, no le hace maldita gracia. Sin embargo, poco a poco va entrando en el lado humano de la cuestión y llega a comprender que su “compañero Mosso” es un buen policía y una excelente persona. Al final forman un buen equipo y se hacen amigos.

El décimo caso de la comisaria gruñona aleja la posibilidad de que la autora la meta a monja, como ya augura

 

Más de dos décadas después y una decena de entregas de la saga, Petra Delicado sigue dando guerra. ¿Hasta cuándo sentirá la necesidad de dejarla viva y no matarla como Conan Doyle planeó con su Sherlock Holmes?

Si abandono a Petra, que algún día sucederá, no tengo intención de matarla. Demostraría ser muy desagradecida si lo hiciera porque Petra me ha dado todo lo que un autor puede soñar. Pensaría en otro final para ella, mucho más amable y tranquilo: o una jubilación anticipada, con horas de lectura y paz o quizá meterla monja en un convento de regla no demasiado dura, para que lleve una vida serena y reflexiva al tiempo que expía sus muchos pecados.

 

En este caso concreto, una mujer madura aparece salvajemente asesinada en su domicilio. Las vías de investigación no son pocas, aunque en la novela se apuntan algunos temas: soledad, locura, el peligro constante a la muerte… ¿Ha ejercido en cierto modo como cronista social de toda una época desde 1996 y su Ritos de muerte?

Pienso que sí, pero no era mi intención inicial; lo que ocurre es que la novela negra está tan ligada a la vida diaria, a la actualidad, a la sensibilidad de la gente corriente que acaba por ser una especie de crónica social. Cuando pienso en todos los libros de Petra a lo largo de los años, me doy cuenta de que los casos investigados, los personajes centrales y también los secundarios, han vivido su época intensamente, y vienen señalados por esta. Por no hablar de los cambios más evidentes: euro, internet, telefonía móvil, técnicas de investigación…

“La novela negra está tan apegada a la vida diaria que acaba siendo una crónica social”

 

¿En qué ha notado más que su Petra Delicado ya no es la que era?

Pues en que ya no piensa tanto en ligar, ni en teorizar sobre todo, ni en plantearse la vida como un cambio continuo. Sin embargo, sigue siendo tan peleona como siempre, muy peleona.

 

¿Qué es lo que a ella más le sorprende de este 2017 respecto a aquel 1996 en que empezó todo?

Hay algunos hábitos sociales que le fastidian: las redes sociales, la frivolidad de la gente, las maneras de los más jóvenes, la importancia de la imagen, la sofisticación en la comida…

 

¿También se ha sorprendido su autora de sí misma a la hora de darle nuevos bríos a la saga de Petra Delicado?

¡Ni que lo jure! Empecé a escribir esta novela con mucho miedo. Pasé tres años trabajando en Hombres desnudos, un año viajando debido a la promoción del premio Planeta y cuando volví a enfrentarme a Petra, creí que no sería capaz de encontrarle el punto. Pero a veces todo es cuestión de trabajar y trabajar y trabajar… ¡siempre es cuestión de trabajar! Da buenos resultados.

 

¿Son los lectores los que marcan el discurrir de una saga detectivesca o se siente con fuerza su creadora para ponerle el punto y final cuando lo estime así conveniente, por encima de los deseos de sus entregados seguidores?

No soy capaz de hablar teóricamente y en general. Le diré que, en mi caso, el vínculo emocional con los “fans” de Petra es muy potente. Me impresionan las cosas que me dicen cuando los encuentro: “Estaba en el hospital y su libro me ayudó…”, “Me reía yo solo en el autobús mientras leía…”, “Se me quemó la cena porque quería leer un poco más y perdí la noción del tiempo…” “Odio sus libros porque me roban horas de sueño…” Todo eso es más que halagador, es una demostración de cariño. ¡Pero es peligroso! El día que literariamente Petra esté acabada, no pensaré en los lectores.

 

Mi querido asesino
Alicia Giménez Bartlett
Destino
416 páginas
18,50 €

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