Semana luctuosa la que dejamos atrás ocupada primero con la muerte de Rita Barberá y luego con la de Fidel Castro. Semana luctuosa que desvía finalmente la atención de lo grave, lo actual y lo que importa en nuestro siglo que es muy distinto al anterior, el de los dos protagonistas de los días pasados.

Dos personas que, salvando la dimensión histórica de uno y otro, comparten ser dos ejemplos claros de un tiempo político que se está terminando a base de signos tan claros como su propia muerte.

La abdicación de Juan Carlos I, la muerte de Adolfo Suárez, el populismo en la Casa Blanca….Fidel Castro y Rita Barberá etc.

Un tiempo político que tendrá que hacer frente, sin ellos, a problemas que se convierten ya en insanos tumores sociales, y precisamente estos días hemos conocido datos que casi han pasado desapercibidos en medio de los gestos, los postureos, los minutos de silencio discutidos y las honras fúnebres. Y que afectan a España. Entre funeral y funeral hemos podido oír como el que no quiere la cosa algo referente a la llamada pobreza laboral: Eso de que el trabajo no da ya para pagar lo más necesario, incluso que se esté estableciendo la costumbre de trabajar sin cobrar.

O el hecho de que más de la mitad de la juventud carezca de horizontes, o que haya un porcentaje creciente de la infancia que no es convenientemente alimentada.

Invito a pasarse un rato por el último informe del Observatorio para la Emancipación del Consejo de la Juventud.

Son secuelas de la crisis pero son sobre todo emergencias sociales de primer orden. Señales de una tremenda varicela social.

Esto es lo importante hoy: Que haya madres o padres que cada día se acercan masivamente a un comedor de Cáritas o vayan a una oficina publica a ver si hay alguna ayuda para pagar la luz o llenar la nevera.

Y de todo esto, ya digo, se han conocido cifras importantes e impactantes la semana pasada, entre el funeral del ultima política desahuciada y desamparada en la convulsa realidad española, y las exequias del ultimo revolucionario fallido.

Por cierto, no salgo de mi asombro con la teoría de las luces y las sombras que se ha impuesto como la correcta y la mayoritaria a la hora de juzgar la obra del dictador cubano. Creo que las organizaciones de Derechos Humanos más serias también están alarmadas.

 Las sombras de tan larga dictadura son tan profundas que es imposible ver ya aquellas hogueras de Sierra Maestra donde comenzó todo. Se han quedado demasiado frías y no dan calor. Se han consumido a la par que el largo puro de Fidel Castro.

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2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, excelente artículo. Tenemos la realidad social que tenemos y es sobre eso sobre lo que habría que reflexionar…
    Por lo demás, como ocurre con tantas otras cosas, es una lástima que “las hogueras de Sierra Maestra” no sigan dando calor…

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