Una de las características identificativas de la época y sociedad que estamos viviendo es que gran parte de la ciudadanía podemos perfectamente defender posiciones o axiomas que son ciertamente perjudiciales para nuestros intereses reales.

El ejemplo paradigmático es votar a partidos que en ningún caso van a materializar sus promesas electorales, y que además, nada tienen que ver sus políticas con la defensa de los intereses de una mayoría de sus votantes.

En este campo de lo que parecen y realmente son las cosas nos encontramos con el ataque incesante que se profiere a determinados estatus profesionales o lo que de manera torticera se denomina privilegios de dichas profesiones.

Entre las mismas podríamos encontrar sectores como el de los estibadores o el de los funcionarios públicos. Estos últimos objeto de furibundas críticas y envidias de todo tipo que tienen un origen intencionado y que poco a poco han calado en el ideario colectivo.

Hoy en día en nuestra sociedad en un gran sector de la población se considera que hay demasiados funcionarios públicos sustentados por el Estado, que además tienen unos derechos laborales privilegiados que no se disfrutan en el sector privado, con unos sueldos por encima de la media y con un desempeño profesional puesto en duda con la figura típica del burócrata desganado.

Y ahí es dónde hay que aclarar al vecino, a la amiga, al compañero, a la del bar, el del gimnasio, a tu familia o a quién sea, que equivocan el planteamiento. ¡Que no deben caer en la trampa! La trampa ideada, por aquellos que tienen intereses económicos, y difundida hasta la saciedad y en muchos casos, interiorizada por muchas personas.

La trampa de que hay muchos funcionarios cuando lo que hay es demasiados enchufados, asesores y otros puestos no sujetos a las garantías de un acceso por mérito y capacidad.

La trampa de que son unos privilegiados cuando lo que disfrutamos es el resultado de muchos años de luchas y logros sindicales a favor de la consecución de nuevos derechos y mejoras salariales.

La trampa de generalizar un ejercicio deficiente de la labor funcionarial cuando tenemos de los mejores funcionarios y mejor preparados a nivel mundial, cada uno en su materia, como demuestra la calidad de nuestra sanidad y otros servicios públicos, como el que afecta a la seguridad pública, y en el que nos entroncamos los policías.

En la Agrupación Reformista de Policías reivindicamos, como no puede ser de otra manera, los logros y mejoras que sean necesarias para el colectivo al que pertenecemos y defendemos. Pero siempre lo hacemos con un ojo puesto en la ciudadanía, entendiendo que, como ahora que estamos reivindicando una equiparación salarial con el agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que más gane siendo el momento crucial al recoger las declaraciones de julio de la Ministra de Trabajo Fátima Báñez en las que decía que era ya la hora de que se subieran los sueldos y las previas promesas electorales del Presidente del Gobierno Mariano Rajoy sobre equiparación salarial policial , nosotros vamos a proceder en nuestro interés pero también requiriendo que dicha presunta mejora tras la crisis, se refleje también en todos los sectores sociales.

Hicimos un gran esfuerzo todos durante la crisis para que ahora, el esfuerzo lo hagan los políticos. Y no sólo nos hagan recuperar la situación laboral y salarial anterior, sino que mejore respecto al punto de partida y de esta manera no ir dando pasos de cangrejo en nuestra situación, y subir peldaños en nuestro bienestar alcanzando parámetros de la Europa más avanzada.

Por eso en ARP queremos que mejoren las condiciones de los y las policías nacionales de este país, pero también que el estatuto profesional del funcionario sea la medida, el faro en el que se fijen las medidas de mejora laboral y salarial del resto de trabajadores. Porque como sigamos cayendo en la trampa de pensar que los funcionarios son unos privilegiados y que ganan demasiado, cada vez iremos perdiendo más derechos y llegará un momento en el que nuestros nietos echarán de menos las condiciones laborales y sueldos que sus abuelos les contaban que disfrutaban. Y serán esclavos insertados en una sociedad en la que trabajar ya no servirá para tener la suficiente autonomía para subsistir decentemente.

 

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