El nacionalismo español está exaltado con todo lo referente al Procés catalán y a las vicisitudes del President Quim Torra en el pasado. En los últimos días hemos leído titulares en los que se le tildaba de «psicópata» y en las horas previas a la investidura hemos escuchado en una emisora de radio cómo Federico Jiménez Losantos ha amenazado directamente con bombardear Barcelona para evitar que se invistiera a Torra como President de la Generalitat. ¿Hasta qué punto de fanatismo estamos llegando? Al punto en el que muchos de los defensores de la patria, que se llaman a sí mismos demócratas, demuestran que sólo creen en un sistema de libertades cuando los gobernantes son los que se adecúan a su ideología retrógrada, protectora y casposa.

Jiménez Losantos y otros muchos han sacado los tanques verbales a la calle exaltando los sentimientos nacionalistas patrioteros y buscando crear más división o generar una tensión que justifique la intervención armada por parte de las fuerzas del orden o del propio Ejército para imponer en Cataluña una situación cercana al Ulster o a los Estados de Excepción del franquismo en Euskadi.

En una democracia el pueblo es quien decide las personas que les gobiernan, con los pactos y los consensos adecuados para lograr mayorías. ¿Qué estaría diciendo Losantos del pacto alcanzado por el ultraderechista Matteo Salvini y el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo para lograr un gobierno en Italia? Seguramente estaría pidiendo el bombardeo de la sede de la Liga Norte. En el caso catalán nos encontramos con que las elecciones las ganó el partido nacionalista español de Albert Rivera, pero sin la mayoría necesaria para poder gobernar en una democracia. El pueblo de Cataluña votó libremente y decidió que la suma de los escaños independentistas sumaba mayoría suficiente para gobernar. Estamos en una democracia y los demócratas asumen los resultados, aunque no les gusten.

La amenaza de Losantos ha sido muy clara: «Ya no nos pueden bombardear. ¿Que no? Otra cosa es que no lo hagamos porque España ya no es lo que debería ser y no hace bombardearte a ti», o refiriéndose a la «cobardía» de Mariano Rajoy porque «no es capaz de demostrar que claro que hay aviones para bombardear» a Cataluña. El presidente tiene ideología conservadora, pero ha demostrado que es un demócrata recibiendo a Pedro Sánchez y a Albert Rivera buscando soluciones para resolver la situación a través del consenso y no haciendo caso a un exaltado defensor del pensamiento único. Sin embargo, el locutor no se ha quedado ahí. Dirigiéndose a Carles Puigdemont ha dicho que «España tiene 70.000 policías, 90.000 guardias civiles y 50.000 soldados perfectamente armados que, por supuesto, pueden tomar Barcelona».

En este país se ha procesado y condenado a personas que han hecho chistes de Carrero Blanco o de Miguel Ángel Blanco, que han representado una representación de títeres o que han criticado a la Corona. Sin embargo, Jiménez Losantos parece tener la misma impunidad que ciertas empresas del norte de España y no se corta a la hora de llamar a tomar las armas. ¿Personas así tienen cabida en una democracia? ¿Gentes que se benefician para mantener sus empresas de las dictaduras privadas y de encubrir presuntamente las miserias de las castas?

No obstante, Jiménez Losantos ya sabemos que es uno de los ídolos mediáticos de la extrema derecha española. En cambio, hay quienes se presentan como demócratas anaranjados pero que lanzan mensajes tan incendiarios sin necesidad de llamar a las armas ya que, en su fanatismo patriotero, pretenden, incluso, que el Gobierno incumpla con la ley para seguir sometiendo al pueblo catalán.

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