Una de las cosas que más llama la atención cuando se viaja a Francia es la seriedad de las televisiones, de los políticos y de los medios de comunicación. En el país vecino están ausentes los “sálvames” y los telemarujeos políticos que aquí son tan habituales. Y tal vez por ello un partido que hubiese intentado sacar rédito de un mapa lingüístico colgado en un aula lingüística en un IES sería sido tildado de friki y ridículo, y un partido que insultase a los profesores (algo que ni Marine Le Pen hubiese hecho) se condenaría a la inhabilitación para siempre. Cosas de su tradición republicana y ciudadana.

En España por el contrario, y más concretamente en la Comunidad Valenciana, algunos partidos piensan que los ciudadanos tenemos memoria de pez, y que con unas cuantas cortinas de humo pueden tapar sus vergüenzas. Minusvaloran e insultan la inteligencia de la gente. Y creo, espero y deseo que estén equivocados. Así, en la Comunidad Valenciana, no olvidamos que el PP valenciano supera los cien, sí, los cien imputados por corrupción, que nueve ex consellers están acusados formalmente por los jueces en diferentes casos, y que las causas por corrupción afectan además a 300 funcionarios, empresarios y familiares afines a ese partido. Los casos Gürtel, Bárcenas, Brugal, Cooperación, Noos, Overmarketing, Terra Mítica, Ivex, etc, etc, han puesto de relieve un sistema generalizado de corrupción, una estructura diseñada para expoliar las arcas públicas bajo el paraguas del PP, que consiguió que Sicilia fuese considerada un ejemplo de rectitud nórdica y los Corleone unos párvulos al lado de lo que sucedía aquí. No olvidamos.

Y tampoco olvidamos, que después de 20 años de gobierno, el PP valenciano desmanteló totalmente el tejido productivo valenciano, que su apuesta por el ladrillo y el pelotazo ha hipotecado el futuro de varias generaciones de valencianos, y ha dejado unas cifras pavorosas de pobreza, paro y subempleo. Así mismo, tampoco olvidamos que no hicieron nada para remediar la infrafinanciación endémica que padecemos los ciudadanos de esta Comunidad, que ni siquiera se unieron a la manifestación unitaria para protestar por la misma, y que han dejado unos indicadores en la que los valencianos aparecemos sistemáticamente a la cola en gasto educativo por habitante, en gasto sanitario o de servicios sociales.

Por todo ello auguro escaso recorrido a las cortinas de humo, y a las campañas de difamación a las que son tan aficionados en el PP valenciano. Y es que a pesar de su nostalgia de aquel grito atroz de “muera la inteligencia”, los valencianos somos bastante más sensatos y centrados de lo que piensa el PP. Por eso ni hay ni habrá olvido. Y ni hay ni habrá perdón.

 

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