En Navidad el simbolismo religioso, en nuestro país, se difunde por doquier. En los hogares, en los comercios y en los ayuntamientos y en las plazas suelen ponerse nacimientos católicos. Algunos-los menos-de los ayuntamientos en los que rigen los partidos “del cambio”, se están negando a financiar o a instalar los nacimientos en los edificios públicos, otros, como el Ayuntamiento de Barcelona o el de Madrid, no se han resistido lo suficiente y acaban poniendo estos nacimientos, es decir, esta simbología católica, en instalaciones públicas, aunque intentan darle un aspecto más vanguardista, como ha hecho el ayuntamiento de Barcelona o el de Madrid con la cabalgata de Reyes del 2015.

España es un Estado confesional católico pese a que la Constitución diga que es un Estado aconfesional; porque si de verdad fuera un Estado aconfesional ¿porque los ayuntamientos financian e instalan nacimientos, organizan cabalgatas de reyes magos y todo una ristra de simbología católica en las navidades? Si España fuera un Estado aconfesional ninguna instalación pública debería tener este tipo de simbología religiosa. Pero en los halles de los principales ayuntamientos se instalan nacimientos y también en cuarteles de la policía, ministerios, servicios sociales etc.

Si España fuera un Estado aconfesional ninguna instalación pública debería tener este tipo de simbología religiosa

Existe una grave confusión entre el Estado y la Nación. La nación puede ser católica -en España en parte lo es- pero el Estado, si es un Estado moderno, debe ser laico. Esa es la diferencia esencial. El Estado es la construcción común, la Res publica, y en ese sentido debe ser universal y no identificarse con las religiones o creencias de sus ciudadanos. No debe reconocer a ninguna religión. La religión se reserva al espacio privado y no inunda el espacio público. Los crucifijos en las tomas de posesión de los ministros o alcaldes, los funerales católicos de Estado, los regidores municipales en las ofrendas a vírgenes y santos diversos o en las procesiones de semana santa todo esto no son más que ejemplos de que la simbología católica sigue inundado el espacio público. La diferencia entre lo público y lo privado es esencial. Las iglesias pueden, estaría bueno, hacer procesiones o lo que quieran en la calle pero lo que no pueden es hacerlo es en el espacio público, es decir en el espacio Estatal o de Res Publica. Una misa en un parque es un acto privado colectivo católico y eso es perfectamente normal pero una misa en el ayuntamiento es un acto público religioso que trasgrede la no confesionalidad del Estado. Desgraciadamente muchos de los nuevos regidores del cambio no entienden esto: siguen confundiendo el espacio público y el espacio privado. Un nacimiento en un comercio del Corte Ingles es un acto privado católico pero el nacimiento en el Ayuntamiento es una acto público católico.

Algunos quieren abrazarse a la cultura y la tradición para que la simbología católica siga invadiendo el espacio público. Pero la cultura es nacional no estatal. La sociedad, el pueblo puede tener tradiciones x o y pero el Estado solo puede ostentar una simbología universal, civilizatoria y no basada en las creencias particulares. La Republica es Marianne: libertad, igualdad y fraternidad y no Jesús, la Virgen y el Niño.

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