Los resultados de los comicios vascos y gallegos no han sorprendido a nadie. Han sido, voto arriba, voto abajo, los esperados. Una muestra clara que evidencia las distintas realidades de una España plural en la que quien no sepa leer lo que en política significan los territorios, estará perdido.

Mientras el Partido Popular arrasa en Galicia, apenas obtiene representación en Euskadi. A pesar de que la vicepresidenta en funciones considere un éxito por igual los resultados de ambas elecciones, es evidente que no hay lugar a la comparación. Es cierto que, con brocha gorda se podría pintar un mismo cuadro para los socialistas: batacazo en ambos territorios, sorpasso de Podemos y sus aliados y desaparición de Ciudadanos.

Sin embargo, la victoria de los nacionalistas vascos debería hacer comprender a quien quiera entender, que hay voces cada vez más fuertes que deben ser escuchadas y tenidas en cuenta muy en serio en nuestro país. Basta con mirar al gobierno catalán y al que casi con certeza saldrá en Euskadi para sopesar si tiene sentido seguir mirando hacia otro lado -como hacen los partidos principales- cuando de hablar de independentismo se trata.

Los votos en las urnas reflejan el sentir de una mayoría de la población. Es democracia. Prestar atención a lo que sucede es obligación y justicia de nuestros gobernantes. Cerrarse en banda, tal y como están haciendo las fuerzas principales llamadas a formar Gobierno es insensato, antidemocrático e injusto.

No es nuevo el pacto con independentistas y nacionalistas para poner a funcionar el Gobierno de España. Incluso antes, cuando aún mataba ETA, considerando la lucha armada como una opción “política”, se ponían menos obstáculos que ahora para dialogar con las fuerzas nacionalistas. Sería lamentable pensar que en tiempos de paz resulta más complicado el diálogo que en tiempos de absoluta barbarie. Lamentable pero basta echar un vistazo al bloqueo para dejar caer esta idea.

Sin embargo, los únicos que podrían establecer vías de diálogo, los socialistas, han cerrado con mil candados todas las puertas que pudieran suponer un acercamiento. Manera curiosa de ponerse obstáculos a uno mismo, puesto que de este modo se hace aritméticamente imposible obtener un gobierno progresista que saque a la derecha de una vez de Moncloa. Podría pensarse que el odio del PSOE al diálogo y al planteamiento de opciones como el federalismo es mayor que el que tiene al Partido Popular y a sus brutales politicas.

Se le acaba el oxígeno a Sánchez, pues los de su trinchera han obtenido los peores resultados en ambas regiones. Por mucho que Pedro resista con su “No es No”, lo cierto es que, salvo milagro mediante, debería ir preparando un buen paraguas ante los nubarrones que se están instalando sobre su cabeza. Estos resultados, más que previsibles, son la muestra clara de la descomposición del Partido Socialista, del que ya hay muchos que reniegan sin demasiados remilgos.

Sin embargo, a pesar de que todos los focos se centren en el derrumbe socialista, es necesario prestar atención a los votos obtenidos por Podemos y sus compañeros de viaje. Espinar comentaba que la formación morada pierde apoyos allá donde Iglesias no se presenta. Obviando la evidente falta de respeto a todos los integrantes de su formación, así como un triste culto al líder en un proyecto que venía a demostrar que se podía hacer algo diferente, es preciso analizar lo que ha supuesto su presencia en estas elecciones. Sin duda, adelantar al PSOE tanto en Galicia como en Euskadi es un objetivo ansiado y conseguido. No obstante, teniendo en cuenta los pésimos resultados socialistas, y recordando que la meta estaba en asaltar los cielos, puede decirse que tampoco ha sido un éxito.

En territorios como Castilla-La Mancha Aragón o Extremadura, curiosamente, allí donde el Partido Socialista gobierna con el apoyo de Podemos es donde sus presidentes, Barones socialistas (Page, Lambán y Fernández Vara), se han manifestado estos días dando a entender que Sánchez debería dejar paso al PP. Por lo tanto, no habría que dejar de analizar la desconfianza que genera Podemos, que en cualquier momento podría dinamitar estos bastiones socialistas. ¿Cómo es posible que los que gobiernan gracias a Podemos le digan a su SG que se abstenga para que gobierne el PP? Ellos desde luego no lo hicieron. ¿Por qué se lo exigen ahora a Sánchez? Una duda desde luego más que inquietante.

Lo que queda claro es que la llegada de La formación morada ha venido a ofrecer una opción a quienes estaban ya hastiados de la pseudoizquierda, que sumada a la debacle de los del puño y la rosa nos da como resultado una izquierda fracturada y a la hora de la verdad inexistente para poner en marcha las reformas necesarias en nuestro país.

Se ha dado ya el pistoletazo para ver si la izquierda es capaz de unirse, de refundarse, de agruparse en esta batalla final (como decía la Internacional), o si por el contrario, morirán a garrotazos dejando campar a la derecha a sus anchas.

Por el momento, mucho ruido y poca izquierda.

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