Hace unos días se supo que una mujer había fallecido en su domicilio, abrasada, por culpa de una vela que iluminaba su vejez sin recursos. Más que triste. Trágico. Nadie es responsable. Todos se lanzan la pelota. Habían seguido todos los malditos protocolos, burocracia sobre burocracia.

Los expertos en la materia llevan tiempo advirtiendo de la burla y el exceso de las compañías eléctricas que siguen acumulando miles de millones de beneficios – 5.010 millones de euros en 2015 y subiendo-. Denuncian que los márgenes de estas compañías llegan a duplicar los de las eléctricas europeas. Que la parte de cuota fija que se paga en cada recibo ha subido alrededor de un 40%. Y que en los últimos diez años el coste mensual ha subido, más o menos, un 80%. Son cifras que marean y datos que se nos escapan a los ciudadanos corrientes como usted y yo, querido lector.

Lo que sí tenemos todos claro es que pagamos más. Y mucho. Que no entendemos nada del recibo, aunque somos conscientes de que pagamos demasiado. Pero no podemos vivir sin electricidad. Somos dependientes totales. En este mundo que nos toca vivir, sin electricidad no somos nada.

Las compañías siguen cortando el suministro por falta de pago. Se dice estos días que en Cataluña tienen que notificar a los organismos públicos sobre la vulnerabilidad del usuario, o sea, enterarse de si es pobre o no paga porque pasa de pagar. Los organismos públicos deberían notificar antes esa condición, o sea, la pobreza, dicen las eléctricas. Y ahí se forma una bola sobre quién debe dar el primer paso. Un primer paso para controlar que no funciona.

Si bien se mira, que se pueda cortar un suministro de un bien fundamental por una compañía que obtiene estos beneficios es de una inmoralidad terrible. No se puede permitir: hay que modificar la norma de una vez y dejarse de soluciones territoriales parciales e insuficientes, que el Constitucional tumba; hay que dejarse de protocolos y parches de las administraciones interpuestas, o de las comarcas y demás pamplinas. Cambiar la ley: que no pueda directamente la compañía tomar esta decisión. Que reclame la deuda como se reclama cualquier otra. No puede un propietario de una vivienda que no cobra la renta cambiar la cerradura para recuperar la posesión. Pues lo mismo. Esta prebenda de las eléctricas no tiene sentido en absoluto, menos en esta coyuntura.

Se me dirá que son cosas diferentes: no tanto. El propietario individual de una vivienda al que no le pagan no obtiene ni mucho menos los beneficios que obtienen estas compañías. Y éstas tienen más medios para reclamar. También para soportar algunas pérdidas, en su caso. Es posible que esto tenga su dificultad, no lo niego, pero esta situación es injusta y habrá que discurrir algo para cambiarla. En Reino Unido y Francia han dado pasos ya. Aquí se oyen demasiadas voces aún en favor de las eléctricas: hay que rendirse a ellas, ponerles alfombras, echarles flores para que no vayan a instalarse en otros suelos más complacientes todavía, dicen.

Hace no mucho leí algo sobre las técnicas de relajación recomendadas a los occidentales estresados. Una consiste en rodearse de velitas o encender un fuego en la chimenea para que la mente descanse de las labores cotidianas. Se me ponen los pelos de punta al pensar que lo que algunos hacen por puro placer otros tienen que hacerlo por necesidad. Esta pobre anciana, sola en su casa, ha muerto de la muerte más terrible: de miseria. Y hay demasiada miseria a nuestro alrededor para que se siga consintiendo y se siga mirando para otro lado.

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Soy Doctora en Derecho, Abogada en ejercicio y profesora de Derecho Constitucional en la UNED de Barbastro. Hace poco leí unos pensamientos hermosos sobre la necesidad de escribir, que me impresionaron, acaso, porque me veía reflejada en ellos. Escribir ha sido para mí algo necesario, desde siempre, algo que he hecho siempre aunque me dedicara a otro oficio o tuviera otras ocupaciones. Mejor o peor, con más dedicación o menos, en los mejores momentos de mi vida y en los peores, siempre he escrito. Creo en el valor de la palabra escrita, en su fuerza y en su belleza, hasta el punto de que me altero cuando alguien la maltrata o la utiliza sin tino o sin delicadeza. Y la palabra es, también, un arma valiosa y dura, como dijo el poeta, por eso y porque no puedo olvidar que soy, como todos, un animal político, necesito también usarla para bramar contra el orden establecido que nos aplasta y nos oprime de muchos modos y contra el que nada más tenemos los ciudadanos corrientes. De lo que he escrito, algo ha sido publicado. En poesía: en la colección Voces Nuevas, VIII selección de poetisas, Editorial Torremozas, Madrid 1991; en la obra “Trayecto Contiguo (última poesía)”, Editorial Betania, colección Antologías 1993; inédito “Donde crecen las amapolas”. Y tengo pendientes de publicar, ya en prensa, una colección de cuentos para niños titulada “Cuentos para soñar” He sido y soy colaboradora en prensa: artículos de opinión y sección de Crítica Literaria en “Franja Digital” y colaboradora habitual de la sección “Al levantar la vista” y Extraordinarios del Semanario “El Cruzado Aragonés”. Y ya, por mi profesión, he publicado en Ensayo: “Reflexiones en torno a la previsión Constitucional de los Estados Excepcionales” en la Revista “Annales” de la UNED, Barbastro, tomo V 1988; mi tesis doctoral:“ La tutela del Rey menor en la Constitución de 1978” en la colección Aula Abierta, UNED Ediciones, Madrid 2000; “La cuestión de la incompatibilidad del tutor del Rey menor con cualquier otro ´cargo o representación política´ “ en Anuario de la UNED, Barbastro 1995-2000; “ La ruptura de la pareja de hecho: aspectos procesales”, en Actas de los Vigésimos encuentros del Foro de Derecho Aragonés 2012, Edición el Justicia de Aragón, Zaragoza 2012; en prensa “Secreto de las comunicaciones y correo electrónico”.

1 Comentario

  1. Es indignante, que los corruptos y de fraudadores de este país, quieran ser inimputables.
    Quieren restablecer los privilegios de los señores feudales,derecho de las condiciones sobre la vida sobre los súbditos y sobre la miseria de los siervos de la gleba, es decir volver al medievo.
    Los privilegiados de este país , España están miserabilizando a la población,5,8 millones de personas cobran elsmi, y 3,2 millones menos de 300 euros al mes, si añades los 5 millones de pensionistas que cobran menos del smi, y 4 millones de trabajadores que están en paro y 1,5 millones de trajadores en economía sumergida, tenemos la miserabilizacion de la sociedad.
    Si añadimos el aumento de suicidios que en España,han subido a 3.000 personas por año.
    Tenemos la España medieval,con miseria y derecho sobre la vida de los ciudadanos transformados en súbditos.

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