“La presencia de Estados Unidos en bases españolas es fundamental”. Con estas palabras Pedro Morenés se ha ganado su puesto de nuevo embajador en la capital del Imperio, Washington. Mariano Rajoy ha decidido dar al aznarismo y las fuerzas del mal un nuevo regalo con este nombramiento. Una persona que no tiene vinculación alguna con el mundo diplomático, lo que puede ser bueno, pero sí mantiene fluidas relaciones con el mundo de la guerra. No en vano ha sido consejero de numerosas empresas armamentísticas y ministro de Defensa (y por tanto muy relacionado con la OTAN). Lo que es bueno para el PP no lo tiene que ser para España.

Morenés no ha demostrado ninguna capacidad política que le haga merecedor de tan insigne reconocimiento, salvo que es amigo personal del ayatolá contraterrorista Jaime Mayor Oreja y del oscuro mundo FAES. El “hombre de la Guerra” como emisario español en la tierra donde las armas son un derecho constitucional siempre genera, cuando menos, suspicacias. Esta misma semana se declaraba en Estados Unidos una ley que permite a los veteranos de guerra declarados incompetentes mentales llevar armas como informó Diario 16. Así que el vendedor de bombas de racimo, declaradas ilegales e ilegítimas por la ONU, Morenés va a caer en buen sitio.

Si José María Aznar es el niño bonito, para la administración Trump, respecto a lo político y moral, Morenés puede convertirse en el adalid de la guerra total contra el infiel y el peligro rojo. Hemos venido contando en Diario 16 las andanzas del ex-presidente del Gobierno español y sus vínculos con los diferentes lobbies ultraconservadores de Estados Unidos. Morenés supone el complemento ideal, tanto por ideología como por experiencia política y profesional, del movimiento de las fuerzas del mal conservadoras. Esas mismas que en virtud de defender la democracia están acabando con las libertades colectivas e individuales de los ciudadanos occidentales.

Pedro Morenés va a estar en su salsa en Washington. Si hay una ciudad donde los lobbies de todo tipo campan a sus anchas es esa. Todos los lobistas armamentísticos, algunos ya le conocen, le “agradecerán” su presencia y le intentarán camelar para que España compre sus productos de última generación. Hay que recordar que Morenés ha sido alto directivo de la empresa española Instalaza (fabricante de bombas de racimo y lanzagranadas), del Grupo Segur y de MBDA firma de misiles de la que fue presidente ejecutivo en España.

De hecho durante su etapa en el ministerio de Defensa, Jon Iñarritu, diputado de Amaiur, le puso la cara colorada al demostrarle que había firmado 32 contratos con empresas a las que había pertenecido. Algunos de ellos de 3 millones de euros y ejecutados por la mejor vía que conocen en el PP, el dedazo. A eso habría que sumar los 4 millones de euros consignados a Instalaza por el lanzagranadas Alcotán. Como se comprueba la vergüenza política no está entre las virtudes del nuevo embajador. La empresa en la que fue directivo hasta que fue nombrado ministro de Defensa, Grupo Segur (en la cual trabajó también el dirigente de Ciudadanos Miguel Ángel Gutiérrez) es la única en España autorizada a portar armas de guerra. Ello se debe a que prestan defensa en los atuneros del Índico contra los piratas, pero el contrato tiene unas cláusulas livianas.

Otro de los grandes logros de Morenés durante su mandato como ministro de Defensa ha sido la colocación de cuatro destructores de la US Army en la base de Rota para establecer el escudo antimisiles de la OTAN. Lo que significa que dependemos de los Estados Unidos, los de Trump sí, para nuestra seguridad exterior. Por tanto, el nombramiento es lógico desde una mentalidad conservadora y con una concepción del mundo de pueblos elegidos y malos malísimos. Con Donald Trump hará buenas migas y podrán salir a pegar tiros a algún cocodrilos de los que abundan en los manglares de Florida (lugar de residencia del presidente Trump los fines de semana). Y se sentirá como en casa junto a los lobbies armamentísticos. No es un hombre de paz lo que manda el presidente Rajoy, sino de guerra.

Malos tiempos para la lírica cantaban Golpes Bajos, con el inconfundible Germán Coppini. Tras este nombramiento lo que se viene son malos tiempos para el pacifismo en España. Se deja atrás la deliberación en favor de un actor más guerrero. Hay que tener en cuenta que para el nombramiento se ha de tener el consentimiento de la administración gobernante. Y si a Federico Trillo no lo quiso ni en pintura la administración Obama (por eso lo mandaron a Londres), Morenés ha contado con el visto bueno de la administración Trump. Esto supone que ven en su persona a uno de los suyos. No, de los nuestros no es. No hay nada mejor que en el país de los pistoleros poner de embajador a un vendedor de armas.

¡Dan miedo en demasiadas ocasiones!

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