Tenía enorme curiosidad, me había hablado muy positivamente de los pequeños vehículos eléctricos Lorenzo El Joven, y mi mujer me dijo que se había apuntado.

Y ahí me encontré con el primer obstáculo, que no era tan fácil inscribirse y empezar a usarlo. Si la dirección del DNI y la residencia actual no coinciden: empiezas a tenerlo complicado; hay que ir a una oficina concreta y para quien trabaja, tiene familia y está siempre ocupado, determinados desplazamientos están más o menos vedados.

DEBERÍA VALER CON PRESENTAR EL CARNET DE IDENTIDAD y UNA TARJETA DE CRÉDITO, escaneados con el móvil y listo. Lo de la validación en una autoescuela Gala, yo tuve problemas y explicar que era periodista para que los pies bailasen su tango, es una chorrada y supongo que hará se pierdan bastantes posibles usuarios.

La primera vez que se utiliza el coche, lo normal debería ser cinco o diez minutos de cortesía, para que te hagas con los botoncitos: ¿dónde está el maldito botón de la radio?

Y lo que está fatal –FATAL– es lo que llaman VERIFICACIÓN DE DAÑOS. Es absurdo por completo y a mí me cabrea mazo.

Estamos en Madrid, todos los Car2Go tienen rayones y golpes en la chapa, y no es posible saber si los rayones y golpes han sido originados por la impericia o descuido del usuario del Car2Go o si se han producido cuando el vehículo estaba aparcado.

Es absurdo e inmoral que al usuario le puedan imputar los gastos de reparaciones de chapa.

Me parece bien lo de la batería, no poder dejar el vehículo con menos de un diez por ciento.

Me vuelve a parecer mal tener que revisar el coche por dentro por si huele bien o mal, o hay un asiento rajado. ¡No es mi problema! Yo soy un usuario responsable, como la mayoría, como casi todo el mundo. Los coches están asegurados, subvencionados y además sirven de publicidad a Mercedes-Daimler.

El coche, me enteré previamente, es automático: son los únicos que puedo conducir en la actualidad debido a problemas personales en las manos. ¡Bien!

Y dicho todo lo anterior, afirmo que una vez se está dentro del coche y conduciéndolo, es una experiencia deliciosa, y mientras no intenten colocarnos alguna sanción económica -aquí lo contaríamos- de la que no somos responsables, sólo puedo y debo decir que, hasta el momento, estoy encantado; absolutamente encantado.

Probaré, sin embargo, los vehículos de la competencia: Zity (más caro) y Emov (también pelín más caro): todas las compañías han subido los precios en el último mes. Probaremos, repito, e iremos comparando.

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