La asunción de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México representa la posibilidad de pasar de la oligarquía al gobierno democrático, es el asomo de un país de Leyes e instituciones que espera levantarse sobre las fosas y ruinas de la corrupción.

La reivindicación del poder político al Estado promete someter a los grandes intereses que han logrado una descomunal concentración de riqueza a base de concesiones, evasiones y sobornos.

Acabar con el dominio político de la oligarquía hará parecer al gobierno como la oposición, el control de los medios de comunicación insistirá en qué Hugo Chávez ha revivido en el cuerpo de López Obrador y que acabará con la democracia.

El presidente López Obrador combate la subversión oligárquica con la opinión del pueblo, le apuesta a la participación permanente de la gente mediante consultas que hace que los barones del dinero monten en cólera.

Ante la evidente tentación golpista la respuesta del presidente es preservar el apoyo militar dado que en los 12 años de guerra contra el narcotráfico el ejército tomó una influencia inédita en la política mexicana y en lugar de ordenar su regreso a los cuarteles propone transformarlo en una Guardia Nacional inspirada en el pueblo armado de la comuna de París.

Además de quitar el ejército de la conspiración golpista el presidente propone hacer con algunos miembros de la oligarquía que prometen asumir al nuevo gobierno un consejo consultivo empresarial que al anunciar sus nombres más bien es de imaginarse el cartel de la evasión.

Otra maniobra para desactivar la tentación golpista es anunciar la política de punto final para reafirmar que el presidente rechaza ordenar prisión a los corruptos como definición política y está dispuesto a dejar en manos de las instituciones de justicia los casos de corrupción y dejar correr las denuncias de las víctimas.

Estos anuncios que pueden parecer objeto de crítica legítima en realidad son congruentes con el cambio pacífico por el que el pueblo votó, es real que los defensores de derechos humanos no deseamos más ejército en la calle, como también es cierto que el pueblo antes que pedir la opinión de los barones del dinero en realidad desea que paguen los impuestos que deben, así como ver en la cárcel a los expresidentes que se enriquecieron a manos llenas.

Sin embargo, la gente sabe que los intereses deben irse doblegando con cautela, que por más buena que sea la voluntad del presidente este se enfrenta a enormes intereses que deseosos de experimentar el golpe con tal de salvar sus negocios hechos al calor de la corrupción.

Es de esperarse las publicaciones y emisiones que dirán que López Obrador no cumplió que amaneció ya con su gobierno en funciones y el país sigue igual que nada ha cambiado y que la gente que votó se desilusiono ante el engaño.

Hay confianza pese a la campaña de odio contra Obrador y su gobierno, la esperanza será defendida a base de participación, el pueblo acompañando las iniciativas de su gobierno dejará de ser víctima de la manipulación de la prensa al servicio de la oligarquía.

No hay duda alguna, los que se dicen amenazados quieren derrocar a López Obrador y sus periódicos y la televisión lo tratarán como se ha tratado históricamente a la oposición: con intimidación, insidia y mentira.

Así que la gente debe prepararse para la batalla que viene e informarse sobre el papel del ejército, sobre la justicia y los empresarios. En fin, de todo aquello que la gente no tenía por qué saber simplemente porque su opinión era menos que cero, sencillamente se trata de hacer democracia.

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