La semana pasada el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela abatió al ex policía Óscar Pérez, junto a otros opositores, quien el pasado 27 de junio, secuestró un helicóptero, voló a la sede del Ministerio del Interior y disparó sobre sus techos además de lanzar 4 granadas al Tribunal Supremo de Justicia.

Tras esta presentación en sociedad, el inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), pasó a la clandestinidad y era intensamente buscado por todas las fuerzas de seguridad del régimen, que lo tildaban de terrorista y fascista.

Desde un inicio, el accionar de Pérez parecía más un paso de comedia que el emergente de una protesta contra el gobierno de Maduro, quien acusó al ex policía de tener vínculos con la CIA, porque para el gobierno de Venezuela todo aquel que se opone al madurismo es un agente de la CIA.

Durante más de 6 meses fue buscado por todos los rincones del país y reapareció el pasado diciembre cuando ocupó una unidad de la Guardia Nacional para obtener armas.

Tras esto, el Presidente Maduro declaró públicamente que ‘Donde se aparezcan, le he ordenado a la Fuerza Armada ¡plomo con los grupos terroristas! ¡Plomo con ellos, compadre!’, ¿qué le podía esperar entonces a este grupo de alzados contra la ley, delincuentes en términos estrictos, pero muy lejanos del mote de terroristas que les asignaba el primer mandatario? Más aún cuando el presidente pidió a los militares ‘tolerancia cero con los grupos terroristas que amenazan con armas la paz de la República’.

Más allá de la opinión que ideológicamente uno tenga del accionar de Pérez y sus compañeros de armas alzados, es claro que no son terroristas, puesto que no buscaban instalar el terror en Venezuela sino el reemplazo del régimen de gobierno. Si se consideran terroristas las acciones de Pérez, hay que tomar similar actitud frente a lo realizado por Hugo Chávez en 1992, pero en ninguno de los dos casos es así.

Se estableció entonces el juego del gato y el ratón, en donde para Maduro era una cuestión de vida o muerte el aplastamiento de los disidentes. Y aunque cercado Pérez recurrió a las redes sociales para intentar evitar lo inevitable y apeló a las redes sociales para denunciar que ‘no quieren que nos entreguemos, literalmente nos quieren asesinar, nos lo acaban de decir’, ya era tarde para intentar una negociación que el gobierno venezolano nunca estuvo dispuesto a establecer.

Las tropas que hallaron y cercaron a Pérez cumplieron con el pedido presidencial y así lo reconoció el propio gobierno en un frío comunicado en el que afirma que ‘Ante una agresión que pone en riesgo la vida de los funcionarios, se procedió al protocolo para neutralizar al grupo agresor, con el saldo de siete terroristas fallecidos’, que son meros eufemismos para reconocer públicamente que se masacró a Pérez y sus seguidores.

Pero lamentablemente el accionar al margen de la ley del gobierno venezolano no acabó allí sino que durante largos días retuvieron en la morgue el cuerpo de Pérez y algunos de sus compañeros de armas, y recién autorizaron su entierro el día sábado, en el caso de Pérez sólo acompañado de una tía y una prima del muerto, puesto que por razones de seguridad su madre, su esposa y sus hijos están viviendo en el extranjero.

Adicionalmente se conocieron las actas de defunción de los sublevados, quienes en su mayoría murieron por un tiro en la cabeza a corta distancia, por lo que cada vez queda más expuesta la versión oficial de ‘muertos en un enfrentamiento’ y comienza a tomar más cuerpo la sospecha de una ejecución extrajudicial, incluso se difundieron audios que probarían que Óscar Pérez fue detenido vivo.

Tras los hechos de El Junquito la protesta ciudadana, fundamentalmente juvenil y estudiantil, se recrudeció, y el régimen estableció una mesa de diálogo con la oposición en República Dominicana.

La cuestión pasa entonces por conocer qué propuesta va a acercar el gobierno venezolano a la mesa de discusión, si retoma la senda chavista del socialismo del siglo XXI, que según el Comandante Chávez se resume en ‘el compromiso de dirigir la Revolución Bolivariana hacia el socialismo y contribuir a la senda del socialismo, un socialismo del siglo XXI que se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad’, o si por el contrario se refuerza la vía Maduro de mano dura.

La situación es compleja y este martes comenzaron a dilucidarse algunos atisbos de solución cuando la Asamblea Nacional Constituyente, compuesta solo por oficialistas, aprobó un decreto convocando a elecciones presidenciales para el mes de mayo de este año. Este anhelo, reclamado largamente por la oposición, posibilitará que la ciudadanía elija y decida sobre su futuro, a decir de la presidenta de la ANC, Delcy Rodríguez, el país tendrá que decidir ‘Si seguiremos siendo una patria libre e independiente o, cosa que jamás pasará, se pretenda volver al modelo de esclavitud política, ideológica, económica, social’.

Quizás sea este el mayor triunfo de Óscar Pérez.

 

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