Más grande fue la derrota del Atlético que la victoria del Madrid

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Antes de comenzar el partido había algo extraño en la mirada de Simeone, los ojos deslustrados, sin brillo, como si intuyese lo que iba a suceder, lo que terrible y grandiosamente iba a pasar en Milán.

Estaba cantado. El Atleti iba a ganar. Tenía que ganar. Había derrotado a los más poderosos e invencibles. Jamás había sucedido que un equipo llegase a la final tres veces y no se llevase la gran copa.

Hasta los jugadores del Madrid, los seguidores del Madrid, lo aceptaban y daban por hecho: El Atleti iba a ganar.

Al terminar el espantoso partido, el espanto viaje oh capitán mi capitán, sonaron en las televisiones, en las radios, en el piar de tuiter, en la prensa diaria, en cada barra de bar, las frases vacías, los comentarios que no llevan a ningún lugar.

“Sólo se recuerda a los campeones, del segundo nadie se acuerda jamás”. Mentira. Nadie recordará la pobre y apenas buscada victoria del Madrid. Lo que se recordará será la derrota imposible, la que no podía pasar, del Atlético. Las lágrimas en los ojos de los jugadores. La mueca incrédula de sus seguidores. Los ojos de quienes habían estado mirando jugar a su equipo: esa afición conmovedora y sin par. Los ojos de esa afición que ahora reproducían la mirada deslustrada, sin brillo, de Simeone al principio del partido.

La propia luz es la que más deslumbra y ciega. Y así jugó el Atlético, deslumbrado y ciego, porque hasta el oráculo más agorero decía lo mismo: es imposible no ganar.

Pero el Atleti es el gran experto, el mayor especialista, en lograr lo imposible. Derrotar al Barça. Jugar en el Bernabeu y arrasar. Estaban ciegos. Ciegos por el canto de las sirenas. Por la luz que desbordaba sus corazones desgarrados tras tanto y tanto sufrimiento, a los que por fin se iba a compensar.

Volvió a lograr lo imposible. El Atlético. Una vez más. Perder, cuando lo fácil, lo único posible, era simplemente ganar.

Cuando se pretende la derrota conseguirla es el mayor triunfo. ¿Qué sería del Atleti sin sus inconmensurables derrotas? Sólo un equipo más. Y el Atlético de Madrid no es ni será en ningún momento un equipo más.

Su leyenda, su gran leyenda de irredimible equipo perdedor, el que más sufre y el que más lucha, se consolidó para siempre en el partido de Milán.

La maravillosa afición le querrá no sólo como siempre, sino incluso aún más.

Estaban ciegos, deslumbrados por su propia luz. Simeone y sus jugadores. Ciegos jugaron, y ciegos perdieron. Pero yo les aplaudo. Se olvidará la copa once del Madrid. Y se recordará únicamente lo que le sucedió al Atlético. Porque el mundo es injusto, y a quien nace para martillo del cielo le caen los clavos. Los penaltis. Esos penaltis como clavos. Y el once rojiblanco nació para martillo. Consiguió, consiguió sí, no ganar.

No hay equipo en el mundo, ni lo habrá, al que yo admire más.

Forza Atleti.

Tigre tigre.

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2 Comentarios

  1. Gran gesta de la afición mas grande. Siempre dije que el día que vea al Atlético de Madrid campeón de Europa me podia morir a gusto por que ya lo habría visto todo en esta vida, tengo un año mas …. FORZA ATLETI!

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