El Informe Mundial sobre la Desnutrición reconoce el poder de la nutrición como catalizador del resto de Ayuda Oficial al Desarrollo (ODS) y motor de desarrollo: una inversión de un euro en nutrición genera un retorno de 16 euros, pero a día de hoy la nutrición representa menos del 1% de las ODS y sólo se han cumplido el 36% de las promesas financieras realizadas en la primera cumbre de Londres Nutrition for growth (2.013).

Aunque el hambre ha aumentado en 38 millones de personas respecto a 2015 debido a los conflictos y al cambio climático, este aumento no se ha visto reflejado todavía en su consecuencia más extrema: la desnutrición. Esta sigue reduciéndose, aunque no al ritmo necesario para alcanzar la meta de erradicación marcada para 2030. Amador Gómez, Director Técnico de la ONG Acción Contra el Hambre lo ha dejado muy claro al afirmar que el «fin de la desnutrición no dependerá solo del fin de la inseguridad alimentaria y que hay otros muchos factores que están influyendo en la reducción la desnutrición, como un mejor acceso a agua y saneamiento o los cambios en los hábitos alimenticios como la extensión de la lactancia materna. A su vez, el informe subraya claramente que el logro de gran parte de las metas marcadas en los 17 ODS dependerán de una buena nutrición para poder llevarse a término. El informe insiste una vez más sobre los estrechos vínculos entre nutrición y desarrollo económico y subraya también que la reducción de todas las formas de nutrición será un pilar para el cumplimiento del resto de ODS pero nos recuerda que solo un reducido número de donantes está dando el suficiente reconocimiento a esta realidad: cuatro donantes financian el 96% de las intervenciones sensibles a la nutrición».

Este informe muestra cómo pese a que la nutrición reporta estabilidad, desarrollo económico, inclusión y paz, esta sigue estando sub-financiada por la comunidad internacional: se estima que se necesitan 2.500 millones de dólares anuales para cumplir las metas marcadas por la comunidad internacional pero solo se están aportando 867 millones de dólares cada año para este fin. La tendencia es especialmente preocupante ya que los niveles actuales de financiación son inferiores a los de 2013 y se recomienda el uso de mecanismos innovadores para financiar la nutrición, vinculando al sector privado, así como la mejora de los mecanismos de rendición de cuentas de la financiación de la nutrición.

El informe también deja patente cómo la proliferación y sobre todo el enquistamiento de conflictos en cerca de 50 países ralentiza los avances hacia el fin de la desnutrición: los países sin conflictos logran reducir un 1,1% anualmente sus niveles de desnutrición, pero esta reducción es solo del 0,26% den países en guerra.

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