Lo veo y no me lo creo, tengo casi que pellizcarme para asegurarme de que estoy despierto y no en un sueño extraño. Hay más de un millar de personas haciendo cola para comprar lotería en la célebre administración de la calle Preciados doña manolita. Y eso que ni siquiera es el local original.

La cola se interrumpe durante unos metros, controlada por vigilantes, para que se vean Calzados Díez o una joyería o una tienda de ropa. Pero inmediatamente vuelve a seguir y seguir.

La cola gira en la calle de la salud y en ese momento ya hemos contado más de 400 personas.

Hay coches de policía apostados en el cruce de la calle para que no haya demasiados descontroles.

Subimos por la calle de la Salud dejando a la derecha la Iglesia y pasando delante del hotel Liabeny.

La cola sigue hasta la siguiente esquina, con la calle de la Abadía. E increíblemente en la calle de la Abadía también hay gente en fila y esperando para poder doblar la esquina. En total más de mil personas.

Pero no solo es la cola, alrededor de la misma se mueve en vendedores ambulantes con tableros llenos de Lotería  colgados del cuello ofreciendo decimos, y asegurando que son originales de Doña Manolita.

Preguntamos y hay gente que lleva en la cola más de dos horas, a pesar de que no hace precisamente calor.

Qué extrañas son las personas. ¿Piensan que va a tocarle a todos ellos?  No es raro que la administración de Doña Manolita reparta tantos premios de Navidad cada año, porque proporcionalmente vende mucho más que ninguna. Un espectáculo inverosímil y esperpentico,  incluso algo ridículo. Pero desde aquí les deseamos suerte a todos ellos.

Yo con los 20 € que vale un décimo voy a hacer algo mucho más práctico, dar un paseo hasta mi bar favorito, El Ring, y pedirle a Julian Chicheri:

Otro burbon por favor

 

Tigre Tigre

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