Según una encuesta llevada a cabo por el comparador de hipotecas HelpMyCash.com, un tercio de los españoles se plantea comprar una casa en 2018, una operación que puede salir especialmente a cuenta ahora que el precio de los préstamos hipotecarios es el más bajo de nuestra historia. Sin embargo, si queremos pedir un crédito para financiar la adquisición, es importante que tengamos presentes una serie de aspectos para no vernos ahogados por las deudas en el caso de que se termine el actual escenario de tipos reducidos.

Cuidado con el euríbor

En estos momentos, el euríbor a 12 meses cotiza en su mínimo histórico, por lo que el interés de las hipotecas variables (las más contratadas en España) es realmente bajo. Pero esto podría cambiar dentro de unos años: de hecho, varios analistas ya apuntan a que este índice empezará a pisar terreno positivo a finales del 2018 y nadie sabe cuál podría ser su cotización a largo plazo.

Una subida del euríbor provocaría un encarecimiento de las cuotas, lo que nos dificultaría el pago. Por ejemplo, con el euríbor registrado en noviembre de 2017 (-0,189 %), las cuotas de una hipoteca de 150.000 euros a 25 años con un interés de euríbor más 1 % serían de 545,90 euros. En cambio, si el índice aumentara hasta el 1,5 %, las mensualidades serían de 665,40 euros, un incremento que no todos los bolsillos pueden asumir.

Es por esto que es tan importante que calculemos si podremos abonar las cuotas tanto si el euríbor cotiza en sus valores actuales como si sube significativamente. Otra opción es decantarse por la seguridad que ofrecen las hipotecas a tipo fijo, cuyo interés se sitúa actualmente entre el 2 % y el 3 %. En este caso, nos protegeríamos de las oscilaciones de los índices, pero pagaríamos más dinero si el euríbor no subiera a corto o a medio plazo.

¿No puedes pagar? Acude al banco de inmediato

No obstante, hay circunstancias que son imposibles de prever, como que nos quedemos sin trabajo o que, a causa de un divorcio, uno de los titulares deje de abonar las mensualidades. Si por culpa de estas vicisitudes no podemos pagar una cuota, lo mejor es que acudamos al banco cuanto antes para explorar posibles soluciones. En estos casos es posible, si la entidad está de acuerdo, negociar un período de carencia para no tener que pagar las mensualidades (o solo los intereses) durante un tiempo o alargar el plazo para reducir el coste de las cuotas.

Lo que no debemos hacer en ningún caso es dejar pasar el tiempo y acumular demoras. Si se diera el caso no solo se nos aplicarían intereses adicionales por el impago, sino que el banco podría iniciar el proceso para ejecutar la hipoteca, es decir, para quedarse con la vivienda aportada como garantía del préstamo. Además, si su valor no fuera suficiente para saldar la deuda, nuestros bienes presentes y futuros también podrían ser embargados.

Eso sí, cabe destacar que la nueva ley hipotecaria, que en principio entrará en vigor a inicios o a mediados de 2018, establecerá unos plazos más largos para poder aplicar la cláusula de vencimiento anticipado (el requisito previo para poder ejecutar la hipoteca). En concreto, el banco tendrá que esperar hasta que el impago alcance las nueve mensualidades (o el 2 % del principal del préstamo) durante la primera mitad del contrato o las 12 cuotas (o el 4 % del capital de la hipoteca) durante la segunda mitad del plazo.

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