Malawi, uno de los países más pobres de África con más de la mitad de la población que vive por debajo del umbral nacional de pobreza, sufrió una serie de eventos climáticos extremos encadenados en el tiempo durante la pasada temporada de producción agrícola 2014/15. El retraso de las lluvias fue seguido de fuertes precipitaciones en todo el país en enero de 2015, que provocaron inundaciones generalizadas. Como consecuencia, se produjo la pérdida de numerosas vidas humanas, cultivos, animales, casas…, además del lavado de los nutrientes del suelo. Seguidamente, la sequía se prolongó durante los dos meses siguientes, zanjando así la época de lluvias. Este gran déficit de precipitaciones ha dañado el rendimiento de los cultivos y ha reducido la producción, sumándose a los daños y la pérdida de tierras de cultivo debido a las fuertes lluvias e inundaciones previas en enero.

“El gobierno ha estimado que la producción de maíz ha caído un 27% respecto a la del año pasado y un 20% en comparación con el promedio de los últimos cinco años. Muchas familias ya perdieron sus reservas de alimentos en las inundaciones, al inicio de 2015,” señala Lucía Prieto, responsable geográfico de Acción contra el Hambre para Malawi, “que afectaron a 630.000 personas.”

Según los datos arrojados por Comité de Evaluación de Vulnerabilidad de Malawi (MVAC, por sus siglas en inglés) 2.833.2126 personas en 25 distritos en todo el país se enfrentan a un déficit de alimentos de 3 a 6 meses en los que necesitarán ayuda alimentaria. Se estima que el 19.18%, 537.040, son niños menores de 5 años. Y según las estimaciones de prevalencia de la desnutrición, 20.407 sufren desnutrición aguda.

La actual situación de inseguridad alimentaria aguda agrava la época de sodure, momento en el que el estado nutricional de los niños está en mayor riesgo como resultado de las limitadas opciones de alimentos, su alto precio, un pobre estado de salud, prácticas alimentarias nocivas a medio plazo y un precario acceso a atención médica.

“La población ha comenzado a cambiar sus patrones de consumo de alimentos, que pasan por reducir la frecuencia de las comidas, lo que tiene un impacto negativo en el estado nutricional de las mujeres embarazadas y lactantes, e incluso en la productividad de la población afectada. Estrategias de supervivencia perjudiciales, que incluyen la venta de activos y la reducción de los gastos para el cuidado de la salud y la educación”, afirma Mikel Mendoza, coordinador de la respuesta de emergencia de Acción contra el Hambre.

Acción contra el Hambre se moviliza

Ante el llamamiento del gobierno malauí, Acción Contra el Hambre se moviliza para responder a la situación de inseguridad alimentaria a la que se enfrentará población durante los próximos meses.

Según han podido comprobar los equipos de la organización sobre el terreno, el número de ingresos en los centros nutricionales comenzaron a aumentar desde octubre con respecto al año anterior. Generalmente, el pico de admisiones se produce durante los meses de febrero y marzo. Sin embargo, este año se prevé que se adelante a diciembre-enero. “Entendemos que es fundamental ir de la mano del Ministerio de Salud de Malawi para trabajar en una respuesta coordinada y detectar y fortalecer todos los aspectos relacionados con la desnutrición”, añade Mikel Mendoza.

Tras la fase de emergencia, en una segunda etapa se trabajará en la recuperación de los cultivos y medios de vida de la población afectada, para dar paso a una tercera de creación de resiliencia, preparación y reducción de riesgo de desastres con las comunidades más vulnerables.

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