Sánchez pretende que los agentes sociales se impliquen en el aumento de salarios .

El mantra de que la economía va bien no se nota en el bolsillo de los españoles. Tanto la patronal como el Gobierno (el de Rajoy y el recién estrenado de Sánchez) insisten en que España está en la senda de la recuperación y desde el punto de vista de la macroeconomía puede que esa idea sea cierta. Sin embargo, la supuesta mejoría no termina de llegar a los ciudadanos, que siguen con los sueldos congelados. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el año 2017 la economía española creció al 3 por ciento mientras que los salarios brutos lo hicieron un raquítico 0,1 por cien. El dato todavía resulta más preocupante si se compara con el aumento de la inflación y el coste de la vida, que se situó en el 1,7 por ciento. Es decir, los españoles siguen con los salarios más bajos de Europa y al mismo tiempo perdiendo poder adquisitivo, de manera que cada vez pueden comprar menos productos de mercado. Una situación de sueldos bajos repercute negativamente en la economía, ya que si el consumidor tiene menos dinero para gastar el consumo se ralentiza, la producción se resiente y el paro aumenta, asomando de nuevo el fantasma de la recesión, tal como advierten numerosos economistas.

La pasada reunión que propició Sánchez entre los agentes sociales no parece haber desbloqueado la negociación

Pero además los datos del INE demuestran que la pérdida salarial, lejos de ser uniforme en todo el país, es mayor o menor en función de la comunidad autónoma de que se trate. De esta manera, mientras un trabajador extremeño gana de media unos 18.400 euros y un canario percibe alrededor de 19.000, un catalán y un navarro ganan del orden de 24.000, un vasco percibe 26.000 y un madrileño supera los 27.000 euros anuales. Es decir, a sueldos más bajos mayor brecha salarial y mayor desigualdad territorial, otro de los males endémicos que la economía española no logra corregir pese a las reiteradas advertencias de los organismos europeos y de la OCDE.

El problema de los salarios raquíticos está sin duda en la agenda económica del presidente Sánchez y los sindicatos exigen una revisión a corto plazo (no así la patronal, que sigue apelando a la moderación para continuar en la supuesta senda de crecimiento), pero de momento lo único cierto es que los trabajadores que peor lo están pasando tras la crisis siguen sin ver luz al final del túnel.

El pasado mes de junio Sánchez mantenía un primer contacto con los representantes de los trabajadores y de los empresarios para abordar algunos puntos de la posible reforma laboral que derogue la que promulgó Rajoy en 2012. En la reunión no solo se habló de una posible subida de los salarios, sino también de la precariedad del mercado laboral y de las pensiones. Sin embargo, salvo algunas conversaciones más o menos difusas entre los agentes sociales para recuperar las mesas de diálogo y la negociación colectiva, no parece que de la reunión propiciada por Sánchez vaya a salir un anuncio inmediato sobre la subida de salarios de los trabajadores que al menos palíe el efecto de la subida de precios y la pérdida de poder adquisitivo. Y mientras la parálisis y el bloqueo parecen seguir apoderándose de Gobierno e interlocutores sociales, un 47 por ciento de los trabajadores españoles siguen siendo mileuristas y hasta un tercio percibe sueldos tercermundistas.

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