La consideración mayoritaria de los consumidores hacia la sal es la de producto marginal, de poca importancia y por el que nadie diría que pudiesen existir conflictos a la hora de su gestión y explotación. De esta forma obviamos lo que parece evidente, y es que pocos son los recursos y productos que, sujetos a una explotación y producción industrial para los mercados, carezcan de profundas contradicciones. En ese sentido, la sal, como bien esencial y estratégico para la industria –en otro artículo hablaremos de sus más de catorce mil aplicaciones– también está sometida a los dictámenes del capital y sus intereses. Uno de esos ejemplos es la salina mexicana de Guerrero Negro, donde su gestión está salpicada por la especulación, la corrupción, los problemas socioeconómicos y medioambientales.

 

La salina más grande del mundo en una Reserva de la Bioesfera

Guerrero Negro no es una salina cualquiera, es la salina más grande del mundo. De sus instalaciones salen más de 8 millones de t/año de sal. Para hacernos una idea de la importancia de dicho volumen diremos que produce dos veces más que todo el Estado español. Además, en agosto de 2017 y tras 60 años de actividad, el montante total de sal cosechada en Guerrero Negro alcanzó la cifra de las 300 millones de toneladas, una cantidad que se aproxima a lo que se produce anualmente en el mundo.

Esta salina de litoral está ubicada al sur de la Bahía de Sebastián Vizcaíno, sobre la Laguna Ojo de Liebre. Administrativamente pertenece a la localidad de Guerrero Negro, el cual forma parte del Municipio de Mulegé en el Estado de Baja California Sur. De esta forma, la salina se encuentra en el interior de la Reserva de la Bioesfera El Vizcaíno (1988), refugio de 95 especies de aves migratorias y de la ballena gris.

Las instalaciones de la salina ocupan 300 Km2, es decir, el equivalente a la mitad del término municipal de Madrid. En dicho espacio se ubican almacenes, naves, enormes balsas cristalizadoras y unas gigantescas montañas de sal que son el resultado del aprovechamiento de la radiación solar y la energía eólica. Posteriormente la sal es procesada para la obtención de una pureza máxima en cloruro de sodio.

 

Exportadora de Sal S.A. (E.S.S.A.)

Coincidiendo con el proceso de modernización e introducción del capital industrial y financiero en la producción de sal –recordemos que era para obtener mayor cantidad de sal a menor precio– la moderna salina litoral de Guerrero Negro se ponía en marcha en 1954.

La creación de Exportadora de Sal corre a cargo del magnate norteamericano Daniel K. Ludwig de quién se dice poseía 200 sociedades en 50 países. Este empresario también era propietario de la compañía de transporte marítimo National Bulk Carriers, una sociedad que operaba en Japón y transportaba petróleo por todo el mundo. Esta aventajada posición comercial, ganada durante la segunda guerra mundial, le permitía a Ludwig llevar sal tanto al mercado asiático como al norteamericano para las industrias químicas de ambos Estados.

De la mano de Exportadora de Sal surgirá la población de Guerrero Negro como un lugar donde ubicar los barracones de los trabajadores. Ludwig era hábil a la hora de en encontrar oportunidades de negocios a base de mano de obra a bajo coste.

En 1973 el Estado mexicano procedió a la nacionalización del 51% de las participaciones de Exportadora de Sal. Para entonces Ludwig había vendido la misma a la compañía japonesa Mitsubishi, quién en la actualidad posee el 49% de la empresa y el monopolio de venta de toda su producción.

Actualmente Exportadora de Sal depende de Mitsubishi para colocar la sal en los mercados de Japón, USA, Canadá, Taiwán, Corea, China, Costa Rica, Honduras, Guatemala, Filipinas y El Salvador. A demás lo hace bajo unas condiciones nada ventajosas para la compañía.

 

Especulación, corrupción y problemas medioambientales

El mensaje de Exportadora de Sal es la de una empresa sostenible que opera en una Reserva de la Bioesfera. Por tanto, la conservación de sus recursos se antoja fundamental para un mejor aprovechamiento de los servicios ambientales que dicho medio dispone, entre ellos, la sal. Pero la realidad es otra bien distinta.

Desde el punto de vista medioambiental una salina de 300 Km2 no responde a un modelo de explotación sostenible del territorio, sino más bien depredador y con miras al mercado. De hecho el mensaje de la empresa es producir más para generar más ingresos. Este elevado ritmo de producción ha llevado a la acumulación de 300 millones de toneladas de salmueras residuales, un potencial veneno hipersalino para el medio y sus especies.

En cuanto a la gestión, ésta se encuentra ligada a episodios de especulación y corrupción, de manera que su impacto socioeconómico sobre los 15.000 habitantes de Guerrero Negro y sus 1.600 trabajadores es prácticamente nulo (deficientes infraestructuras sanitarias, educativas, comunicación, ocio, etc…).

Como hemos anunciado, Guerrero Negro no es una salina cualquiera, pues sus 8 millones de t/año de producción arrojan una facturación aproximada de 2.300 millones de pesos (107 millones de euros). No obstante el negocio es deficitario, pues al tener un precio de venta fijo a Mitsubishi por debajo de los costes de producción hace que se deje de ganar 172 millones de euros, una plusvalía que se embolsa Mitsubishi y que provoca pérdidas.

Las denuncias de los trabajadores, partidos políticos y activistas, unido a los problemas internos de la compañía (despido del Director General), provocó la actuación en 2013 de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), quién identificó una serie de irregularidades: ventas por debajo de los costos de producción, pérdidas cambiarias, sobreprecios en la adquisición de equipos, doble contabilidad, prácticas monopólicas, presunto enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos y reembolsos millonarios a la empresa Mitsubishi.

Por otra parte, el activista y político José Gerardo Fernández Noroña también ha denunciado públicamente el hecho de que la empresa encargada del transporte de la sal, Bul Carrier, propiedad al 50% entre el Estado mexicano y Mitsubishi, está constituida en el paraíso fiscal de las Islas Marshall.

Todo esto ocurre en un momento en el que la dirección de Exportadora de Sal hablaba de la “democratización de la productividad”, consistente en incrementar la producción y las ganancias para mejorar las condiciones de vida de la sociedad de Guerrero Negro y el Estado mexicano.

 

El modelo de gestión industrial

Guerrero Negro es una contradicción más del sistema económico imperante. Para empezar se trata de una gigantesca actividad industrial que pone en peligro un Parque Natural Reserva de la Bioesfera. A su vez los habitantes del pueblo no se ven beneficiados de las enormes ganancias de una empresa pública, cuyos dirigentes facilitan que éstas vayan directamente a los bolsillos de una multinacional. De esta forma las industrias químicas del Pacífico –da igual el Estado– reciben sal en abundancia para repetir el ciclo explotador sobre el medio y las personas.

Decíamos al principio que ningún producto escapa en este sistema a las garras de la especulación y la sal, pese a ser un condimento aparentemente apartado de ese tipo de intereses, forma parte de él. Debemos insistir en el hecho de que para la economía mundial la sal es más básica y esencial hoy que hace un siglo.

Con la sal asistimos a la extraña paradoja de seguir hablando de ella como un condimento común (sal común), cuando a día de hoy lo desconocemos absolutamente todo. Por desgracia, se trata de una cuestión que es extrapolable al resto de alimentos y sectores productivos, de los que el neoliberalismo (como ideología), y la globalización alimentaria (como práctica), nos ha apartado tanto que sus externalidades negativas e intereses nos aparecen como aparentemente invisibles. Pero son reales.

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