Australia 88- España 89 

La selección española de baloncesto cierra con un nuevo éxito su andadura en estos Juegos de Rio en un partido no apto para cardiacos ante la auténtica sensación del campeonato, Australia. Los 31 puntos y 11 rebotes de Pau Gasol hicieron claudicar finalmente a una selección australiana que planteó serios problemas a los nuestros, con un Patrick Mills letal que supuso un auténtico quebradero de cabeza. 30 puntos firmaría el base de San Antonio Spurs pese a la asfixiante defensa a la que fue sometido. Un providencial Claver birlaba un balón a cinco segundos del final que dejaba a los “aussies” compuestos y sin medalla y a nuestros chicos de oro nuevamente subidos al podio. Históricos Juegos Olímpicos para nuestro baloncesto, que tras la plata conseguida ayer por las guerreras de Lucas Mondelo, se convierte en la primera delegación en que hombres y mujeres consiguen colgarse un metal en un deporte por equipos. 

Después de un par de días de recuperación tras sendas derrotas en las semifinales, la duda estaba en ver quién sería capaz de sobreponerse mentalmente de manera más efectiva. De un lado, los chicos de Scariolo venían de perder un encuentro ante EEUU con la sensación de haber perdido una oportunidad única de vencer a su su bestia negra en los Juegos Olímpicos. Del otro, Los australianos que tras protagonizar una fase de clasificación notable, eran devueltos a la realidad abruptamente por el oficio de los jugadores serbios, más experimentados en estas lides competitivas que los “aussie”.

España alineaba a su quinteto habitual para enfrentarse a un quinteto australiano plagado de jugadores NBA. El principio del partido anunciaba lo que sería un duelo a pecho descubierto entre el acierto de Mills y el coraje de Pau. 2+1 para el de Sant Boi tras machacar el aro por el carril de enmedio, y pocos segundos después un triple de Mills ponía el 5-6 en el marcador. Mirotic salía muy enchufado en el tiro exterior, empeñado en ser de nuevo el leal escudero de Pau que las faltas le impidieran ser en el partido ante el Dream Team. España conseguía abrir una pequeña brecha en el marcador propiciada por una gran defensa al hombre, que secaba a Baynes y Bogut bajo el aro y que dificultaba a Mills encontrar lineas de pase óptimas. Una vez más, los hombres de Scariolo se mostraban temibles en los robos de balón. España cambiaba a defensa en zona y poco a poco empujaba del partido a Australia en cuyo auxilio salía unentonado David Andersen, que suplía la carencia anotadora de Andrew Bogut. La nueva estrella de los Mavericks rubricaría su peor anotación del campeonato (2 puntos) en un partido en el que fue expulsado al principio de la segunda mitad por faltas personales. Con España controlando el partido se llegaba al término del primer cuarto con una pequeña diferencia de seis puntos (17-23) 

Scariolo congregaba a su segunda unidad en cancha. Con Ricky en el banco sobrecargado de faltas, El “Chacho” Rodriguez movía al equipo buscando un parcial que permitiese alejarse en el marcador. Y así ocurría. Con dos triples de Victor Claver y cinco puntos consecutivos de Pau Gasol, que volvía a cancha de nuevo, se alcanzaba la máxima diferencia a favor de los nuestros (28-40) a cuatro minutos del final de la primera mitad. Un momento clave del partido, en el que España debía pisar el acelerador y perder a Australia en el retrovisor definitivamente, pero al igual que ocurriera en los partidos ante Croacia y Brasil, una laguna en la concentración de los chicos de Scariolo propiciaba que fuesen los australianos quienes lo hiciesen. Australia se aplicaba con dureza en defensa ante la inexplicable permisividad de los colegiados del encuentro, que no pitarían a Australia más que una falta en contra a lo largo de todo el segundo cuarto. Ni siquiera parecieron percatarse del codazo intencionado que David Andersen le propinara a Sergio Llull. Con España momentáneamente “knock out” y con David Andersen protagonizando sus mejores minutos, Australia nos encajaba un parcial de 10-0 que ponía un alarmante 38-40 al finalizar el segundo cuarto.

la vuelta de vestuarios comenzaba el festival de Patrick Mills. El nuevo compañero de Pau en San Antonio desataba un ciclón anotador sobre el aro español que nadie parecía ser capaz de contener. Ni Llull ni Rudy eran capaces de parar al base nacido en Camberra, que anotaba de todas las maneras posibles echándose al equipo a la espalda ante la precoz ausencia de Andrew Bogut eliminado por faltas personales. Comenzaba así el toma y daca entre Pau y Mills. El partido entraba en una fase sólo apta para jugadores con la cabeza fría y corazón caliente. Con Mills desatado, un triple de Mirotic dejaba el marcador final del tercer cuarto en 64-67. 

A Australia no parecía pesarle la responsabilidad de un encuentro en el que obviamente España tenía mucho más que perder. España se encomendaba a la inspiración de un “Chacho” al que la defensa australiana trataba de impedir recibir de manera persistente. La electricidad del canario infundía confianza a los suyos, y buscaba con insistencia a un imperial Pau Gasol que se inventaba sus propias opciones de tiro cuando el equipo parecía no carburar. Enfrente, un Mills en estado de gracia escoltado por Motum, que le hacía un mate “in your face” a Pau Gasol con el que empataba el partido a 70. Scariolo pedía tiempo muerto para frenar la euforia “aussie” y volvía a sacar a Ricky para tratar de frenar a Mills. Con los dos equipos en bonus, era momento para los cirujanos. Aquel al que no le temblase el pulso desde la linea de 4,60 ganaría el bronce. España, que llevaba unos porcentajes hasta el momento ciertamente menos halagüeños desde esa distancia, filtraba balones a Pau en la pintura. Volvía el “Chacho” a cancha, con el recado de Scariolo de tratar de penetrar y dividir la zona en cuanto viese ocasión. 

Dicho y hecho. El de La Laguna metería 11 puntos al acabar el partido, todos ellos en este último cuarto en el que, exceptuando al incombustible genio de Sant Boi, nadie parecía querer asumir la responsabilidad de encestar. Con una alternancia permanente en el marcador, nos plantábamos en el último minuto con 84-85 para los nuestros. Con el tiempo parado permanentemente por los tiempos muertos de uno y otro equipo, Scariolo cambiaba de bases en cada ataque al más puro estilo del balonmano, tratando de optimizar las siempre rápidas manos en defensa de Ricky Rubio, y la inspiración del “Chacho” en la dirección del ataque español.  Penúltima jugada del partido, con el corazón de toda España en un puño, el “Chacho” sacaba petróleo de una penetración en la que el colegiado pitaba una rigurosa falta sobre el canario que, infalible desde los 4,60, encestaba ambos tiros dejando tan sólo 5 segundos a Australia para elaborar una jugada de ataque. Tras el correspondiente tiempo muerto, los australianos, obsesionados por encontrar al francotirador Patrick Mills, no encontraban jugada posible ante el bosque de manos español, del que emergiera para convertirse en el héroe de este bronce robando  un balón del que jamás podrá olvidarse ningún aficionado al baloncesto. Estallaban los nuestros de júbilo, tras una victoria muy trabajada. Sepultados bajo un alud de euforia quedan ya esos principios de campeonato en los que una nube de reproche parecía cernirse sobre los nuestros. Con ese balón robado, se echaba un saco de arena sobre ciertas polémicas , ahora estériles. Esta épica victoria aleja ciertos debates (o quizás sólo pospone) obre el relevo generacional de un equipo que con éste se cuelga su tercer metal consecutivo en unos Juegos Olímpicos. Un resultado que supone la consumación de un sueño de infancia albergado durante años en el corazoncito de este cronista novel que humildemente se despide de ustedes hasta mejor ver. Quién sabe; quizás las próximas líneas que tengan ustedes ocasión de leerme narren ese esperado oro. Como diría aquél, lo mejor siempre está por llegar.

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1 Comentario

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