Cuando todavía vivía en l’Hospitalet de Llobregat tuve la suerte de que abriesen a cinco minutos de casa la que entonces era la biblioteca pública más grande de Cataluña. Se trata de un enorme equipamiento que ocupa la totalidad del enorme volumen de la antigua fábrica textil de esa mujer apasionante que fue Tecla Sala(1). El proyecto fue empezado por los arquitectos Albert Viaplana y Helio Piñón, que a medio camino partieron peras. Viaplana lo mejoró y lo terminó consiguiendo crear un equipamiento que combina un parque, una sala de exposiciones y una mediateca organizada en función del sonido: zonas donde se puede hablar e intercambiar conocimientos y zonas de estudio y recogimiento, un buen archivo audiovisual y uno sonoro todavía mejor. La sorpresa fue comprobar que si el equipamiento era dos o tres veces mayor que una biblioteca estándar atraía como mínimo cinco o seis veces más público. Es decir, la cantidad dio la calidad. Eso ya no era una biblioteca: era un centro cívico.

Esto mismo puede pasar con una tienda.

Tuve oportunidad de visitar Desert City invitado por la organización de OpenHouse Madrid, esa iniciativa que acerca arquitecturas no tan fáciles de visitar a la ciudadanía, que puede no tan sólo ver y oler y tocar, sino también escuchar las explicaciones pertinentes por boca de los propios arquitectos y de los clientes que les han encargado las obras.

Desert City es más que una tienda. Su cometido básico es poner a la venta un increíble catálogo de cactos y plantas xerofíticas (eso es, que viven con poca agua). Para que esto tenga sentido el volumen dedicado a tienda es menos de un tercio del total de la intervención. El resto se dedica a la creación de diversos jardines enteramente realizados con estas plantas para mostrar a cualquiera que tenga un pequeño pedazo de tierra como debe de ser el paisajismo del siglo XXI. Se puede salir de la tienda con unas cuantas macetas o se puede salir de la tienda con un jardín entero que apenas va a requerir mantenimiento. Un jardín que cuente con todo el tipo de plantas con las que cuenta un jardín convencional: hitos en forma de árbol o cactos más grandes que puedan crecer hasta los muchos metros de altura, un jardín con sombras, un jardín con plantas rastreras que tapicen grandes áreas de suelo: hay como cuatrocientas especies para elegir, lo que convierten esta instalación en el vivero de cactos más importante de Europa(2). Y todo ello sin apenas necesidad de riego.

Los padres de la criatura son Mercedes García, la impulsora del proyecto, y el arquitecto Jacobo García-Germán en colaboración con los promotores del espacio. La arquitectura del complejo es tan sencilla como efectiva. El vivero tuvo que ser plantado tiempo antes del inicio de las obras. El edificio se organiza en función de una serie de elementos ligeros(3) y estandarizados: un pórtico de acero, unas vigas todas iguales y poco más. La construcción se deposita gentilmente en el suelo mediante pilares esbeltos pintados de negro y sobrevuela la zona de jardín más consolidada convirtiéndose en puente. Todo ello se realiza con esa clase de elegancia que esconde los esfuerzos del arquitecto para que el proyecto parezca que siempre haya estado allí. La más difícil de conseguir, por cierto: los pilares, por ejemplo, parecen haber girado un tanto respecto de la directriz lógica, casi como si la estructura tuviese Flow. No es gratuito: la geometría de la parcela no permitía encajar un volumen ortogonal. Pero la vista apenas se daría cuenta de ello de no ser por esos pilares. Esto da cuenta del grado de sutileza de la intervención: uno no va a visitar un pesebre arquitectónico. Uno va allí a gozar de los jardines. La arquitectura es el marco del cuadro. Te envuelve, te transporta fuera del entorno anodino, te ubica en los jardines y no tienes que pensar en nada más, lo que se consigue mediante el uso inspirado de unos cristales gravados que desdibujan el entorno hasta casi hacerlo aparecer irreal.

La zona de la tienda se cubre con una cubierta ligera de esas que son una virguería técnica al servicio (de nuevo) de un aspecto discreto y agradable. Y qué bonita entra la luz.

La iniciativa Desert City tiene este punto propositivo que da el responder a una necesidad que no sabíamos que teníamos: la de poder gozar de un jardín sin que ello nos cueste un pastón en agua: jardines mucho más acordes con el cambio climático que ya se ha producido.

 

  • 1- Lástima que esto no sea una sección de historia, porque honrar la memoria de Tecla Sala da para un libro entero.
  • 2- Los cactos proceden de los cinco continentes. No os preocupéis demasiado por el debate de si son plantas autóctonas o no: tampoco lo son la vid, los naranjos, las higueras o las acacias. Cuestión de perspectiva.
  • 3- Hablar de ligereza en arquitectura es un marrón bastante peliagudo. En este artículo ligero no significa realmente ligero, porque si el edificio colapsa te va a matar igual: significa usar estructuras con el mínimo material posible, minimizar la construcción húmeda (bloque de hormigón, ladrillo, hormigón) y, en suma, usar la mínima cantidad de material posible.
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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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