Leo en la web de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (www.augc.org) que la Dirección General del benemérito cuerpo proyecta restringir derechos individuales a los guardias civiles. Según parece es una muestra más de la restricción de derechos, ya que pretenden sancionar a los agentes que, según se lee textualmente, mantengan conversaciones «ajenas al servicio» durante la prestación del mismo. El borrador de la Orden General sobre normas de la policía, aspecto físico y trato con el ciudadano, tuvo su primera reunión el martes 8 de mayo, por lo que aún es solo un proyecto. Según la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles), la Dirección General presentó un primer borrador el pasado 15 de marzo, donde, con matices, se iniciaba una línea de partida sobre un documento de consenso al que la propia asociación mostró alegaciones. El segundo borrador es, por lo visto, aún más restrictivo, donde la palabra “prohibido” se extiende más allá de lo puramente razonable, proponiendo regular cuestiones como la barba, el bigote, el cabello, el uso de relojes (de una determinada dimensión), anillos, pulseras y tatuajes. Lo de los tatuajes parece ser la cuestión estrella de la norma, ya que en este borrador se pretende prohibir tajantemente portar tatuajes visibles vistiendo de uniforme, y quien se los hiciese a la entrada en vigor de la norma, además de poder incurrir en una falta disciplinaria, deberá obligatoriamente eliminarlos. Para quienes ya los tuvieran, no obstante, además de taparlos durante el servicio, deberán realizar una declaración jurada en su respectiva Unidad de la “relación de tatuajes” que portan en su cuerpo. Recuerdan estas restricciones a esos años que ya deberían estar olvidados donde los policías que, y cito textualmente, mostraran una «fealdad manifiesta» no podían acceder al cuerpo.

Una de las muestra de restricción de derechos que pretenden realizar afecta de manera directa a uno de los principios básicos no escritos del “patrullero”, cuando dice que lo que se habla en el Zeta, se queda en el Zeta, ya que se pretende prohibir las conversaciones sobre asuntos ajenos al servicio. Según un comunicado de la AUGC, es tal la intromisión que pretenden acometer que incluso tienen la intención de “vigilar” las propias conversaciones entre agentes mientras prestan servicio. Es difícil comprender cómo una patrulla de dos policías pueden estar circulando por nuestros caminos, calles o pueblos, prestando atención a viviendas, comercios, fábricas, campos, o lo que sea, sin estarles permitido que puedan conversar sobre otros asuntos que no sean los estrechamente relacionados con el servicio que prestan. Los patrulleros saben lo duro que es permanecer sentados en un vehículo policial durante más de ocho horas, en algunos casos en horario nocturno, conduciendo y prestando atención a todo lo que ocurre alrededor, con la humanidad que aporta poder confiar en su compañero los asuntos más íntimos. Es complicado imaginar a dos agentes sentados en un coche patrulla hablando solo de “cosas” relacionadas con el servicio, sin que en algún momento sientan la flaqueza de confiar alguna preocupación que les atolondre, y sobre la que necesiten consejo y apoyo. La realidad dista mucho de esa imagen endiosada de los policías a los que se contempla como héroes capaces de soportar con estoicismo las eternas patrullas en horarios nocturnos, en fines de semana, en fechas señaladas como Navidad o Nochevieja, circulando cientos de kilómetros bajo un sol abrasador o bajo una ventisca o en medio de un frío gélido que hiela el alma, sin otro sustento que conversar sobre temas laborales.

Estoy seguro que estas normas las plantean quienes no patrullan ni han patrullado jamás. Qué fácil es decirle a un patrullero lo que debe o no debe hacer, sentado desde una cómoda silla de un despacho en horario de lunes a viernes. Un patrullero nunca escribiría una norma así que prohibiera la máxima de lo que se habla en la patrulla, se queda en la patrulla.

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Escritor conocido por sus novelas de género policíaco. Ha impartido clases en la Escuela Canaria de Creación Literaria, es colaborador del Diario del AltoAragón y del El Periódico de Aragón. Ha sido el organizador de las diferentes ediciones del Concurso literario policía y cultura (España) y colabora en la organización del Festival Aragón Negro en las actividades convocadas en la ciudad de Huesca. Desde el año 2012 es considerado el creador del término Generación Kindle, nomenclatura utilizada para referirse a una serie de escritores surgidos de la edición digital. En el mes de enero del año 2013 fue uno de los seis finalistas preseleccionados para optar al Premio Nadal en su 69º Edición con la novela La noche de los peones.

1 Comentario

  1. Totalmente de acuerdo,obligar a hablar únicamente de temas laborales es una limitación de los derechos individuales y sobretodo una falta absoluta de sentido común y humanidad. No podemos olvidar que debajo del uniforme hay personas y las personas necesitamos relacionarnos y socializarnos, en otras palabras, hablar de nuestras vidas.
    Parece que la subida de sueldo que les ha dado el gobierno para pagar su silencio y la salvajada que realizaron en Cataluña venía acompañada de una letra pequeña que ahora se está descubriendo.

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