Cualquier iniciativa ciudadana que pretenda movilizar a la población con el fin de defender sus derechos, ampliarlos o, simplemente, que pretenda mostrar apoyo y solidaridad con otras causas justas es digna de admirar y ser respetada.

En esta premisa entiendo que trabajan los organizadores de #OmplimMúrcia (#LlenemosMurcia). Ciudadanos catalanes que quieren llevar a cabo una gran gesta:  movilizar un gran número de catalanes a Murcia para darles apoyo después de la represión sufrida por parte las fuerzas de seguridad del Estado y sus otros organismos (como las multas que han empezado a recibir) a los vecinos de Murcia que luchan para el soterramiento del AVE. La iniciativa emula el hashtag #OmplimBrussel·les que consiguió llevar 90.000 independentistas a la capital europea.

Es evidente que en Cataluña estas situaciones (la represión vivida en Murcia) se observan con una mayor empatía por estar sufriendo de forma muy vehemente y con especial dureza tal represión estatal. Y en nuestro caso, no son unas vías de tren, es por el mero hecho que el independentismo sea una fuerza mayoritaria en nuestro país y gane en las urnas.

Es justamente por esto que la mayoría (para no decir que su totalidad) de ciudadanos de los que se desplacen a Murcia el próximo 7 de abril son independentistas. Dicho de otra manera, los partidarios de la represión, la prisión y el asedio contra el pueblo catalán, es decir, los que apoyan el 155, seguro que no van a ir, hasta apoyarían los porrazos que se dieron en la capital murciana.

En este contexto, es sorprendente que los organizadores de #OmplimMúrcia no quieran que haya esteladas (la bandera independentista) en la manifestación. La estelada no es una bandera que sólo pretende crear un Estado para Cataluña. Es una bandera que lucha por unos valores democráticos, de paz, republicanos y de fraternidad con todos esos pueblos que luchan para obtener esos derechos y libertades. No es una bandera en contra de nadie sino a favor. Esta era una gran oportunidad para mostrarlo a España.

La organización, como he dicho, la mayoría catalanes, no lo ve así. Mostrando algo de caos en las directrices, en un primer momento sí que se hubiera permitido llevar senyeras (la bandera autonómica) que como una organizadora textualmente afirmó “se considera la de todos” así como poder llevar banderas murcianas. Finalmente, a raíz de una publicación en el periódico digital catalán directe!cat, donde se mostraban conversaciones de un grupo de Telegram público y abierto donde había expresiones como “si hay esteladas lo dejamos” o “pueden causar rechazo entre los murcianos”, en vez de optar por dar absoluta libertad a la gente para que pueda expresarse con la bandera que más sienta suya (da igual que sean esteladas, banderas españolas, tricolores republicanas, murcianas, madrileñas, europeas…) se decidió por dar esta directiva a los que quieran ir: nada de banderas. Es respetable y legítimo, pero no deja de parecer algo contradictorio: coartar la libertad de uno para ir a defender una libertad ajena. Un ejemplo más de la autocensura que los catalanes sufrimos sin darnos cuenta después de siglos de sumisión.

Sea como sea, insisto, la iniciativa es válida en su fin y puede ser un éxito (ojalá lo sea). Eso sí, a veces jugar a la ambigüedad no ayuda.

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