Las terapias asistidas con animales (TAA) están más de moda que nunca. Terapias con caballos, con perros, con cachorritos de cualquier especie… Todos ellos aportan al paciente una sensación de bienestar emocional y seguridad que repercute en la mejoría de la dolencia física o mental que padecen. Sin embargo, estas terapias no son nuevas y su uso se remonta al siglo XVIII.

Pero, en realidad, en este artículo no voy a hablar de las TAA, sino de qué podemos aprender de los animales y cómo podemos aplicarlo a nuestra vida cotidiana. Y este recorrido vamos a hacerlo a través de los perros.

Emociones

Hay algo en lo que esta especie “nos echa la pata” y es que tienen una inteligencia emocional superior a la humana.

Hablando de las emociones, hay que tener en cuenta que existen una serie de emociones básicas (algunos autores hablan de 5, otros de 6,…) que son idénticas en los seres humanos y los animales. Es algo que nos muestran muy bien en la película de Disney ‘Del revés’, en los créditos finales, cuando van apareciendo diferentes animales expresando las 5 emociones básicas en las que se centra la película: felicidad, ira, miedo, tristeza y aversión.

Los perros son expertos en la expresión emocional. Podemos ver cómo muestran, sin ningún tipo de cortapisas, todas estas emociones. Desde la felicidad al vernos entrar en casa, a la tristeza cuando nos vamos o la ira cuando no jugamos con ellos.

Tienen una capacidad abrumadora para hacernos saber qué sienten y cuándo lo sienten, además de hacernos sentir esa misma emoción para que los entendamos.

Los humanos, sin embargo, hemos coartado esa capacidad de expresión emocional. Nos quedamos en las emociones que consideramos positivas. Estamos más pendientes de que no se noten nuestros estados de ánimo y hacer que la procesión vaya por dentro. Ello nos lleva a desarrollar síntomas de ansiedad o de depresión.

Lo correcto sería tener unas buenas herramientas de expresión emocional, mostrar lo que sentimos y buscar el apoyo que necesitamos. Así, por ejemplo, cuando un perro tiene miedo, lo expresa en su conducta (se esconde, huye, tiembla,…) de forma que nos hace saber lo que están sintiendo; nos piden protección. No hay nada de malo en eso. Nos hacen entender que no es malo sentir miedo y tampoco en ser protegidos. Conocen su limitación y buscan lo que pueda ayudarles a no ser vulnerables para que su miedo desaparezca.

Pero los perros tienen también una capacidad que los humanos tenemos que seguir desarrollando: la empatía. Saben reconocer en los demás (sean otros perros o en humanos) qué es lo que sienten, siendo capaces de acompañarlos en la emoción.

Es algo en lo que fallamos los humanos. Cuando vemos a alguien triste, corremos a intentar animarlo. La tristeza nos hace sentir incómodos y queremos sustituirla por felicidad. Sin embargo, los animales no. Se sientan a tu lado, te acompañan, te consuelan y hasta son capaces de llorar contigo. Te animan, así, a expresar el dolor y te dan tranquilidad, porque con ellos no hay nada de malo en expresar lo que se siente.

Personalidad

Mientras los humanos nos empeñamos en esconder nuestra personalidad, en mostrar una cara que sea lo más “normal” posible, los animales nos dejan ver sus características de personalidad de una forma muy clara.

Cada perro tiene un repertorio conductual muy amplio y muy influido por su genética, una personalidad. En el trato con ellos adquirimos la capacidad de adaptarnos a su forma de ser y a respetarlos como son y ellos tienen esa misma cualidad para con sus humanos. Sin embargo, en el trato con otros seres nuestra especie, hemos perdido esta capacidad de adaptación y queremos que todos estemos dentro de una misma línea base que nos facilite la comunicación y el trato.

Conforme hemos evolucionado, como especie, hemos perdido capacidad de adaptación al entorno, porque nos hemos centrado en adaptar lo que nos rodea a nosotros.

Hay que aprender de ellos a estar en continuo movimiento, buscar experiencias, vivirlas y adaptarnos al entorno. En definitiva, ser flexibles y estar abiertos al cambio.

Capacidades de superación

Siempre me ha resultado increíble la capacidad de superación que muestran los animales. Aprenden de las malas experiencias y se crecen. Viven la vida como un reto, como un aprendizaje constante.

Ante una enfermedad, un accidente, un cambio brusco… pasan por su duelo, se dejan sentirlo, no les importa estar mal, pero no dejan que la tristeza (por la pérdida de la salud, el dolor de una operación,…) invada toda su vida y no les permita avanzar. Usan este período de duelo para recomponerse, para buscar la forma en que van a adaptarse a esta nueva situación.

Por ejemplo, en el caso de que sufran la amputación de alguna de sus extremidades, rápidamente buscan la forma de aprender a moverse. No permiten que su vida acabe ahí, quieren vivir y quieren hacerlo de la mejor manera posible.

También encontramos el ejemplo en animales que han sufrido maltrato. Cuando llegan a una nueva familia, tras un período de adaptación, van aprendiendo a mostrarse como son y dar ese amor incondicional que son capaces de dar.

 

Si tienes un perro en casa (o piensas tenerlo), debes mirarlo atentamente, aprender de él y aplicar esos aprendizajes a tu vida. Ellos tienen más que enseñarnos de lo que creemos y ese es el mayor regalo que nos dan mientras están con nosotros.

 

Todo esto – y probablemente muchas más cosas que ahora olvido – me lo enseñó una bulldog francés que me regaló 7 maravillosos años de su vida; que me mostró que no hay nada tan complicado que no pueda superarse. A ella le estaré eternamente agradecido por las lecciones de vida que me dio.

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