La gran mayoría de los empleos generados en la temporada estival se han debido a la oferta en el sector de la hostelería. Está claro que el turismo está tirando de la economía en España. Eso sí; a costa de salarios bajísimos y de jornadas laborales exhaustivas. Si el trabajador salva sus ingresos es gracias a las propinas. Estas se han recuperado en este último verano. Un camarero de restaurante puede llegar a sacar por tal concepto los 50 euros semanales. Eso le permite sobrevivir a pesar de los miserables sueldos que paga el sector.

La mezquindad de este gobierno y sus portavoces más o menos oficiosos, ha llegado a tal punto que “venden” como un factor de “la recuperación económica” el incremento de las propinas en los bares y restaurantes españoles. Incluso los patéticos argumentos señalan que “España es el país con más bares del mundo”, como si tal circunstancia fuese un dato positivo a tener en cuenta en una hipotética economía productiva. Que España se está convirtiendo en país de servicios es algo evidente. Lo que da cierto sonrojo es que en el Gobierno se presuma de ello.

Y más cuando los sueldos de la hostelería son los más bajos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, mientras que el salario neto mensual en el sector energético es de 5.287,3 euros, en la hostelería baja hasta los 1.132,63 euros. Y a ello hay que añadir el gran componente estacional de este tipo de contratos, muchos de los cuales no pasan de los tres meses de la temporada alta.

Pero los medios de comunicación “oficiales”, en especial las televisiones convencionales, han descubierto que tales sueldos se ven incrementados con las tan traídas y llevadas propinas. Con la llegada de la crisis económica, parecieron desaparecer del circuito. Y, ahora, han vuelto. Basta tener un buen servicio y que el cliente se quede contento para que éste “se estire” dejando en el plato algunas monedas. En algunos casos, tal y como señalaba hace unos días el informativo de una de las cadenas de televisión, “se han llegado a dejar mil euros”. Algo totalmente excepcional. Según la Federación de Hostelería de la UGT, “las propinas suelen variar en función del tipo de servicio”. Si es un bar, un chiringuito o un restaurante, el valor suele oscilar entre los veinte céntimos y el euro, según el importe que hay que abonar por lo consumido. En los hoteles ya no se dejan propinas. Antes se solía dejar una cantidad generosa cuando procedíamos a abandonar la habitación, “pero esa costumbre ya se ha acabado”, señalan los dirigentes sindicales. En bares de alto standing, coctelerías, disco bares y pubs, no se suele dejar propina. “en estos casos se considera que el personal está suficientemente pagado ya que se requiere mayor experiencia y calidad en el servicio”, añaden en UGT.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, advirtió, en su día, de la posibilidad de incluir en alguna de las múltiples reformas fiscales que se llevan a cabo, una “modulación” de ingresos para tributar por las propinas. Hasta el momento, nada se ha hecho al respecto, o sea que todo el “bote” que se reparte en bares y restaurantes está limpio de impuestos y cotizaciones sociales. No es de extrañar que haya propietarios que prefieran subir algo el salario y quedarse con dichos botes. Siempre son más rentables los dineros “en negro”.

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