A Flor de Torres Porras, no le corre sangre por sus venas, le corre igualdad. Su infatigable trabajo y dedicación exclusiva desde 2004 como Fiscal Delegada Autonómica de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la discriminación por identidad de género y Fiscal Decana de Málaga, la han convertido en una de las voces con más autoridad de nuestro país para hablar y combatir una lacra insufrible a la que el contador no se le para.

Su vocación como jurista y su credo feminista la hace gritar alto y claro que hay que militar “con empatía y compromiso” en un único bando: en el de las víctimas. “Siempre estoy de su lado. Dándoles voz, reconstruyendo sus derechos y los de sus hijos”, dice.

Su compromiso no es para menos, ha lidiado con autopsias de niños víctimas de la violencia machista, con la congoja y el miedo que envuelven a las maltratadas o el dolor infinito de abuelas que se quedan sin hijas ni nietos. También ha reído y se ha abrazado a otras tantas mujeres valientes que han logrado salir de su infierno gracias a las sentencias dictadas. “Quienes nos dedicamos a esto manejamos el dolor de forma tan directa que necesariamente nos penetra”. De su mano nos adentramos en el trabajo de quienes traducen el silencio de las víctimas en pruebas contra el maltratador.


 

¿Cuántos abrazos y lágrimas has compartido con las mujeres maltratadas y sus familias como fiscal? 

Muchísimos abrazos e incontables lágrimas. De impotencia pero también de libertad de las víctimas que han salido de la violencia de género. De respeto. De dignidad de tantas familias. También quedan en mi interior las imágenes de mujeres y niños asesinados tras estudiar sus autopsias. Sus cuerpos sin vida. Asistir a sus juicios con sus familias. Pienso en Sergio de 8 meses asesinado por su padre en brazos de su madre junto a su madre Irina también asesinada en el mismo acto. Recuerdo a Leonor de 7 años asesinada en un régimen de visitas tras anunciarle a su madre Pilar que le daría donde más le dolería. Veo la habitación de Aarón con 5 años revuelta tras ser asesinado viendo como su padre mataba a su madre Estefanía. Ellos y ellas nos faltan pero quedan sus familias que unen sus lazos a los nuestros. Y me quedan sus abrazos y gratitud al recibir las sentencias ejemplares que condenaron a sus maltratadores delante de estas familias que nos dan lecciones constantes de dignidad en los juicios.

 

El sistema judicial ha cambiado desde tus comienzos. Desde tu puesto has visto cómo se ha pasado de ignorar e incluso ningunear a víctimas de violencia de género a la creación de un protocolo en el que el cuidado y atención a ellas sea lo más importante. Y sin embargo no dejan de llegar casos y más casos… 

Así es las víctimas de violencia de genero estaban escondidas, silenciadas tras los crímenes pasionales, dentro de la violencia familiar que las visibilizaba. La ley Integral L.O.1/04 y las reformas penales posteriores por primera vez las alumbraron judicialmente como víctimas de la violencia de género. No puedo dejar de nombrar a los movimientos sociales y la lucha feminista que desde los años 70 del siglo pasado fueron los cimientos de la nueva realidad social donde el legislador se inspiró. Se sacó a la víctima de su sombra dándoles entidad por sí misma. El hecho que haya más y más casos no es síntoma que haya más violencia de genero porque ignoramos lo que hay y lo que hubo escondida y silenciada. Hoy si conocemos la realidad que aflora y eso significa que se detecta y se combate.

 

Tu compromiso contra esta lacra se basa en el credo único de defender a las víctimas del cuestionamiento y la violencia infringida sobre todas las cosas.

Nunca olvido mi condición de jurista en un proceso. He de respetar un sistema judicial de partes, de derechos y contradictorio. En el conviven los derechos de víctimas y maltratadores. Pero en violencia de género ha de existir un plus extrajurídico: la empatía y el compromiso. Mi lado está siempre al lado de las víctimas: Dando voz, reconstruyendo sus derechos y los de sus hijos también víctimas directas de la violencia de género.

Cuando alguien cuestiona la violencia de genero con el falso mito de ser instrumentalizados los procesos por las víctimas en sus beneficios solo le contesto que me acompañen un día, una semana y vivan conmigo las historias de la violencia de género. Amparadas estas en sentencias, procesos y en datos reales. Recogidos en el día a día y que conviven en nuestras ciudades y cercanas a nuestras vidas.

 

Acabar con la violencia es directamente proporcional a poner sobre la mesa recursos económicos y medidas que aumenten tanto los profesionales cualificados como los juzgados. ¿Por qué puñetas no se invierte en ello?

Los medios materiales de la Administración de Justicia están delegados en cada Comunidad Autónoma. Desde la puesta en marcha de la Ley Integral todas las peticiones que he cursado sobre necesidades y apuestas, convenios y coordinación han sido escuchadas. Una víctima que se acerca a un juzgado o a una fiscalía tiene la certeza que va a ser atendida por profesionales expertos y especialistas en violencia de género. Las prioridades económicas y partidas presupuestarias en la lucha contra la violencia de Género dependen directamente del poder Político y no del sistema judicial. Si son necesarios más órganos judiciales de enjuiciamiento y que estos sean especialistas en Violencia de Genero. Esto ocurre en muy pocas ciudades. En Málaga si tenemos estos órganos pero muy saturados.

 

¿Cómo de difícil es remover, derribar y volver a colocar los cimientos de un sistema judicial hecho y pensado por hombres? 

Las mujeres teníamos prohibido ser juezas o fiscalas en base a una prohibición de optar a oposiciones. Hasta 1977 no pudimos entrar en la carrera judicial. Yo lo hice en el año 1987. Un sistema no acostumbrado a convivir con mujeres en los órganos judiciales. Las mujeres no solo estábamos vetadas en el poder judicial, el poder legislativo adolecía de la visión femenina y por tanto se legislaban leyes en masculino sin ningún tipo de perspectiva de género. Las mujeres no éramos sujetos independientes de derechos.

Hoy somos fiscalas y juezas en femenino. Muchas optamos por ser de violencia a la mujer. Mayoritariamente somos mujeres quienes hemos proporcionado asistencia jurídica a las víctimas, hemos atendido a sus familias, no solo jurídicamente, sino que hemos desarrollado y construido una habilidad empática a lo largo del trayecto de nuestra experiencia profesional. Este modo de atención se ha transformado en una capacidad, un saber que equilibra la razón técnica y legal con la habilidad en el manejo humano del sufrimiento que los casos de violencia de género llevan en sí mismos. Manejamos el dolor de forma tan directa que necesariamente nos penetra.

 

¿Encontrarse en el día a día con el silencio, la vergüenza y el desamparo de las víctimas es un acicate para continuar batallando?

El silencio es lo más característico de una víctima de violencia de género. Nuestra misión es no solo no cuestionar su silencio, sino trabajar lo que ese silencio esconde, empoderar a una víctima para que nos hable y traducir sus palabras en hechos delictivos y pruebas que sustenten el proceso contradictorio de violencia de género.

Tenemos instrumentos legales presididos por una magnifica Ley Integral con perspectiva de género, pero el silencio de una víctima se une en muchísimos casos con sentimientos de frustración y dependencia emocional a su maltratador incluso en procesos ya emprendidos aliándose con el Art. 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Este Artículo les permite no declarar contra sus agresores. Esta convivencia de dependencia emocional y Art 416 es una fuente inagotable de impunidad en los delitos de violencia de género. Los profanos y los discursos interesados lo confunden con el falso mito de las denuncias falsas que no tiene base empírica ni científica alguna.

 

Juzgados en los que víctimas y verdugos se cruzan en los pasillos no son el mejor espejo en el que mirarse…

Se trata tan solo de reorganizar los espacios judiciales. Algo que ya reconoce la propia Ley Integral. Espacios donde las víctimas no se revictimicen en presencia de su agresor y su entorno familiar. Evitándose que se carguen con el plus emocional de ser responsables de lo que le ocurra al maltratador y padre de sus hijos propiciando su silencio en el proceso en base al referido 416 que las silencia.

En Málaga hemos desarrollado un protocolo de asistencia a los espacios judiciales que evita estas situaciones. Creamos salas de victimas independientes con asistencia psicológica, tránsitos ajenos a los recorridos de los acusados y posibilidad de declarar por videoconferencia incluso dentro del mismo edificio o en sus lugares de origen. Ello además con las cámaras cerradas de televisión o cámara Gasset  con asistencia psicológica a los menores fuera del espacio judicial que garantiza que los menores no van a ver el espacio judicial donde se encuentra su padre y maltratador.

 

¿Del 0 al 10 cómo puntúas la perspectiva de género y conciencia feminista en los procesos judiciales?

Es esencial. Sin perspectiva de género no se puede juzgar un caso de violencia de género. Ese fue uno de los mayores logros de la Ley Integral: Especialización. Por ello se presume esa especialización a jueces, fiscales, forenses, funcionarios, abogados. Todos hemos aprendido el complicado proceso de la violencia de género. Solo falla a la hora de Juzgarse. Los asesinatos por Ley del Jurado y los procesos penales que se van a enjuiciar en causas penales en la mayoría de los órganos judiciales se adolece de la especialización y la ley integral quiebra ahí su apuesta por falta de desarrollo. Por ello mi puntuación será solo a medias. Mientras no exista una especialización al 100% no existirán logros al 100%

 

En más de una ocasión has dicho que en los casos sentenciados los asesinos cumplen sentencias firmes pero eso no basta para las mujeres, sus hijos o familias cuya vida queda marcada para siempre.

Es cierto. Los familiares son los olvidados de la violencia de género. Acaba el proceso, la sentencia y ellos quedan olvidados del sistema. Apenas acceden a indemnizaciones por la insolvencia de muchos asesinos y las ayudas del Estado por ley del año 1995 son muy rigurosas en el concepto económico porque han de ser reconocidos previamente como víctimas directas. Y allí quedan ellos como eternos excluidos del sistema sin sus hijas a veces sin sus nietos y abandonados a su suerte. Es muy necesario que no se sientan olvidados ni excluidos, que se les siga proporcionando asistencia psicológica y económica. Y que las memorias de sus víctimas, que son las nuestras, no se escondan en números y estadísticas. Tras las estadísticas están los nombres y las familias. Las vidas familiares truncadas por la violencia de género

 

¿Esos mismos casos son para ti una lección de dignidad? ¿Si la gente viese lo que tú ves se horrorizarían y levantarían frente a la barbarie machista de una vez?

Sin duda ninguna. El horror de la violencia de género está impregnado en cada historia de las heroínas y protagonistas de cada caso. Actos de denigración, devastación, atropellos a la dignidad de la mujer, violaciones, maltrato psicológico y delitos invisibles de violencia de género como los atentados a la integridad moral que cada mujer que en cada historia han soportado. Desde nuestra profesionalidad hemos de ver y reconstruir. Aprendo de cada una de estas heroínas y supervivientes de la violencia. Y de los actos de sus hijos, sus testimonios que nos sorprenden por su madurez a veces con más conciencia que sus propias madres sometidas al secuestro emocional de sus maltratadores. Historias de resilencia indescriptibles.

 

¿Las construcciones patriarcales se derriban con bombas de sororidad? 

Si. Hemos de alumbrar sus caminos con actos de sororidad. Maravillosa palabra de la Maestra Marcela Lagarde que encierra tanto y nos une tanto a las mujeres. Siempre digo que somos una hermosa cadena. Correas de transmisión. Mujeres de mujeres que nos necesitamos. En esta hermosa cadena pedimos y necesitamos el apoyo de los hombres, de la sociedad en bloque que se levante contra esta tragedia social. No podemos acostumbrarnos a vivir con ella. Es un acto de profunda injusticia acostumbrarnos solo a los recuentos, los minutos de silencio. Hay que ir más allá. Hay que ser activista contra la violencia de género. Donde se esté y de la forma que se pueda contribuir. Pongamos la igualdad siempre en nuestras vidas. En nuestras agendas. Porque la igualdad es el único camino y antídoto contra la violencia de género que yo conozco

 

¿Hasta cuándo los asesinos de la igualdad parecerá que han ganado la partida? ¿Hasta cuántas?

Habrá asesinos y habrá violencia de género mientras sigamos sin poder reinsertar a los maltratadores. Porque no asumen su condición. Sin ello no pueden reinsertarse. Fracasan los programas de igualdad y contra la violencia de género obligatorios a los maltratadores condenados porque no reconocen nunca su condición de tales. Y si lo hacen es para beneficiarse penitenciariamente. Ellos son padres, tendrán nuevas parejas y volverán a reincidir como están haciendo. Arrastran la construcción asimétrica de la pareja en su educación.

Pero nos queda la educación en igualdad a nuestros hijos. El respeto de este derecho: La igualdad. En el confluyen todos los demás derechos. Esa si es una apuesta segura a nuestras generaciones que nos siguen que han visto la tragedia de la violencia de género y han sido educados en el valor supremo del respeto a la igualdad.

 

¿Cuál es tu reflexión de empoderamiento para las supervivientes?

La reflexión la dejo en la voz de una poeta Cubana: Dulce María Loinaz y su poema “Si me quieres, quiéreme entera”. Ella, como la más grande poetisa Americana del siglo XX, premio Miguel de Cervantes de 1992 y Mujer de Leyes. Y lo hago así porque la cultura es una fuente inagotable de libertad y nos sirve para deconstruir un denostado sistema patriarcal donde se asienta la violencia de género.

“Si me quieres, quiéreme entera”

Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz y sombra…

Si me quieres, quiéreme negra

Y blanca. Y gris, y verde y rubia,

Y morena…

Quiéreme día,

Quiéreme noche…

¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda… O no me quieras!

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1 Comentario

  1. Sra. De Torres es grato leer sus opiniones. Aunque creo solo el ejemplo, los modelos nuevos de mssculinidad contribuiran al cambio. La educacion desafortunadamente no excluye los modelos patriarcales dominantes.

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