Nuestra infancia se escribió condicionado por renglones de lo blanco y lo negro, lo puro y lo impuro, a un lado el bien y al otro lado el mal, Caperucita Roja y el Lobo Feroz.  Y, sin embargo, a poco que fuimos creciendo, descubrimos las miserias de Caperucita y comprendimos el acto del Lobo Feroz. Y fue entonces que, un fuerte golpe nos estalló en el rostro porque nada era como nos dijeron que era. Damos cuenta en esos instantes que nos alejaron del Lobo Feroz no por miedo a ser devorado por él, sino para que no nos contara la versión de los sucesos, su versión de los sucesos, y también para que ello no originara sospechas sobre las miserias de Caperucita.

Y es que, el lobo más malvado es capaz de morir por cualquiera de los miembros de su manada, también es capaz de lamer la herida de otro miembro mientras postrado en el suelo se debate entre la vida y la muerte; y toda caperucita es capaz de odiar sin motivo, engañar para configurarse mayor protagonismo con los sucesos con los que pretende convencer, o posicionarse en alguna idea para que le redunde en un beneficio más elevado.

Nadie nos avisó que todo eso es así, que no hay lados donde solo brote o se fragüe la verdad primera y la verdad última, ni tampoco lados oscuros donde únicamente se origine la maldad del universo y se forje la mentira o el engaño. Si solo escuchamos la versión de Caperucita, nunca comprenderemos que hay más allá de los actos del Lobo Feroz.

Poco a poco hemos ido descubriendo los hechos verdaderos de lo sucedido en la casa de la abuelita, así como que la casualidad no fue lo que llevó al cazador a transitar cercano a la misma.  Poco a poco hemos encontrado la realidad, aunque nos duela, poco a poco hemos encontrado nuestras propias miserias.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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