A las 03:05 horas (GMT) del 30 de diciembre de 2006, y retransmitido por la televisión iraquí, Sadam Hussein, Ṣaddām Ḥusayn Abd al-Maŷīd al-Tikrītī en su propia lengua, era ahorcado por un grupo de excitados y torpes verdugos a los que el reo se enfrentó, con un ejemplar del Corán en la mano, demostrando, en algunos momentos, que era él el único que mantenía la serenidad en tan crítico momento.

Un tribunal nombrado por la Coalición internacional, liderada por Estados Unidos y de la formaba parte España, sentenció a muerte al dirigente iraquí por unos hechos cometidos hacia varios años, la muerte de 148 chiitas en la población de Dujail. Crímenes contra la humanidad, fue el delito cometido.

Cayó Husseim, posteriormente Gadafi, abatido por tropas francesas que contaban con información de los estadounidenses, y más tarde el egipcio  Mubarak, todos ellos, los dos primeros en sus últimos años de mandato, aliados de Occidente. Mubarak fue depuesto por la fuerza de su cargo de presidente de Egipto y condenado a cadena perpetua, que luego fue revisada.

Y tras sus muertes llegó la Primavera Árabe que tantas ilusiones y esperanzas llevó a esos países y que ha dejado naciones rotas, enfrentadas, atentados salvajes, los últimos en Bagdad en los últimos días con más de un centenar de muertos y, en algunos casos, guerra.

Ahora que se han hecho públicas las conclusiones del Informe Clilcot, elaborado por Sir John Clilcot en el que se dice que la invasión y posterior guerra se basó en pruebas falsas, -la existencia de armas de destrucción masiva-, además de que las tropas estaban mal equipadas y que la postguerra fue un desastre. De hecho, Irak tras la guerra no ha conseguido la paz ni un solo año, e incluso un mes.

Guerra Irán-Irak

Hussein fue, en efecto, un aliado de Occidente y como tal se enfrentó con  Irán en una guerra que duró ocho años y con mucha sangre de por medio. La guerra quedó en tablas pero el entonces dirigente iraquí quiso cobrarse lo que el entendía como botín de guerra y lo hizo: Kuwait, que ya perteneció a Irak.

Sadam Hussein defendió aquello porque llegó a decir, a través de sus portavoces, que ese era el acuerdo al que llegó con Estados Unidos por la guerra contra Irán. Otra coalición internacional, de la que también formó parte  España “liberó” Kuwait. En ese conflicto contra Teherán los iraquíes utilizaron armas y equipamiento militar proporcionado por Washington y por París, incluso parece ser que armas químicas, lo que posteriormente le achacaron a su exaliado para justificar la invasión de sus país.

Tony Blair se ha excusado, Aznar poco y Bush, menos. Pero a Sadam Hussein lo mataron y en esa guerra murieron miles de iraquíes para que a su conclusión las cosas en ese país quedaran peor que estaban.

El actual embajador  de España en el Reino Unido, Federico Trillo, declaraba esta mañana a una emisora que el papel de España en aquel conflicto fue “político” y que no se disparó ni un solo tiro. No es eso lo que han contado los militares españoles que estuvieron en aquel conflicto si bien es cierto que se utilizaron las armas en acciones defensivas.

El ministro responsable de la catástrofe del Yak42, 62 militares españoles muertos, no recuerda ahora el asesinato en Irak de siete agentes del CNI el 29 de noviembre de 2003. Y ni siquiera defiende el gran trabajo que hicieron estos agentes sobre el terreno en cuanto a la protección de las tropas españolas.

También y en cuanto al accidente del avión Yakolev si no hubiese sido por la tenacidad de sus familiares el caso no hubiera llegado nunca a la Audiencia Nacional. Al final un general un comandante y otros mandos condenados. Ni un solo político.

Blair se ha hecho rico pronunciando conferencias por todo el mundo,  Aznar se ha hecho rico asesorando empresas y George Bush sigue dándolo vueltas a por qué se atragantó con una galleta.

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