Una vieja publicidad argentina de vino (https://www.youtube.com/watch?v=og6e5wXNZVw) afirmaba que había que llamar a las cosas por su nombre, y proponía llamar al pan, pan y al vino Toro, que era la marca que financiaba el spot.

Hoy habría que recordar esa vieja recomendación y recuperar el eje temático del aviso, el llamar a las cosas por su nombre. Y en estos días en los que la Justicia argentina avanza en investigar e intentar desentrañar patrones de conducta respecto a la denuncia de circuitos de financiamiento espurio de la política y de ciertos políticos, conviene llamar a las cosas por su nombre.

A inicios de los 80, cuando muchas cosas debían llamarse de manera metafórica por la censura vigente en Argentina, cuando no se podía decir las cosas como corresponde, Miguel Ángel Trelles (https://www.youtube.com/watch?v=IMTsVWOH_Qc) casi de manera profética hablaba de ‘Eso que algunos escriben y que luego esconden temblando de miedo sintiendo la fuerza tremenda del viento que crece al oír su voz.’, y cuando 35 años después aparecieron unos cuadernos con ‘la ruta de la corrupción’ (https://principedelmanicomio.wordpress.com/2018/08/02/el-odebrecht-criollo), este párrafo de la canción parece hecho a medida.

Por eso es importante no usar eufemismos en estos casos. Cuando existen tantas pruebas en su contra y los imputados y detenidos deciden acogerse a la figura del ‘arrepentido’ para colaborar con la justicia, y la justicia los acepta como tales, quedan en claro dos cosas: la primera, que ya no se puede discutir sobre la certeza o no de los hechos, puesto que desde el momento en que se auto inculpan y asumen su responsabilidad están validando los hechos denunciados; la segunda, que en realidad no se trata de ‘arrepentidos’ sino de delincuentes, que a cambio de ver reducida su condena deciden colaborar con la Justicia.

No están arrepentidos de nada, porque no es que un buen día tuvieron una epifanía y se dieron cuenta que estaban equivocados en su accionar y decidieron redimirse. Muy por el contrario, buscaron por todos los medios poder disfrutar del dinero mal habido lejos de las garras de la justicia.

Y a tal punto llega la mentira del ‘arrepentimiento’ que los empresarios involucrados, casi todos ellos de las empresas más importantes del país, argumentan que cometieron delitos ‘obligados por las autoridades del momento’, como si les hubieran puesto una pistola en la cabeza para coimear, pero cuando se produjo el cambio de gobierno ninguno de ellos tuvo la valentía de presentarse espontáneamente en la Justicia para que ésta investigue lo ocurrido. La realidad es que una vez acorralados, y temblando de miedo por lo que se les avecina, están dispuestos a entregar a sus delincuentes cómplices a cambio de mejorar su situación. Más que arrepentidos se trata de verdaderos buchones, delatores, traidores que, al decir de Serrat, ‘que por la hembra y el retaco deja hasta el tabaco’ (https://www.youtube.com/watch?v=Mzj3H_qOrAs).

Al otro lado del mostrador, delincuentes de guantes blancos, saco y corbata que se hacían llamar funcionarios públicos y que en lugar de estar al servicio de la ciudadanía lo que hicieron fue aprovecharse de un lugar en el escalafón de la administración pública para robar todo lo que se pudiera en nombre del proyecto para el Jefe y la Jefa (https://principedelmanicomio.wordpress.com/2018/08/14/fabricantes-de-mentiras).

Cada vez queda más claro que Cristina Fernández, quien para todos aquellos que militaban en su agrupación política era ‘la Jefa’, en paralelo era la Jefa de una banda de ladrones que, como cantaba Joaquín Sabina, ‘nos robaron todo’ (https://www.youtube.com/watch?v=c8YuSEY4vvg9).

Entonces dejemos de llamar ‘arrepentidos’ y volvamos a llamar a las cosas por su nombre, y al que roba llamémosle delincuente, ladrón de dinero, de sueños, de ilusiones, porque puestos a llenarse los bolsillos, se llevaron todo cuanto tenían a su alcance.

Argentina fue gobernada durante más una década por una banda de delincuentes que a fin de consolidar su poder y con la finalidad de poder robar y enriquecerse hicieron verdaderos estragos en el país. Cooptaron jueces, fueron cómplices de empresarios, sobornaron periodistas, le mintieron al pueblo, y todo recubierto por un discurso de estar haciendo lo que había que hacer. Delincuencia y populismo, y viceversa.

Y si hicieron todo esto para llenarse de ‘platita’, reaparecen las dudas sobre su comportamiento respecto a quien buscara entorpecer tal situación. Volviendo entonces a Sabina y su ‘Palabras como cuerpos’, si llamamos ladrón a quien roba y traidor a quien para salvar su pellejo abandona a sus cómplices, quizás estemos cerca de poder tener mayor claridad de lo ocurrido con el Fiscal Federal Alberto Nisman y ‘y al que mata llamarle de una vez asesino’.

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