Si buscamos el punto de partida del asociacionismo artesanal medieval, nos encontramos en la tesitura de tener que meditar sobre un origen a partir del estudio de las diferentes teorías existentes. Teniendo en cuenta tal dificultad, debemos mirar hacia Europa para posteriormente centrarnos en el territorio que nos ocupa en el estudio que realizamos.

Las más antiguas asociaciones de artesanos las encontramos en Alemania y Gran Bretaña a finales del siglo XI y principios del XII. En torno a éstas, como también a las francesas de mediados del siglo XII, existen teorías que hablan del asociacionismo laboral como un fenómeno heredado de los tiempos clásicos, la hipótesis romanista que convertía a los oficios medievales en herederos del Bajo Imperio, descendientes de los antiguos collegiae. Teniendo en cuenta esta suposición, deberíamos creer que a pesar de la caída del mundo urbano durante la Edad Media, las corporaciones de oficio hubieran pervivido, aunque hay que tener presente que esta teoría se ha abandonado a día de hoy.

Otra de las ideas que intentan explicar el origen del gremialismo medieval la encontramos en la teoría de la asociación libre y voluntaria de los artesanos, idea que se basa en el modelo de las guildas. Algunos historiadores, sin embargo, insisten en el surgimiento de corporaciones de oficio. Los primeros conocidos (Milán, Florencia, Chartres o Estrasburgo) son productos de los poderes señoriales, que consiguen controlar las actividades de producción.

Una cuestión que debe relacionarse con el surgimiento de este asociacionismo lo encontraríamos en el sentido de la ayuda mutua, algo normal dentro de una sociedad donde predominaban los valores cristianos de comunión y caridad. Teniendo en cuenta la idea expresada, junto con la conjetura de un asociacionismo libre y voluntario, podemos poner como ejemplo el caso de los territorios flamencos, puesto que diferentes estudios hablan de estas agrupaciones como un ejemplo de surgimiento libre y voluntario con un sentido mutualista. Estos grupos flamencos de artesanos, hicieron de las corporaciones fuertes defensivos frente al poder señorial, aunque no contarían con ningún tipo de título jurídico en sus comienzos.

Las asociaciones de mesteres en Europa estarían influenciadas por las guildas, colectividades voluntarias que favorecen el surgimiento de una nueva sociabilidad, que se forma en la ciudad a partir de la pertenencia a un oficio determinado, y en la que uno se integra por libre elección. Estas guildas de mercaderes habrían surgido en torno al siglo XI, puesto que hasta el siglo X el único sentido que tenían era la defensa mutua en un ámbito plenamente religioso. Otro modelo de vínculo social que se impone progresivamente es el de la Universidad, en la Edad Media no es más que una asociación de docentes, ejemplo de París u Oxford, o de estudiantes, como Bolonia. Estas asociaciones de docentes o estudiantes pueden ser consideradas como una guilda ampliada al conjunto de los ciudadanos. No olvidemos el modelo social de la Edad Media, el señor era un elemento poderoso en la sociedad medieval, si meditamos esto podemos plantearnos que esos grupos mutualistas fueran útiles para la defensa de sus intereses frente a la aristocracia.

Partiendo de estas teorías que explican el origen de las corporaciones de oficios a nivel europeo, podemos utilizarlas también para hablar del origen en los territorios castellanos. Dentro de este aspecto hay que matizar una diferencia importante, puesto que en Castilla hubo un cierto retraso económico y social a consecuencia de la Reconquista.

¿Cómo podrían haber llegado a Castilla influencias del modelo de asociación de artesanos? Podemos encontrar diferentes maneras de transmisión; conflictos bélicos, la religiosidad del Camino de Santiago y las ferias e intercambios comerciales.

Con la llegada de los caballeros francos para ayudar a Alfonso VI habrían aparecido cofradías, además, esta influencia se extendería hasta el final del periodo medieval. La otra vía de contaminación sucedería a partir de la apertura a Europa que permitiría la llegada de mercaderes extranjeros al Reino, los cuales podrían haber dado a conocer la unión de mesteres en corporaciones. La llegada a territorio castellano produciría una corriente migratoria que conduciría a un crecimiento de las nuevas ciudades localizadas en el Camino de Santiago, lugar importante para las actividades comerciales junto con la importancia religiosa que tendría. La peregrinación se convirtió en vehículo de aportaciones demográficas, institucionales, económicas, culturales… que acabarían por desplazar a un segundo plano el hecho puramente religioso.

El camino de Santiago fue cauce de una intensa corriente repobladora que se desarrolla a lo largo de los siglos XI, XII y XIII, el ejemplo más claro es el de las poblaciones de origen franco que se van formando, el interés de los monarcas hispánicos por estimular estos asentamientos es amplio, puesto que  servían para compensar el continuo drenaje demográfico que las reconquistas y repoblaciones de la frontera imponían a las poblaciones del norte. Además, este fenómeno iba a suponer una importante reactivación de la vida económica por la vinculación de los francos con las actividades comerciales y artesanales en los centros urbanos que los acogen. Burgos es un ejemplo de ciudad que experimenta un amplio crecimiento a raíz de la aportación del camino de Santiago, conoció un notorio desarrollo de la actividad artesanal y mercantil que la llevó a expandirse hacia la margen derecha del río Arlanzón.

Ahora bien, para que nacieran corporaciones de mesteres no sólo debió haber presencia de una difusión, sino que también habría existencia de una motivación, a consecuencia de la situación económica que crease la necesidad de asociarse con las características propias de caridad y ayuda mutua. Surgirían de manera voluntaria en forma de cofradías, ya que eran la única manera de asociacionismo posible, y dentro de ellas se perseguirían los fines por las que habían sido creadas. La necesidad de mutualismo sería el factor principal que debió impulsar al surgimiento de cofradías de oficio.

El origen de las corporaciones tiene como objetivo, como hemos citado en varias ocasiones, la ayuda mutua entre los miembros de un mismo oficio, así como también buscar el control de la producción para evitar la competencia entre los artesanos de un mismo mester. Ajenos pues al libre juego de oferta y demanda, esta intención de controlar la producción surgirá en el momento en que se sientan amenazados, es decir, cuando vean que su posición es débil ante el crecimiento económico y poblacional de las ciudades, que sería el factor que aumenta la competencia. La necesidad de asociarse viene acompañada de la imposibilidad de defender estos derechos y lograr una mejor posición socioeconómica de manera individual. El profesor Sánchez Herrero, en  sus estudios sobre asociacionismo, define a las Cofradías como una asociación de personas de un mismo oficio cuyos fines son; fraternales, laborales, políticos y económicos.

La ayuda mutua o solidaridad de oficio es un elemento interesante a analizar para comprender las actitudes de los cofrades y su sentido de la caridad. Los asociados entienden que la caridad empieza por su propio grupo, se puede decir que dieron un abanico de seguridad social para sus miembros, valga el anacronismo. Entre las obras de ayuda, además de las actividades meramente religiosas y devocionales, incluyeron casi siempre servicios funerarios en caso de que el cofrade tuviese dificultades para enterrarse, esta era la única manera de garantizar un enterramiento digno a la inmensa mayoría de la población que no podía permitirse el coste del enterramiento. La realización de misas dedicadas al alma de los asociados era un elemento importante, unía el sentido de religiosidad que había en la sociedad junto con la ayuda al asociado difunto ya que se daba para su descanso eterno.

En caso de enfermedad, el enfermo cofrade, era socorrido por sus compañeros, los discapacitados y ancianos que no podían trabajar eran mantenidos con el dinero de la cofradía, aquellos que estuvieran desempleados o que hubieran sufrido un robo, serían también socorridos con los caudales de la corporación. En el caso de que el difunto tuviera familia y se quedara desprotegida, era la cofradía a la que perteneciera la encargada de ayudarla. Podemos ilustrar esto con el ejemplo de la “cofradía de pescadores de San Pedro de Bermeo; establecieron en 1350 que si dos pescadores firmaban una compañía a medias para ir a pescar y uno de ellos moría, el otro estaría obligado a mantener a la mujer e hijos del fallecido mientras durase el tiempo del contrato”.

Algunas cofradías de oficios contaron con Hospitales, los cuales eran destinados a ayudar a los necesitados, además de a los miembros de la cofradía, en el caso de Astorga, la cofradía de San Martín formada por zapateros, contó con un hospital propio, cuyo objetivo fue el de ayudar a los cofrades pobres, vestirlos, atenderlos en la enfermedad y enterrarlos.

 

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