En nuestro país las leyes hablan de “libertad religiosa”, pero apenas inciden en la libertad de conciencia, ni en la defensa de la laicidad como derecho real de respeto a las diferentes opciones morales y espirituales de la ciudadanía, que no siempre se reducen a las religiones.

La laicidad es una propiedad, carácter o condición de algo, generalmente aplicable a las instituciones, y por excelencia al Estado, de ahí las expresiones “laicidad del Estado” y “Estado laico”.

En palabras de Luis María Cifuentes, Fundación CIVES, existen ciertos elementos que configuran la acción de ejercer una laicidad real; la libertad de conciencia individual, la igualdad de todos y todas ante la ley, la total separación del Estado de las religiones en el ámbito jurídico y político y la defensa de la tolerancia y del diálogo intercultural e interreligioso. Para en el Estado laico no puede haber discriminación positiva o negativa hacia un grupo determinado en razón de sus creencias”. Así, por definición, la laicidad no tiene que ver con la religión como tal, a la que respeta profundamente, sino con su régimen de influencia en la esfera pública.

Nuestra actual Constitución no incorpora la idea de laicidad de Estado, consagra el principio de no discriminación por razón de religión pero no refrenda la neutralidad del Estado ante el hecho religioso. El Estado Español tiene que realizar un esfuerzo para la integración de opciones diferentes personales bajo un mismo concepto de ciudadanía y para ello, se deben derogar tratados internacionales que nos obligan al mantenimiento económico de confesiones religiosas, cambiar la Constitución y la voluntad de nuestros representantes democráticos para buscar la neutralidad del Estado en cuestiones espirituales o, incluso mejor, su imparcialidad, y la laicidad es la herramienta necesaria para esa integración, desde la que se puede garantizar la libertad de elección y de representatividad.

El laicismo, contrariamente a lo que muchas personas creen, no es un movimiento antirreligioso, su objeto fundamental es defender la libertad de conciencia, la igualdad de trato entre todas las opciones espirituales y la dedicación del interés político a lo común y universal y no a lo particular. La existencia de un Estado y de un espacio público laico, asegurarán la coexistencia armoniosa en un país, así como la paz y el respeto, por lo que podría decir que el laicismo es sinónimo de fraternidad y sororidad.

Por lo tanto, la laicidad es el principio fundamental de la democracia. Es esencialmente el marco de respeto y de tolerancia a la libertad de cada persona y a su elección privada. Para todo ello es necesario un fuerte compromiso de la comunidad, porque la verdadera libertad, para que no sea pura teoría, necesita un gran sentido de la responsabilidad.

Los y las militantes del PSOE, en su ultimo 39 Congreso Federal defendemos la consolidación de un Estado Laico que garantice los valores derechos y libertades civiles adecuando su legislación a las características propias de una sociedad abierta, plural y compleja respetando las convicciones y expresiones ideológicas, religiosas, culturales y de género de todos los ciudadanos y ciudadanas, y trabajaremos en los diferentes espacios políticos e institucionales para que ello sea posible.

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