Si revisamos la cartera de hipotecas de las diferentes entidades, junto con los tradicionales préstamos hipotecarios variables y las hipotecas fijas, tan de moda ahora, encontraremos un tercer tipo de hipoteca del que no se suele oír hablar: las hipotecas a tipo mixto. ¿Qué tiene este tipo de producto para que su difusión no termine de popularizarse entre los españoles?

¿Qué son y cómo funcionan?

Tal y como su nombre indica, las hipotecas a tipo mixto son préstamos que combinan tanto el tipo de interés variable como el fijo de manera alternativa. Es decir, en primer lugar, la entidad nos propondrá un tipo fijo durante un período que va de los tres años hasta los veinte, para continuar con lo que nos quede de plazo con un tipo variable.

Hay que decir que en la actualidad las hipotecas variables apuestan por comenzar con un interés fijo, pero este se limita a un máximo de dos años y después cambia a la fórmula de índice de referencia más diferencial para componer el interés de nuestro préstamo.

¿Qué significa esto para mi bolsillo?

Para comprender el efecto que producen las hipotecas mixtas, tenemos que ampliar un poco nuestro enfoque y mirar el contexto en el que nos encontramos. En la actualidad el euríbor continúa su descenso por el terreno negativo, arrojando una última cotización de -0,147 % al cierre del mes de junio, su mínimo histórico.

En un contexto de tipos bajos, la opción más interesante es aquella que nos permita aprovechar precisamente la bajada de los índices, como precisamente sucede con el tipo variable, apuntan desde el comparador de finanzas personales HelpMyCash.com. En esta modalidad, podemos aprovechar estos primeros años de euríbor en negativo para hacernos un pequeño colchón que asegure nuestra economía de cara a un escenario futuro de tipos elevados, en el que, además, resultaría más interesante realizar amortizaciones anticipadas.

Las hipotecas mixtas impiden este ahorro inicial al imponer un interés fijo que hará que nuestro bolsillo no note el potencial ahorro del tipo variable. Además, en ese futuro que acabamos de mencionar en el que los índices vuelven a subir, comenzaría precisamente el tramo de la hipoteca a interés variable, dejándonos expuestos a cuotas más caras.

En definitiva, con las mixtas el ahorro potencial inicial se bloquea y se acaba pagando más, y en el futuro no protegen de una posible subida de índices.

Fija vs. Variable: ¿con cuál me quedo?

Al eliminar el tipo mixto de nuestras posibles elecciones, sólo nos quedará decidirnos entre una hipoteca fija o una variable y la mala noticia es que no existe ninguna fórmula matemática que nos permita saber cuál nos conviene más.

Nos conviene una hipoteca fija si pensamos que la economía se está reactivando rápidamente, ya que esto provocaría una subida de los tipos y, por ende, un aumento de nuestras cuotas mensuales. A corto plazo y en este escenario optimista, la hipoteca fija nos costaría un poco más en estos primeros años, pero en el futuro nos refugiaría de la subida del euríbor (o el índice al que se referencie nuestro préstamo).

Por el contrario, si pensamos que la sombra de la crisis será larga y la recuperación de la bonanza económica será lenta, una hipoteca variable nos puede proporcionar un suculento margen de ahorro.

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