Málaga, la capital de la Costa del Sol española y de su provincia, ha sido -hasta hace pocas décadas- mero paso hacia las playas de un atractivo litoral. Su puerto, carreteras y aeródromo eran nexo de la antaño dormida metrópolis con sus destinos en la costa y la montaña. La llegada a la alcaldía malagueña de Celia Villalobos (1995-2000) y Francisco de la Torre (desde el 2000) transformó para bien aquella capital andaluza.

Sendos alcaldes impulsaron la implantación de nuevos museos, hoteles, restaurantes, centros comerciales, peatonalizaron el centro, alargaron avenidas, se construyó el metro, carril bici y añadieron líneas de autobuses que interconectan el extenso término municipal malagueño. También, y gracias a lo sembrado por el antecesor de Villalobos y De la Torre, el fallecido cirujano Pedro Aparicio (1979-1995), se pavimentaron 53 barrios, se regeneraron zonas degradadas que devolvieron a Málaga al podio entre las capitales españolas más visitadas y cotizadas para vivir, disfrutar de sus encantos e invertir. El cercano Parque Tecnológico de Andalucía se contagió del frenetismo y creación de nuevos empleos para revalorizar la capital sureña.

El boom malagueño multiplicó visitantes con cruceristas recorriendo sus calles desde su renovado puerto. Los turistas visitan los monumentos más emblemáticos y disfrutan de una excelsa gastronomía. Más pasajeros llegan al ampliado aeropuerto ‘Pablo Picasso’, que presume de tener más destinos europeos de los españoles. El éxito indicado no durmió en los laureles a los emprendedores locales. Creció, en las dos últimas décadas, la oferta gastronómica, residencial y cultural que resucita la importancia que le dieron los fenicios (Malaka) o los romanos (Malaca) como baluarte su poderío a la Málaga que conocemos hoy. La atalaya de Gibralfaro es el vigía protector de un acogedor puerto de abrigo. Ahí fue donde germinó la capital gracias a su geoestratégica ubicación.

La capital costasoleña ingenia recursos y activos para su desbordante ola de visitantes. Ha reconfigurado las zonas céntricas con nuevos negocios, reconvierte edificios en ruinas o inactivos y hasta se proyecta un rascacielos en la zona portuaria que será un icono oficioso que la iguale con las grandes capitales del mundo.

Málaga, la capital de la Costa del Sol, ingenia nuevos recursos y activos para contentar a su desbordante ola de visitantes

Una frenética moda en Málaga es reconvertir azoteas de bloques y hoteles en terrazas donde sacar partido a lo lúdico, al relax o saborear una capital mediterránea que no pasa desapercibida. Esa tendencia hace furor en otras capitales españolas (Sevilla, Madrid, Barcelona…). Hereda los penthouse anglosajones o restaurantes-discoteca panorámicos que coronan torres o rascacielos en los centros financieros del mundo. Málaga desde sus terrazas se mira a sí misma, a su bahía y a los montes que la circundan en sus casi veinte kilómetros de extensión por el litoral que atrapa desde sus calles y avenidas.

Nos preguntamos, entonces, ante tal realidad quién mira a Málaga y desde dónde. Y Meliá Hotels International, líder del sector turístico español, latinoamericano y del Caribe, nos acaba de dar la respuesta adecuada. Eligió el emblemático Meliá Costa del Sol sito en playa del Bajondillo, término de Torremolinos, para construir una terraza de nada menos 1.200 metros cuadrados que corona una de las dos torres del espacioso complejo hotelero costasoleño.

Situada en la décima planta del hotel bautizaron a la terraza como ‘Rooftop Sky & Sea’. Se plantea como espacio exclusivo ‘sólo para adultos’. Ahí se reparten piscina, bar-restaurante y una terraza-solárium. Es lugar ideal donde disfrutar del privilegio de admirar –de un lado- Málaga en su plenitud los días claros, la constante llegada y salida de aviones del aeropuerto y disfrutar de una bahía en la que perdemos la vista maridando mar y montaña. De otro, la vista alcanza hasta Benalmádena, Puerto Marina y el barrio pesquero de La Carihuela, donde constatamos se degusta el mejor pescado y marisco fresco. Siempre, desde el ‘Sky & Sea’ vemos las relajantes aguas del Mediterráneo. Es una experiencia única, sólo factible desde este acogedor baluarte.

La terraza que visitamos combina gastronomía, relax y diversión. Oferta cocina de tendencia con platos-fusión, sushi más un viaje sensorial por sabores étnicos con ‘fingerfood’ de los cinco continentes. No se olvidan pescados, mariscos y carnes a baja temperatura en horno japonés ‘Kamado’. Tanta primicia es mejor disfrutarla en buena compañía. El relax que sigue se disfruta con hamacas y camas balinesas en ambiente selecto con la mejor música. ‘Sky & Sea’ puede reservarse para fiestas o eventos y se oferta música de Jazz y Dj’s para no olvidar en vida momentos inolvidables.

 

Un hotel singular, único

El Meliá Costa del Sol es un establecimiento veterano en la cuna del turismo español, Torremolinos. Abierto en 1976, la antigua pedanía malagueña alojó vanguardias, bohemia, intelectualidad… Atrajo a VIPs, aristócratas, políticos y artistas desde hace casi un siglo. En 1930 Gala, amante y modelo de Salvador Dalí, hizo el primer top-less posándose en la arena. No fue casualidad, más de trescientos días de sol al año y un microclima paradisiaco hacen lo propio para disfrutar de este rincón del sur español.

El turismo español tal y como lo conocemos arrancó, repetimos, en Torremolinos. Muchos años antes de multiplicarse torres en una playa salvaje llamada Benidorm, del poblado pesquero que era Marbella o de elegir -en Baleares- los ‘hereu’ tierras de labranza en detrimento de las del litoral, hoy precio de platino. En 1959 abrió en playa de La Carihuela el Hotel Pez Espada ante la incredulidad de sus vecinos. En sus suites se alojaron Frank Sinatra, los Reyes Feisal y Balduino, Marlon Brando, Anthony Quinn… La parrilla-restaurante que dirigía el inolvidable Luis Callejón hizo bailar, cantar y disfrutar a los personajes y VIPs del momento. La carne asada fue el pretexto.

El Meliá Costa del Sol es, sin embargo, hotel de mayor tamaño. Tiene 560 habitaciones repartidas en dos bloques de diez plantas cada uno. Todas las estancias tienen vistas al Mediterráneo. Un ‘Thalasso Spa’ de agua marina de 350 metros cuadrados, gimnasio bien dotado y un servicio exclusivo, ‘Level’, que personaliza servicios y espacios exclusivos para viajeros y ejecutivos. También, encontramos Executive y Junior Suites con vistas panorámicas que le otorgan al Hotel 5* reales aunque se categoriza como de 4*. Este Meliá tiene precios muy razonables para lo que oferta. Añade en su web promociones competitivas, excepto en época estival. Entonces, es imposible lograr habitación.

La crisis sufrida por la economía mundial desde la última década sirvió al Meliá Costa del Sol como reto y desafío para renacer cual Ave Fénix y reciclarse al siglo XXI. Elevó estándares de calidad y excelencia, mantener la plantilla y multiplicar facturación o ocupación. Ese fue el objetivo de la Comunidad de Propietarios del Hotel que preside Gonzalo Sevillano. Meliá les arrienda el Hotel y es parte de la Comunidad.

Esta original fórmula se repite en otros hoteles de dicha multinacional española que cotiza en bolsa (Meliá Castilla –Madrid–, Alicante y los dos de Sierra Nevada). Otros retos superados por el Meliá Costa del Sol triplicaron plazas del parking en zona donde es complejo aparcar. Un vanguardista Centro de Convenciones, anejo al Hotel, tiene capacidad para 600 asistentes en diferentes espacios y plantas. Todas las habitaciones y zonas comunes fueron renovadas durante los últimos años en clave de sostenibilidad. Parte del antiguo mobiliario se usó para darle nuevos cometidos.

En 2019 el Hotel abrirá nueva terraza, similar al ‘Sky & Sea’, que duplicará la oferta de servicios selectos y para todos los públicos del Meliá Costa del Sol. Lo que distingue al hotel de sus competidores es, además de su ubicación a pie playa, es tener un equipo directivo y plantilla entregada al servicio de los clientes. Ello añade valor a una profesionalidad avalada por los comentarios en la red de sus miles de usuarios. En este Meliá degustamos gastronomía local, española e internacional. Pueden disfrutarse cócteles con música en vivo o bajo las estrellas de sus terrazas y salones. Al frente del Hotel está Carlos Franco. Este leonés cuida, entre bambalinas, para que visitar el Hotel sea una experiencia en la que el huésped se sienta como en casa y protagonice su viaje. Franco sucede a Enrique Civantos, presidente de Academia de Gastronomía malagueña.

El Meliá Costa del Sol es un hotel del siglo XXI no olvida las tradiciones culinarias locales en Gastrobar La Proa. Su integración en la zona y respeto medioambiental son parte de sus señas de identidad. Apreciamos que el hotel aloja a la universalidad costasoleña: turistas, parejas de enamorados, grupos de jóvenes, jubilados europeos, asiáticos, rusos y americano, familias, ejecutivos de empresa, pilotos y azafatas, veraneantes sin fin y clientes fieles. Gran parte consuman la promesa de regresar en cuanto pueden al lugar donde está cerca el bienestar del cuerpo y del alma.

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