Para Juana Rivas la sentencia dictada el pasado viernes 27 de julio por el juez Manuel Piñar es una piedra más en el duro y tortuoso camino de recuperar a sus hijos que piensa saltar. Un guijarro que a la madre granadina no la va a hacer “decaer en su empeño de luchar contra viento y marea y contra todo lo que haga falta”, porque a ella, lo único que le importa y le ha importado siempre “es el bien de mis hijos y mantenerlos lejos de un padre maltratador”. Actuación que como ella no se cansa de repetir en cada entrevista que hace, “solo entienden las madres que sufren o han sufrido violencia de género y que sabemos que antes que nada está la felicidad y la seguridad de nuestros pequeños”.

Tras el disgusto de ese nuevo mazazo judicial, Rivas ha decidido desconectar su móvil, refugiarse en casa de una amiga y cargar pilas en su alma para seguir adelante. “Ya no sé cómo decir que no me vengo abajo, que no voy a decaer, que voy a seguir en la lucha. Aunque ahora, después de lo ocurrido, me siento como un pulpo apaleado al que le dan golpes por todos los lados y siente dolor en muchas partes de su interior y se siente blandito, yo sigo adelante, cueste lo que cueste. Mis hijos lo necesitan y se lo merecen”, dice.

Compañeros de fatigas que no decaen

Y en ese seguir adelante Juana se apoya en su familia de sangre, en especial su madre, pero también en su otra familia, la del equipo jurídico con el que cuenta y que como comenta Juan de Dios, uno de sus abogados coincide con Juana en que “esta respuesta del magistrado Piñar, era algo que cabía podía pasar y para la que ya estábamos preparados. Por eso que a la gente no le quepa duda que vamos a seguir adelante, con más fuerzas aun si cabe, para que se haga justicia en mayúsculas. Que nadie dude que seguiremos al lado de Juana siempre y que vamos a recurrir esta sentencia brutal y las que se pongan por medio y acabaremos ganando”, señala.

Otra de las figuras que muestra su incondicional apoyo a Juana es Paqui Granados, asesora Juridica del Centro de la Mujer del Ayuntamiento de Maracena y quien nos reconfirma que “Juana pasados estos días está mejor, dentro de lo que cabe”. Un estado de ánimo que también se extrapola en la voz y el tono de esta licenciada en Derecho y profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada. “Estoy bien porque esta decisión judicial me da fuerza, vamos a seguir adelante y no vamos a parar”, reconoce telefónicamente.

 

¿Cómo defines la sentencia de Manuel Piñar?

La sentencia es un acto cruel y de desobediencia a la normativa nacional y europea sobre derechos humanos. En concreto sobre protección de los derechos de la infancia y de las víctimas de violencia de género. No sólo persigue castigar duramente a Juana y sus hijos sino que persigue anular todo el sistema público de apoyo a las víctimas, desacreditando a las y los profesionales que trabajamos en él. Sin duda es una reacción visceral al cambio social que con mucho esfuerzo estamos conquistado quienes luchamos con Juana por una sociedad en igualdad.

“A quienes no dudan en dictaminar sobre el caso Juana Rivas les pido, por respeto al sufrimiento de los hijos de Juana y de Juana, que dejen de desinformar”

Su sentencia vulnera todos los principios básicos sobre los que ha de sustentarse un fallo. Hablo tanto desde la perspectiva ética y de corte filosófico, que me hace tildar su decisión de barbarie ya que no entra en los cánones de lo que es un sistema moderno de justica; y también desde la perspectiva técnica. No cumple con los elementos que la normativa exige. No es nada rigurosa.

 

¿Qué le recomendarías a este magistrado?

Yo, que sí que respeto el Estado de Derecho, le recomendaría al Juez del Juzgado de lo Penal Número 1 de Granada, que recuerde lo que debió de aprender en la Facultad de Derecho y en la preparación de sus oposiciones: que su función es la de aplicar el Derecho vigente. Es decir: la Ley Integral contra la Violencia de Género, la Ley de Protección Jurídica del Menor, el Estatuto de la Víctima o el Convenio de Estambul, entre otros. Su trabajo es interpretar todo conforme a los valores y principios recogidos en la Constitución y en las leyes que otro poder del Estado, el Parlamento, establece. Quien no respete estas reglas de juego básicas, no debería de ejercer una función tan clave, como es la judicial.

 

¿Su actuación es reflejo de un sistema judicial patriarcal que marca su territorio como haga falta?

Así es. Son los coletazos salvajes del sistema que se siente acorralado, y el juez a través de él. Eso tiene de malo que se pasan por momentos malos, muy delicados y dolorosos como los que Juana está pasando, pero por otro lado viene a decir que estamos en un momento histórico muy significativo. Y eso me da energía y fuerza para seguir mirando al futuro. Ni queremos ni podemos parar ni venirnos abajo por Gabriel y Daniel. Es muy terrible lo que ellos están pasando y eso mismo es lo que no me permite rendirme. Es difícil encontrar un calificativo de por qué su sentencia es tan perversa. Creo que su decisión estaba prefijada en la mente del que juzga y ha usado elementos de la realidad al servicio del prejuicio que el juzgador tenía entre manos.

Además la directora del centro de la mujer de Maracena añade que le parece muy significativo que, a lo largo de todo este periplo judicial, Juana y por extensión sus hijos, en lugar de ser tratados como “víctimas de la violencia de género, sean castigados de una manera tan brutal por desobedecer a ese orden patriarcal. Es muy revelador que a Juana se le juzgue y castigue por desobedecer. Por no cumplir con las reglas de ese sistema”.

 

Togas que no están a la altura de las mujeres maltratadas 

Por eso mismo Granados se hace otra pregunta: “¿Qué hay de la desobediencia de este juez si podemos demostrar, como podemos demostrar, que no se está aplicando un Derecho vigente?”. La respuesta para ella es que Piñar no está a la altura de la toga que viste. “No aplica la normativa sobre la violencia de género y ni siquiera respeta los preceptos claros y evidentes a un menor en estas circunstancias. No se les protege, y tanto él como el sistema miran para otro lado”, recalca. “El problema de Juana para ellos es que es mala madre, mala mujer, una pobre desgraciada que ha sido manipulada y mal aconsejada. Y esta es la canción que siguen cantando todo el tiempo. Y no es verdad, es solo su verdad. Juana nunca hubiera querido colocarse en esta situación. Esto supone el paradigma de una confrontación tremenda ente el ser y el deber ser normativo. Estamos ante una oportunidad histórica de dar un salto. Que Juana sea un antes y un después ante las conquistas en materia de igualdad y la lucha contra la violencia de género. Por eso Juana es la reacción visceral a los que se resisten a dejar el pasado y los que queremos abrir el camino del futuro con un presente marcado por la igualdad real”, añade Granados.

 

¿Cuál es tu mensaje para todos aquellos expertos y expertas que, pese a no conocer la realidad de Juana y de sus hijos no dudan en pronunciarse?

A quienes no dudan en dictaminar sobre el caso Juana Rivas les pido, por respeto al sufrimiento de los hijos de Juana y de Juana, que dejen de desinformar.

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