Rodolfo Walsh y su pareja Lilia Ferreyra.

Nadie discute, hoy por hoy, que A sangre fría inauguró un nuevo género literario y periodístico. La mítica obra de Truman Capote publicada en 1966 fusionaba géneros en algo novedoso que se dio en llamar narrativa de no ficción o no ficción novelada. Pero como no se sabe si fue antes el huevo o la gallina, en este campo de la literatura de no ficción ser pionero no tiene dueño ni creador, porque en 1957, casi una década antes de que Capote publicara la historia del brutal asesinato de los cuatro miembros de una familia de la profunda Kansas, un periodista, escritor y traductor argentino llamado Rodolfo Walsh volcó negro sobre blanco en apenas unas semanas su impactante Operación Masacre, que ahora publica Libros del Asteroide.

Todo partió de lo oído casi de pasada en una cafetería de La Plata a finales de 1956. “Hay un fusilado que vive”. El olfato de periodista de este argentino –que desde el 25 de marzo de 1977 engrosa la larga lista de desaparecidos durante otra dictadura militar argentina posterior a la narrada, en este caso la Junta Militar del general Videla– se puso a funcionar de inmediato. El resultado es esta magnífica Operación Masacre, una obra maestra del periodismo, un portento literario pionero en su género que en la edición de Libros del Asteroide viene introducida por su colega y paisana Leila Guerriero.

Como cuenta Guerriero, Rodolfo Walsh perteneció al grupo Montoneros, una organización guerrillera que intentó reinstaurar en el poder a Juan Domingo Perón, derrocado a mediados del pasado siglo por el régimen cívico-militar Revolución Libertadora.

Este absorbente largo reportaje tiene la tensión y viveza de las mejores novelas y hoy por hoy es un hito en el periodismo narrativo de Latinoamérica

Antes de todo ello, en 1955 Walsh era “todas estas cosas”, como explica Guerriero: traductor del inglés, padre de dos hijas, jugador de ajedrez, ex militante de la Alianza Libertadora Nacionalista (agrupación de derechas), defensor de la Revolución Libertadora, la citada coalición cívico-militar que desterró al mítico Perón, y sobre todo “alguien que quería ser escritor”.

Como subraya Guerriero, Walsh protagonizó una “metamorfosis impactante” en algún momento que echó por tierra su perfil inicial de hombre nada interesado por la política, ajeno a la lucha por la justicia social y alejado del periodismo de investigación. Operación Masacre es buena muestra de esta catarsis.

Lo sucedido aquel 9 de junio de 1956 le sirvió para enhebrar una obra considerada precursora del género cuyos laureles se llevó la mítica y mitificada A sangre fría de Capote. Ese día, un grupo de militares nacionalistas defensores de Perón intentaron sin éxito derrocar el gobierno de la Revolución Libertadora. Con la implantación de la ley marcial, el Estado apretó legalmente el gatillo sin contemplaciones. Entre las víctimas, un grupo de civiles que escuchaban animosamente una pelea de boxeo en el departamento bonaerense de Florida. Hallaron su fin en un basurero, aunque algunos salvaron milagrosamente la vida tras la ejecución sumarísima.

Después de una intensa búsqueda, Walsh halló a uno de ellos, cuyo testimonio le sirvió para tirar del hilo y echar por tierra la versión oficial de los hechos. Este absorbente largo reportaje tiene la tensión y viveza de las mejores novelas y hoy por hoy es un hito en el periodismo narrativo de Latinoamérica. Hasta que llegó Capote y su A sangre fría y lo cambió todo.

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