Salinas de Imón y de la Olmeda Sigüenza.

Los fenómenos de las puertas giratorias, la especulación y la corrupción, como hoy, estaban fuertemente arraigados en la España decimonónica. En lo que respecta al enriquecimiento a través de fáciles negocios, el efectivo manejo de los contactos o el aprovechamiento del cargo público para el bien personal, el marqués de Salamanca fue uno de los ejemplos a seguir. De esa forma pronto se convirtió en un influyente personaje con una ingente fortuna en la que la sal, través del arriendo al Estado del monopolio, estuvo muy presente.

 

Empresario, político y Grande de España

José María de Salamanca y Mayol (1811- 1883), acumuló ingentes cantidades de dinero y obtuvo su correspondiente reconocimiento (marqués de Salamanca, senador vitalicio del Reino, Conde de los Llanos y Grande de España), a través de su facilidad para aprovechar las oportunidades de negocio que el liberalismo económico iba abriendo en la esfera pública, en el sector privado, así como en las relaciones entre lo público y lo privado.

Este malagueño, de familia liberal, se formó en Filosofía y Derecho en Granada, ciudad en la que mantuvo contactos con los sectores progresistas y liberales andaluces. Su periplo revolucionario concluye tras el fracaso del pronunciamiento liberal de general José María Torrijos en 1831, entre otras cosas, porque los cambios políticos que se van produciendo siempre juegan a favor suyo.

A través del matrimonio con Petronila Livermore y Salas, hija del importante empresario Tomás Livermore Page, y su posterior nombramiento como diputado por Málaga, asienta las bases de su cartera de influyentes contactos. En Madrid conoce al financiero José de Buschental con el que se introduce en dicho mercado; es designado por parte del ministro de Hacienda para renegociar la deuda pública en París y Londres; y comparte negocios ferroviarios con el Duque de Riansares esposo de la reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

José María de Salamanca no tardó en convertirse en un magnate del ferrocarril en España, Portugal, Italia, Europa del Este y EEUU (construye la línea Atlantic Great Western Railway). De hecho, su tendencia a confundir lo público, con lo privado y personal, acaba con su destitución como Ministro de Hacienda tras investigarse la aportación de fondos a una sociedad ferroviaria de la que era dueño. No obstante, el ferrocarril no fue el único negocio rentable del marqués pues, y como veremos más adelante, también puso su mirada en la sal.

Desde el punto de vista social José María de Salamanca se hizo visible con la adquisición del teatro del Circo de Madrid; su participación en las tertulias políticas; los ostentosos palacios; así como su amplia colección de obras de arte y libros. Esta llamativa y frívola vida, pero sobre todo su etapa como gestor público, lo convirtieron en el objetivo de la población madrileña que, tras el golpe de Estado de 1854, pedirá su muerte. Finalmente ésta le llegará de forma natural.

 

El Estanco de la sal, su gestión y los ingresos del Estado

Pese a que los monarcas castellanos siempre vieron en la sal un objetivo político y fuente esencial de ingresos, no fue hasta 1633 cuando se produce su estanco definitivo. Este control Estatal siempre tuvo excepciones, de hecho en Andalucía el Duque de Medina Sidonia, ligado a las pesquerías, contó con prerrogativas para su cosecha y gestión.

Desde el siglo XVII, hasta el definitivo desestanco, las reformas e intentos de mejora en el sector fueron una eterna constante del Estado. La mayoría de las intervenciones se centraban en simples mejoras de las instalaciones para aumentar el volumen, otras sin embargo, como las medidas para salvar las irregularidades de sus gestores, eran más difíciles de ejecutar.

A la vez que el estanco de la sal garantizaba, no sin problemas, enormes beneficios al Estado y sus arrendatarios (durante el siglo XIX se habla de 112 millones de reales anuales), el malestar en la población y los pequeños comerciantes iban en aumento. Las medidas y los precios estaban marcados de manera que cada vez era mucho más difícil hacerse con un recurso esencial para unas clases populares poco pudientes. El contrabando, perseguido por las autoridades, si bien no se convirtió en la solución a los problemas de precios y abastecimiento, pronto se consolidó como una válvula de escape social que frenaba considerablemente los tumultos y disturbios.

La definitiva consolidación del Estado liberal dispuso, poco a poco, en manos del capital financiero y empresarial los sectores estratégicos más importantes. El presidente Figuerola, a través de la Ley de 16 de junio de 1869, abolió el estanco de la sal. De esta forma, las instalaciones salineras fueron enajenadas y, al igual que las tierras y bienes desamortizados a lo largo del siglo XIX, cayeron en manos de las familias más poderosas. No obstante, algunas como la de Torrevieja, siguen hoy día en manos del Estado.

 

El pelotazo del arriendo de la sal

La vida empresarial y política de José María funcionó como una perfecta puerta giratoria, en la que cualquier paso o movimiento suponían beneficios económicos por todas partes. El marqués de Salamanca, ya sea como empresario o como político, conocía a la perfección el rentable negocio de la sal.

Su primera experiencia con el sector llega de la mano del financiero José de Buschental con quién, no solo aprende a especular en bolsa, sino que también participa del arriendo de la sal en 1839. Una de las señales que nos indican hasta qué punto era rentable participar del arriendo y lo difícil de hacerse con él, es el hecho de que a su puja se presenten personajes del mundo financiero como Buschental.

Nuestro protagonista, con liquidez y ávido de riquezas, no pudo dudar ni un segundo cuando Buschental le propuso entrar en el negocio, máxime si éste ya le había dado alguna que otra alegría en, lo que posteriormente se conocerá en el argot bursátil como, el parquet madrileño. Tan buenos fueron los beneficios obtenidos durante su gestión que José María no tardó en repetir la experiencia, pero esta vez en solitario e invirtiendo en ello la comisión obtenida de la renegociación de la deuda pública del Estado con los prestamistas franceses y británicos.

En este nuevo arriendo José María se compromete con el gobierno a ampliar los ingresos del Estado en dicho sector desde los 29 millones hasta los 49 millones anuales. Pero, si en su gestión lograba sobrepasar esa cifra de 49 millones, todo lo restante caería en su bolsillo o, más bien, caja fuerte.

Aunque a priori puede parecer una locura, el marqués consiguió superar esa cifra y enriquecerse a través de unas explotaciones que durante su gestión llegaron a generar más de 90 millones de reales anuales, de manera que, tras cinco años al frente, le permitió hacerse con 300 millones para su bolsillo o, creo que ahora sí, caja fuerte.

Pero en el arriendo del monopolio de la sal no solo buscaba ampliar su capital personal sino que también ampliar red clientelar. En la gestión del día a día se establecían multitud de nuevos contactos con sector empresarial (ganadero, químico, pesquero y comercial), y se realizaban favores a través de las miles de contrataciones que necesitaban las salinas.

De esta forma, el marqués de Salamanca supo sacarle provecho a las salinas para cosechar una salada fortuna.

 

La sal una necesidad transformada en un negocio rentable y apetecible

Resulta curioso como en las obras biográficas de José María de Salamanca su relación con la sal figura como un hecho marginal o negocio menor. Por contra el contacto de éste con el sector financiero y los ferrocarriles están de sobra estudiados y asociados a su vida.

Reconociendo que el marqués construyó su imperio y nombre a través de muchos negocios, la realidad es que el arriendo de las salinas supuso el punto de partida de su fortuna a través de su amigo José de Buschental. Como hemos visto se trataba de una inversión segura y fundamental para hacerse de una extensa cartera de contactos y tejer una larga red clientelar. De hecho, podemos decir que, solo cuando el marqués había alcanzado suficiente capital y experiencia para asumir riesgos dejó a un lado la cosecha de la sal para adentrarse en otros negocios.

La sal, una necesidad humana fundamental para el día a día o la economía más básica, se transformó (aunque siempre lo fue), a través del monopolio del Estado y la economía liberal, en un negocio rentable y apetecible para personajes como José María de Salamanca.

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