La Re-vista Blanca

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La máxima popular dice que todo tiempo pasado fue mejor y hoy día, Trump, Viktor Orban, Erdogan, Rajoy, Nigel Farage y un largo etcétera de hombres blancos se emperran en dar validez a la frase afeando la realidad.

Aunque no vivimos en un mundo feliz y en contra de toda lógica de progreso (y lo dice alguien que estudió historia y que por lo tanto durante su formación mamó incontables lecciones de materialismo histórico), ni los tiempos pasados fueron mejores, ni los actuales, como ya se ha dicho, son para tirar cohetes; existen pues, períodos brillantes y etapas ominosas, instantes en el tiempo que se parecen y momentos que divergen por completo.

Hoy día se habla mucho de la crisis del periodismo, sin embargo algunos ejemplos como este Diario16 en el que se me permite escribir, demuestran que el supuesto cataclismo es solamente una narrativa esgrimida por los grandes medios que ven como su poder económico y de opinión está colapsando. El periodismo español, en realidad, está viviendo un renacimiento que, recuperando la lógica antiprogresista, se parece mucho al periodismo que habitó España desde finales del silgo XIX hasta la oscura dictadura franquista.

Resumido rápidamente: En la segunda mitad del XIX, la industria de la imprenta experimentó una profunda transformación que hizo que la creación y difusión de revistas y diarios se convirtiera en una tarea más sencilla y barata. Además de esto, la tasa de analfabetismo pasó del 80% al 43% entre 1860 y 1930. Fue entonces cuando florecieron los periódicos y semanarios obreros en contraposición con los órganos informativos estatales y empresariales preexistentes. ¿No les suena la copla pero con otros números y en otros años?

Era fácil (o relativamente fácil) crear una publicación con poco dinero (o relativamente poco dinero) y cada vez eran más (o mejor decir la mitad de los españoles) los que podían leerlas; eso por no hablar de todas aquellas personas que se reunían para escuchar lecturas públicas de sus diarios o revistas favoritas. Generación Consciente, Revista Estudios, Revista Nueva, Acracia, El Socialista y sobre todas ellas, la que inspira el nombre de este artículo y de esta sección, La Revista Blanca, crearon un ecosistema de reflexión crítica alejada de los límites del poder, del mismo modo en que actualmente lo hacen páginas webs como Diario16, 5W, eldiario, Jotdown, Revista Anfibia, Mongolia, Zero Grados o El Confidencial. Libertad en la redacción, temas verdaderamente sociales o innovación a la hora de acercarse a quien lee, son rasgos que las revistas digitales actuales y las publicaciones de antaño también comparten.

Es por todo ello que he elegido este nombre para mi sección quincenal. Pese a que en muchas ocasiones La Revista Blanca fue tachada de burguesa por la izquierda más ortodoxa, lo cierto es que consiguió acercarse a miles de lectores considerándolos personas inteligentes, combinando las mejores plumas radicales de la época como la de Azorín o Unamuno con la escritura de obreros y obreras ilustradas como Ángela Graupera o Gastón Leval.

Creada por Teresa Mañé y Federico Montseny, la publicación vivió dos épocas de gran éxito; la primera desde Madrid entre los años 1898 y 1905, y la segunda con la incorporación de la hija, Federica Montseny, desde 1923 a 1936 en Barcelona. De carácter claramente libertario, La Revista Blanca se presentaba como un quincenal de sociología, ciencia y arte, en el que las clases populares encontraban artículos de política, cultura, economía o sexo. Es decir una revista en la que se asumía que todo lo que nos rodea es política como es mi intención hacer aquí.

Tampoco quiero decir con todo esto que pretenda emular la magna tarea alcanzada por la familia Montseny-Mañé. Más que nada porque además de una publicación que podían llegar a los 15.000 ejemplares vendidos cada quince días, la insigne familia, editaba bajo el paraguas de La Revista Blanca, novelas y un diario con unas tiradas que ya querrían las revistas en papel hoy día. Lo mío es más un homenaje a una forma de entender el mundo; lo mío es más una revisión del mundo según unos postulados que considero todavía vigentes.

Me doy por saludado y las espero dentro de 15 días.

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Albert Alexandre Barcelona, 1987. Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, tiene un Máster en Creación Literaria y otro en Literatura, Arte y Pensamiento ambos por la Universidad Pompeu Fabra. Ha colaborado como articulista en medios como ‘Cultura Colectiva’, ‘Culturamas’, ‘Código Nuevo’, ‘Vice’, ‘La Directa’, ‘Arainfo’ o ‘El Cotidiano’. También coordinó durante 2 años la revista de literatura ‘Acrocorinto’ y actualmente trata de terminar su primera novela mientras aprende el oficio de periodista.

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