Una manifestación de médicos en defensa de la Sanidad pública y gratuita.

La crisis provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria y el consiguiente hundimiento del sistema financiero que llevó a España al rescate bancario se cobró la primera víctima de forma casi inmediata: la sanidad pública. La mayoría de los economistas coinciden en que el buque insignia del Estado de Bienestar en España, su sistema sanitario universal y gratuito, ha conseguido resistir a duras penas el vendaval de la crisis y los consiguientes recortes del último Gobierno del Partido Popular, aunque si lo ha hecho ha sido en buena medida gracias al esfuerzo de los profesionales que trabajan en el sector, tanto médicos, como enfermeros y personal auxiliar que se han dejado la piel en hospitales y centros de salud −generalmente en condiciones precarias, cobrando los salarios más bajos de Europa y haciendo horas extraordinarias−, para seguir ofreciendo el mejor servicio a los pacientes. Sin embargo, pese al esfuerzo del personal y su loable tarea en defensa de la sanidad pública, el daño que ha sufrido nuestro sistema sanitario ha sido muy importante, quizá irreparable. Desde el año 2009 hasta el día que Rajoy cayó en una moción de censura, el porcentaje del PIB que el Estado ha invertido en la salud de los españoles ha pasado del 6,9% en 2012 al 6% en 2017, lo que ha supuesto una pérdida de entre 10.000 y 15.000 millones de euros en los presupuestos generales del Estado durante ese período negro. España terminó siendo el tercer país que menos gasta en sanidad, por detrás de Grecia y Luxemburgo. Además, cerca de 10.000 médicos, muchos de ellos jóvenes, es decir, nuestro mejor capital humano en conocimiento y talento, han sido despedidos, y las plazas de los facultativos que se han jubilado no se han cubierto adecuadamente, según denuncian fuentes consultadas por Diario 16 en la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). Consecuencia inmediata: la sobrecarga de trabajo de los médicos se ha trasladado al paciente −primer damnificado de la difícil situación al recibir un servicio sanitario cada vez de peor calidad−, las consultas por enfermo ya no sobrepasan los cinco minutos de media, las listas de espera han aumentado de forma considerable, numerosos quirófanos, ambulatorios y unidades especializadas han terminado por cerrarse, la investigación contra enfermedades y tratamientos se ha visto seriamente afectada, la inversión en la compra de aparatos y nuevas tecnologías se ha estancado, el precio de los medicamentos se ha disparado peligrosamente (castigando el bolsillo de los más débiles, sobre todo enfermos crónicos y pensionistas) y todo el sistema exitosamente construido durante los últimos cuarenta años se ha resentido y ha hecho aguas por los cuatro costados.

Por si fuera poco, a la fuerte caída en la inversión provocada por los recortes de Mariano Rajoy se ha unido el grave problema de financiación por el que atraviesan las comunidades autónomas, con competencia en la materia, completándose así la tormenta perfecta. Lo peor de todo es que no parece que los españoles vayamos a recuperar lo que se ha perdido en estos últimos diez años, al menos en un horizonte próximo.

Esta tendencia al desmantelamiento de la Sanidad pública no es tan acusada en otros países de la Unión Europa a los que la crisis ha afectado tanto o más como a España. De hecho, el porcentaje de gasto destinado en la UE a Sanidad durante el quinquenio 2012-2017 ha pasado del 7,4% al 7,5%, es decir, se ha incrementado, lo cual demuestra que para salir de una crisis económica no es necesario arruinar uno de los pilares básicos del Estado de Bienestar.

Tampoco sale bien parado el porcentaje que calcula la inversión total en sanidad pública y privada, ya que mientras en Europa la media ha pasado del 9,6 en 2012 al 9,7 en 2017 en nuestro país, durante ese mismo periodo de cinco años, hemos transitado del 9,3% al 9,2%. Es decir, una parte del gasto que se hacía en Sanidad pública se ha ido a la privada, o lo que es lo mismo: el Gobierno popular ha estado privatizando buena parte del sector, ya sea de forma explícita o encubierta. El dato encierra otra explicación añadida y es que el ciudadano que dispone de más recursos económicos, al ver que el Estado inyecta menos dinero a la Sanidad pública, cada vez más mermada, decide recurrir a la privada. “Es decir, se está minando la confianza del ciudadano y se le está empujando a buscarse un médico privado por su cuenta. Eso es triste y preocupante”, asegura a Diario 16 Francisco Miralles, portavoz del sindicato médico CESM.

Antes de caer Rajoy, las previsiones de inversión para el próximo año tampoco eran demasiado halagüeñas, puesto que el Gobierno llegó a anunciar que reduciría en 2018, por tercer año consecutivo, la proporción del PIB que destinará a Sanidad, Educación y Protección Social, situándose en mínimos históricos. De esta manera, el gasto en Sanidad se contraería hasta el 5,8%. No hace falta decir que estos drásticos recortes se enmarcaban en el contexto general de paulatino proceso de reducción de gastos sociales y de inversiones públicas que acometió el Gobierno de Mariano Rajoy como consecuencia de su ideario filosófico y sus políticas neoliberales de austeridad. ¿Era necesario un ajuste tan duro? Muchos economistas consideran que no. Solo un dato: de los 27 países analizados en los informes de la Comisión Europea, en 16, más de la mitad, el gasto en sanidad pública creció durante los años de la crisis, mientras que en cinco (Grecia, Luxemburgo, Portugal, Italia y España) se produjeron ajustes superiores al 1% anual per cápita.

Con todo, y aunque parezca un milagro, los españoles seguimos disfrutando todavía de un sistema público de salud (sin duda más precario que hace una década), algo que no pueden decir en otras democracias occidentales como Estados Unidos, donde Donald Trump se emplea a fondo para desactivar el Obamacare, el programa de Sanidad estatal que pretendió implantar el anterior presidente norteamericano. “En España la situación básicamente es crítica. Faltan recursos humanos, falta tecnología y los médicos y enfermeros están desmotivados y muy enfadados con las condiciones que tienen que soportar. La Sanidad pública era una de las pocas cosas de las que podíamos presumir en el mundo y ya no es así”, insiste Miralles. Pese a la erosión de los años de la crisis, la Seguridad Social sigue siendo el único capítulo en el que España se mantiene por encima de la media de la UE en materia de protección sanitaria. En el resto de indicadores como educación, ayudas a la infancia, prevención de la pobreza, desigualdad, prestaciones sociales, ayuda a la dependencia y otras coberturas asistenciales, nuestro país suspende estrepitosamente.

La grave situación por la que atraviesan los médicos les ha llevado a convocar reiteradas jornadas de protestas, como la manifestación que se celebró el pasado 21 de marzo en Madrid bajo el lema “Dignifiquemos la profesión, hay razones”. Los profesionales consideran que de continuarse con las actuales políticas de austeridad, y si no se pone freno al actual modelo de privatizaciones, “el sistema sanitario público español corre serio peligro”. Los manifestantes reivindicaron además una mejora salarial (calculan haber perdido entre un 25 y un 30 por ciento de su poder adquisitivo desde 2010) recuperar la jornada semanal de 35 horas para no sobrecargar a los médicos, mejorar la retribución de las guardias, acabar con la precariedad y temporalidad y que se les garantice una jubilación flexible entre los 60 y 70 años. Según CESM, si continúan los recortes y la falta de inversión, de aquí al año 2028 entre 50.000 y 60.000 profesionales de la Sanidad pública española se jubilarán, alcanzando el déficit de personal a la mitad de la plantilla. “El Gobierno de Rajoy ha pretendido recurrir a médicos extranjeros. Sin menospreciar a esos compañeros, no es la solución. En España, entre 2.000 y 3.000 médicos emigran cada año por culpa de los recortes a países como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido, y estamos hablando de nuestros mejores profesionales, los mejores del mundo, esos que nos ha costado tanto tiempo y dinero formar para que luego otros se lleven su talento”, continúa Miralles.

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3 Comentarios

  1. No me puedo creer la desfachatez de este artículo. “La crisis cobró la primera víctima de forma casi inmediata: la sanidad pública”. Primera mentira, la primera víctima fue el nivel de empleo gracias a la pésima gestión que hizo el señor Zapatero. De ahí vinieron el resto de los males. Y respecto al titular les dejo un artículo que señala a la sanidad española como la más eficiente de Europa. Y no creo que sea gracias a los dos meses en los que Montón no ha hecho más que dejarse en ridículo. Les dejo el enlace.
    https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/espana-tiene-la-sanidad-mas-eficiente-de-europa-y-la-3-mejor-del-mundo-4821

    • Querida Lorena; el ranking esta basada en 3 factores que no tiene nada que ver con la actualidad del día a día del sistema sanitario ni de los necesidades del usuario.

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