El crimen machista cometido sobre la doctora Victòria Bertran, de 57 años, este lunes en Barcelona ha puesto sobre la mesa el lacerante problema de la normalización e incluso ocultamiento de la violencia de género por buena parte de la sociedad, sobre todo cuando el machista criminal está bien posicionado socialmente, como era el caso de Alfons Quintà.

El tratamiento periodístico que una amplísima mayoría de los medios de este país ha dado a este asesinato machista cometido con una escopeta de caza por el periodista Alfons Quintà, de 73 años, así como el conocimiento que prácticamente todos los allegados al reputado profesional de la información y a su víctima tenían de su condición de presunto maltratador habitual ha encendido las alarmas respecto al silencio o incluso condescendiente complicidad con que se ha abordado la condición de machista del histórico periodista catalán.

Los medios se han volcado en recoger a modo de obituario laudatorio su amplísima trayectoria profesional como periodista y a exponer excusas sobre los motivos que le han llevado a cometer tal acción criminal sobre su ex esposa, de la que estaba separado desde hacía unos meses.

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Sirva como ejemplo la crónica de El Español firmada este miércoles 21 de diciembre por Carlos Quílez y titulada “Quintà mató a su mujer mientras ella dormía”. En el subtítulo recalca el redactor que el criminal cometió el asesinato “presa de un ataque de celos” antes de suicidarse. Ya en el cuerpo de la noticia, el redactor apunta: “Celos, reproches, supuestas infidelidades y la posibilidad de una separación en ciernes sobrevolaba ese matrimonio”. Poco más se puede añadir al tratamiento informativo que este medio ha dado de un caso paradigmático que certifica las dos varas de medir que el periodismo en general aún suele tener en los casos de violencia de género.

Otro titular para el estudio, firmado por Guillem Sànchez en El Periódico de Catalunya: “El periodista Alfons Quintà dice en la nota del crimen que su mujer quería dejarlo”. La justificación implícita que llevó al criminal a disparar la escopeta parece ‘lógica’ cuando nunca lo es en absoluto en estos casos. Pero el periodista se deja llevar por lo escabroso del detalle del abandono del matrimonio como desencadenante del crimen. En todos los casos de violencia machista se dan circunstancias similares, sea el criminal del estrato social que sea. Por eso no es justificable que los periodistas intenten buscar o resaltar una posible justificación al crimen porque ninguno la tiene en absoluto.

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Es más, al final de la información, su autor busca la opinión de una doctora universitaria experta en traumas, crisis y conflictos para intentar sacar una conclusión científica al hecho de que muchos criminales machistas intenten suicidarse o lo consigan después de cometer sus asesinatos.

En ningún momento se ha intentado indagar en el ambiente de miedo, alienación, frustración, incomprensión o soledad que previsiblemente sufría la verdadera protagonista de la historia: Victòria Bertran, la ex esposa del afamado periodista asesinada de un certero disparo en la cabeza mientras dormía de madrugada en la vivienda de su verdugo, que exigía de ella su atención médica por encontrarse gravemente enfermo.

Un último titular. En este caso de El País: “Un juzgado de violencia machista investiga la muerte de la mujer del periodista Alfons Quintà”. Aún se habla de “muerte” de la “mujer” de, eso sí, el famoso Alfons Quintà. Implícitamente aún le cabe alguna duda al periodista que firma la información, Jesús García, de que Victòria –así se llamaba la verdadera protagonista de la luctuosa noticia– no murió en un caso de violencia de género más, y por eso incide en la supuesta novedad de que un juzgado de violencia de género se haga cargo del caso inmediatamente.

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Eso sí, se incide sobre todo en el nombre del criminal y en su condición de periodista. Cuando un camionero, un anónimo abogado o un carnicero asesina a su pareja o ex pareja jamás se recalca su condición profesional. ¿Por qué ocurre esto?

Y para titular digno de un estudio psicológico el de Fernando Baeta en El Español: “El hombre excesivo”. Sobran comentarios al respecto, por mucho que en el cuerpo de la columna de opinión Baeta intente reflexionar sobre las razones que llevaron a Quintà a cometer el crimen, si es que puede haber alguna. “Al final nunca sabemos lo que pasa por la cabeza de nadie”, justifica Baeta en su artículo. Y en una sucesión alocada de posibles motivos se ve que el periodista contempla el crimen como la última de las posibilidades. Primero se le viene a la cabeza suicidio, después un suicidio pactado por la pareja que no era tal y, por ultimo, la posibilidad del crimen machista. “Cuando leí que se suicidó, no me extrañé; cuando leí que pudo haber pactado el suicido de ambos con su pareja, tampoco me extrañé; y seguí sin sorprenderme cuando me enteré de que lo más plausible según los investigadores es que hubiera asesinado a su pareja, que se quería separar de él, antes de quitarse la vida”. Lo dicho, digno de estudio psicológico.

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Caso De Gea

Basta recordar, en relación con lo anteriormente expuesto, el caso que envolvió a dos futbolistas internacionales de la selección española: Muniain y De Gea, que fueron investigados por un presunto caso de abuso sexual cometido sobre una prostituta. La prensa deportiva en general se decantó desde un primer momento por mantener a toda costa la inocencia de los jugadores sin esperar los resultados de la investigación. Incluso el seleccionador de fútbol entonces, Vicente del Bosque, mantuvo la convocatoria oficial del portero para un encuentro internacional. Y apuntó al respecto: “Yo tengo que creerle. Nosotros no somos nadie para juzgarle”. El jugador ya había sido respaldado por toda la prensa deportiva cuando estalló el escándalo y aseguró que todo era “mentira”.

Poco después, en agosto, tanto la policía, la fiscal y el juez que investigaban el caso concluyeron que el encuentro sexual, que sí existió y en el que supuestamente De Gea no participó, fue “voluntario”. “Los futbolistas no serán siquiera interrogados”, contaba el diario deportivo As.

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