La energía socialista

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Hace años decidí afiliarme al PSOE, coincidiendo con el primer gobierno de Mariano Rajoy. Vengo de una familia de activistas y crecí escuchando debates políticos y siendo testigo muchas veces de las consecuencias de dar tu opinión abiertamente (más en una ciudad pequeña), por lo que sentía cierta desafección por los partidos y la política en general. Pero con el gobierno de Mariano Rajoy todo cambió, muchas de mis amistades perdieron el trabajo, vivimos los recortes, la precariedad y la huida de mucha gente que, a diferencia de mí, no había tenido la suerte de tener un trabajo estable.

Una mañana en mi trabajo, casi como un impulso, entre en la web del PSOE y me afilié.

Había sido muy crítico con los dos últimos años de Zapatero, pero pesó sobre mí el sentimiento de agradecimiento por la ley de matrimonio igualitario, por la que me pude casar y tener a mi hijo y mi hija, las becas que disfruté en la universidad, la sanidad o los años de subsidio del paro que disfrutaron mis padres. Además de creer que para cambiar las cosas lo mejor es participar desde dentro de las opciones que convencen a más personas.

Al poco tiempo surgió Podemos y muchas de mis amistades -diría que la mayoría- empezaron a participar con una ilusión increíble. A veces dudé, porque veía cómo se conformaban unas ganas y un empuje que sentía perdidos en mi partido. El día antes de las elecciones municipales, mi marido y yo debatimos si cambiar nuestro voto y dárselo a la que sería la nueva alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

Después llegaron las sucesivas generales y seguí apostando por el PSOE, convencido de que no me iba a fallar, que no sucumbiría ante la derecha y que las peores predicciones de mis amistades de Podemos no se iban a cumplir. También continué testarudo por el trabajo y el activismo silencioso de muchos compañeros y compañeras, sintiendo que esas personas no  merecían ser consideradas “casta”.

Pero reconozco que no tengo tanta paciencia como para aguantar a personas que creen que pueden llevarse todo por delante. Y esas personas aparecieron.

Nada justifica que el primer secretario general de la historia del PSOE elegido directamente por la militancia caiga mediante un golpe de mano. Es indefendible, propio de otro siglo. No se olvidará fácilmente, el partido y su credibilidad están heridos. Cuando parecía que muchas de las personas volvían a acercarse gracias a la coherencia de Pedro Sánchez, los llamados poderes fácticos y los barones lo apartaron.

Si realmente Pedro Sánchez es un líder tan nefasto, tan desastroso, tan lamentable como ahora lo retratan quienes antes lo apoyaron, ¿por qué no querían confrontar su liderazgo en una consulta sobre él y su postura ante la abstención?

Meses sin nadie que pilote el avión, sin un proyecto definido, de la mano del PP con el gobierno que más daño ha hecho a la gente, y todo ello con el peligro de que Rajoy, si no puede aprobar los presupuestos, adelante las elecciones y coja al PSOE a contrapié.

Todo esto sabiendo que se hizo al final por un supuesto bien mayor al país, pero que se reduce en más y más tiempo del Partido Popular al frente del gobierno.

Luego está el tema personal, muchos de nosotros, los y las militantes, hemos visto cómo otros compañeros nos hacen el vacío o caemos en el olvido. Las bases de un partido, o gran parte de ellas, aquéllas que hemos pateado las calles o hemos aguantado el peor chaparrón en años, ninguneadas y apartadas. Percibir, tras las lágrimas de aquel fatídico uno de octubre, que se creaba una muralla entre gran parte de las bases y la estructura, las acusaciones de dirigentes diciendo que nos hemos radicalizado, los saludos retirados por miedo a perder puestos o la gracia de los mandos, las posiciones de perfil sigiloso esperando que el temporal amaine. Incluso discriminaciones ideológicas en un partido donde el debate debería ser la tónica general, que para eso somos de izquierda y en nuestra naturaleza está el cuestionar las cosas en vez de simplemente agachar la cabeza.

A nivel político, ver cómo nos posicionamos a favor del CETA sin ningún tipo de debate público, a diferencia de otros socialistas de otros países, o cómo nos unimos a los populares para rebajar la Ley de Biodiversidad. No sólo ha sido una abstención, ha sido mucho más: ha sido un viraje a la derecha y hacia un modelo de partido aún menos plural y participativo, donde los deseosos de medrar tienen las esperanzas puestas en ver qué sale de todo esto, porque hay quienes parece que prefieren un sillón -aun descendiendo a tercera o cuarta fuerza- con tal de seguir ahí.

Y sin embargo, una corriente de alegría y entusiasmo recorre los espacios donde la militancia se está organizando para apoyar a Pedro e intentar recuperar el partido que tantas cosas buenas hizo y en el que me afilié aquella mañana.

Un compañero me espetó el otro día “pues tenéis día de culto en Alcorcón”, refiriéndose a un acto de apoyo a Pedro. Lo que no entiende él ni otros que utilizan argumentos parecidos, es que no nos movilizamos por Pedro, nos movilizamos por el PSOE, por recuperar el sentimiento que vivieron nuestros padres y nuestras madres en el 82, por recuperar el entendimiento con los amigos, vecinos y compañeros que nos han abandonado por otras fuerzas políticas, por un partido integrador que sume a quienes piensan diferente, empezando dentro del propio PSOE y también fuera, porque estamos cansados de tener a toda la izquierda fraccionada, rota y a gritos. Porque queremos dejar de hablar de quién para empezar a hablar del cómo.

Porque queremos un país donde las cosas sean posibles, donde las personas tengan sueños con la esperanza de cumplirlos, y creemos que con esta derecha eso no es posible.
Porque queremos un país sin violencias machistas y mujeres asesinadas, sin delitos de odio, donde todo el mundo, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, independiente de su lugar de nacimiento, su color de piel o sus creencias, no se sientan escépticos o temerosos. Porque queremos que los catalanes y las catalanas que se sienten diferentes encuentren su lugar dentro de España, una España cohesionada que gane fuerza de su diversidad para avanzar ante los retos que nos encontramos en una Europa y un mundo cada vez más polarizados.

Queremos ser alternativa real, queremos unificar a la izquierda atendiendo a corrientes que no hemos sabido identificar a tiempo, comprendiendo sus posiciones, y todo esto con alguien que se haya sabido mantener coherente frente a su electorado aunque le haya costado la incomprensión y la crítica dentro y fuera del partido.

Queda una gran tarea por delante para recuperar ya no sólo al PSOE sino a una izquierda fuerte, y sé que tanta ilusión no va a quedar en balde, porque como dice la termodinámica “la energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma”. Y quienes militamos en el PSOE estamos más rebosantes de energía que nunca y la sacaremos para transformar la sociedad de una manera u otra.

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1 Comentario

  1. Toda lucha y sacrificio tendrá su recompensa, vamos a ganar, primero porque somos más, porque estamos en posesión de la verdad, porque somos la esperanza real de una izquierda alternativa, porque tenemos la fuerza, tenemos un futuro SG honesto y porque los seguidores y votantes podrán ir comprobando día a día que cumplimos lo que prometemos, que vamos a echar a la derecha de las instituciones y que vamos a recuperar la dignidad de país. Adelante Aguayo somo muchos los que estamos en tu caso y en mayo lo veremos.

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