El término hace referencia a vencer o ganar en un enfrentamiento, a romper o destrozar, o a arruinar a alguien en la salud o en sus bienes. Recordar esta acepción para el propósito de esta reflexión. Porque cuando se utiliza la palabra derrota, inevitablemente acuden a nuestra mente las ideas de vencidos y vencedores. Nos han llevado de éxito en éxito hasta donde estamos. Han procurado destrozar nuestro porvenir y el de nuestros descendientes.

Pero, dicho esto, lo cierto es que el colectivo de fieles al modelo del despojo no será menor al 30 o 40%, repartido entre votantes de la derecha y de la pseudoizquierda, entre los que hay aquellos que conviven amablemente en sus intentos por habitar consejos de administración y eludir procesos por corrupción. Son aquellos que no se sienten afectados por lo contenido en la letra pequeña de la última Encuesta de Población Activa. Allí tenemos 123.400 ocupados menos que cuando el Gobierno del Partido Popular llegó al poder, esto es una derrota planificada para vencer a una mayoría de españoles. Lo anuncian cómo éxito, cuando si bien es verdad que el número de personas en situación de desempleo ha descendido desde entonces en 495.900, este descenso se debe más a la pérdida de población activa, estimada en 619.300 activos no inscriptos, que a la creación de empleo neto.

Lo verdaderamente trágico es el hecho de contar con la aceptación terca de un segmento de población repartida entre los que aún creen y los que esperan beneficiarse de las ventajas del poder. Los carroñeros que siempre adornaron nuestra historia.

Por derrota también se designa a un camino o senda, tanto en tierra como en el mar. En este sentido, de modo incuestionable, deberemos aceptar que en esta España que nos toca hay dos derrotas. Una, para consolidar el modelo de la sumisión y la exclusión que ha venido garantizando que las grandes empresas sigan manteniendo niveles de beneficio inaceptables, cuando el mayor aporte al coste del rescate del sistema financiero se cargaron en el recorte de los salarios, la sanidad, educación y dependencia. Sin olvidar los otros rescates: autopistas, proyectos frustados de fracking y similares. Los beneficiados son los de siempre. Curiosidades de los patriotas panameños.

Otra derrota posible es la de una revisión en la gestión de los fondos disponibles. Como por ejemplo, administrar de modo ajustado el sistema de control del cumplimiento de los contratos tipo Gallardón, Botella y demás defensores de la unidad de España. La cuestión a dilucidar es a qué tipo de España nos referimos, como también a quienes convierte en vencidos cada una de ellas. El camino, la derrota no será la misma.

Porque no podemos aceptar que, en un año se pase del 23,6 al 25,04% de temporalidad, incrementado la precariedad en el empleo, con  la baja de un 5% de los salarios. En este caso es incomprensible que las diferencias salariales entre hombres y mujeres se del entorno al 24%. Tampoco que entre los que más y menos ganan lleguen a 3,7 millones de personas que ganan 153 euros/mes, mientras que 128.000 ganan más de 12.400 euros/mes. La deserción del control de la administración en las inspecciones de trabajo, junto a la precarización de las condiciones, llevó a un incremento de los accidentes de trabajo en algo más del 7% en el último año. Finalmente, y con la complicidad de una dirigencia sindical cómplice, desembocó en otra derrota: entre el 2011 y el 2015 los trabajadores perdieron 1.405 convenios colectivos y casi 3,5 millones de trabajadores dejaron de estar al resguardo de la negociación colectiva.

Otra derrota es la intención “inducida” por todos los medios de comunicación de confundir “crecimiento” con “desarrollo”. El primero las reflejan muy bien las cifras de aumento del PIB: se crece al 3,4%, pero este crecimiento no afecta del mismo modo la vida de los trabajadores y los empresarios. De acuerdo con los datos de la Contabilidad Nacional, en el último trimestre los salarios han bajado un 0,3% en tanto que los beneficios empresariales han subido un 2,5%. El “desarrollo”, en cambio, consiste en producir las recompensas de acuerdo a los esfuerzos. Aquí, me baso en uno de los pseudoprincipios defendidos por el neoliberalismo, que harían recuperar la brecha de la desigualdad. Esa es la “otra” derrota, la otra manera. A esta, la que temen los que pretenden mantener privilegios inaceptables en este escenario social y económico.

Derrotero, por último, es una palabra que se emplea comúnmente para referirse al nuevo camino que adopta un sector o colectivo en un momento determinado. España debe corregir el rumbo, el derrotero. Por tanto, deberíamos distinguir entre ser derrotados o resultar perdedores. Recordar a Simón Bolivar cuando afirmó que: “El arte de vencer se aprende en las derrotas”.

El 26J tal vez sea la última oportunidad que se nos presente para vencerlos.

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