Hechas cuantas salvedades procedan en materia de anotación y corrección a partir del refrendo de los apuntes que sobre mis humildes opiniones sean llevadas a cabo por los referidos o simplemente tenidos por más duchos que yo en materia de Derecho; lo cierto es que ninguna de las mismas podrá discutir la que habrá de erigirse en clave de bóveda de la presente reflexión, a saber, la que refrenda la certeza fundamentada en la experiencia y en virtud de la cual la costumbre se ha convertido a lo largo de la historia en el medio justificable y válido primero para conformar, y luego para interpretar, la mayor parte de los elementos destinados a conformar el compendio legal destinado a contener el marco regulador de una determinada sociedad.

Lo que se ha dado en llamar uso y costumbre, adquiere así pues un valor inusitado. Un valor que trasciende a lo propio del presente, toda vez que lo desborda pues basta un ligero instante de reflexión para encontrar multitud de ejemplos de circunstancias muchas de las cuales sólo son interpretables a partir de obsoletos protocolos la mayoría de los cuales son a lo sumo referibles a partir de la aceptación de la máxima que más o menos viene a decir: siempre se ha hecho así.

Tiene la costumbre, como pasa con multitud de variables identificables en el compendio de lo moral, multitud de acepciones, la mayoría de las cuales se caracteriza por introducir matices en apariencia débiles y sutiles, la mayoría de los cuales ha visto potenciado su efecto o valor al hilo del efecto que en este caso el paso del tiempo, la otra gran variable a considerar en este juego, ha terminado por originar.

Uno de los fenómenos más controvertidos a ese respecto, es el que se origina cuando integramos en contexto la resignación como catalizador a la hora de explicarnos cuestiones que precisamente por estar ligadas a la costumbre, y al proceso de incomprensión por falta de contexto que al intentar traer al presente cuestiones sólo plausibles en un tiempo más o menos remoto; se muestran ante nosotros. Para quien tenga dudas al respecto de lo que menciono, le propongo se ponga en virtud de constatar alguno de esos instantes por todos vividos y en base al cual, la única manera de explicar una conducta pasa por aceptar que “siempre se ha hecho así”.

Cuestión peligrosa, e incluso a menudo traumática; el protocolo de aceptación de la resignación a propósito de asumir “lo que siempre se ha hecho así” presenta un escenario no por interesante menos patético cuando lo utilizamos para refrendar sin cuestionamiento algunas de las que a la postre han terminado por erigirse en causas de conducta de la Izquierda Moderna.

Cómo si no a lo sumo desde la aceptación de la debacle que supone la imposición de la resignación, podríamos llegar a interpretar algunos de los llamados a ser tenidos por grandes escenarios de la Política actual. Cómo, si no es desde la imposición de la frustración (corolario evidente del éxtasis que acompaña a la resignación), podríamos ni siquiera asumir muchas de las realidades conceptuales que básicamente por imposición, han terminado por alimentar el corpus doctrina de una Sociedad que, habiéndose alimentado esencialmente de la etimología del XIX, ha acabado aceptando, más por abulia que por imposición beligerante, las consignas de una ideología llamada a sustituir con dogmas la propensión a carecer de argumentos capaces de alimentar una discusión mínimamente decente.

Resumiendo: Cuándo, y lo que es más importante, por qué, La Izquierda se ha dejado arrebatar la capacidad para seguir configurando el marco teórico destinados a contener los patrones de desarrollo y conducta; consideración hecha a partir de la salvedad subjetiva aunque a mi entender por nadie suficientemente discutida, en base a la cual esa misma Izquierda posee aún las pautas de vehemencia social toda vez que los destinados a erigirse en receptores de la misma siguen militando mayoritariamente dentro de los cánones próximos al proletariado.

En definitiva, toda vez que los objetivos de la revolución no han sido aún alcanzados, la única forma de tornar en plausible una explicación que no nos causa sonrojo a la hora de entender el porqué de los acontecimientos que han llevado a la conformación de una sociedad en la que plenamente integrados, sin que asumir el fracaso de los cánones por los que supuestamente luchábamos somos capaces simplemente no ya de vivir, sino a lo sumo de sobrevivir; habría de obligarnos a tomar en consideración una serie de cuestiones otrora llamadas a ser tenidas por elementales.

Mas no estando entre mis objetivos de hoy el ir despachando carnets que acrediten la solvencia ideológica de nadie, sí me reservo un instante para llamar la atención sobre ciertos aspectos la mayoría de los cuales tienen capacidad para integrarse bajo el concepto otras veces esgrimido y que gusto de referir como el trauma de la Izquierda. Un trauma que, en este caso y siquiera por comparación, se muestra competente para explicar dilemas como el que se presente cuando, por ejemplo, nuestros rivales generan polémicas instrumentales y que se manifiestan, por ejemplo, mediante el exhibicionismo de banderas, como medio a partir del cual apropiarse no de conductas, lo que es más importante, de conceptos tales como el de patriotismo; para luego, desde ese escalafón que falsamente se han confeccionado, dar lecciones que de disponer de la tranquilidad y la paz de espíritu suficiente, habrían de ser fácilmente refutables.

Pero es llegados precisamente a ese momento, cuando nos damos cuenta de que los recursos a partir de los cuales levar a cabo la réplica a esas afirmaciones, ya no se encuentran entre los llamados a formar parte de nuestro acervo. Y no es que nos hayan sido arrebatados. Ni siquiera la debacle responde a un cambio de paradigma como el que pudiera devengarse de observar que el modelo social ha cambiado hasta el punto de comprobar que los llamados a ser tenidos por principios, han colapsado por obsolescencia. No, en realidad lo único que podemos constatar es hasta qué punto la fuerza de la costumbre, y de su inestimable colaboradora a saber, la resignación, han terminado por horadar el habitáculo en el que convergían las máximas destinadas a dar sentido a unas estructuras conceptuales que una vez aspiraron a ser premisa de un constructo en el que las tesis de Izquierdas no sólo tenían cabida, sino que estaban llamadas a desarrollarse plenamente.

Cuidaos pues de la costumbre.

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Natural de La Adrada, Villa abulense cuya mera cita debería ser suficiente para despertar en el lector la certeza de un inapelable respeto histórico; los casi cuarenta años que en principio enmarcan las vivencias de Jonás VEGAS transcurren inexorablemente vinculados al que en definitiva es su pueblo. Prueba de ello es el escaso tiempo que ha pasado fuera del mismo. Así, el periodo definido en el intervalo que enmarca su proceso formativo todo él bajo los auspicios de la que ha sido su segundo hogar, la Universidad de Salamanca; vienen tan solo a suponer una breve pausa en tanto que el retorno a aquello que en definitiva le es conocido parece obligado una vez finalizada, si es que tal cosa es posible, la pausa formativa que objetivamente conduce sus pasos a través de la Pedagogía, especialmente en materias como la Filosofía y la Historia. Retornado en cuanto le es posible, la presencia de aquello que le es propio se muestra de manera indiscutible. En consecuencia, decide dar el salto desde la Política Orgánica. Se presenta a las elecciones municipales, obteniendo la satisfacción de saberse digno de la confianza de sus vecinos, los cuales expresan esta confianza promoviéndole para que forme parte del Gobierno de su Villa de La Adrada. En la actualidad, compagina su profesión en el marco de la empresa privada, con sus aportaciones en el terreno de la investigación y la documentación, los cuales le proporcionan grandes satisfacciones, como prueba la gran acogida que en general tienen las aportaciones que como analista y articulista son periódicamente recogidas por publicaciones de la más diversa índole. Hoy por hoy, compagina varias actividades, destacando entre ellas su clara apuesta en el campo del análisis político, dentro del cual podemos definir como muestra más interesante la participación que en Radio Gredos Sur lleva a cabo. Así, como director del programa “Ecos de la Caverna”, ha protagonizado algunos momentos dignos de mención al conversar con personas de la talla de Dª Pilar MANJÓN. Conversaciones como ésta, y otras sin duda de parecido nivel o prestigio, justifican la marcada longevidad del programa, que va ya por su noveno año de emisión continuada. Además, dentro de ese mismo medio, dirige y presenta CONTRAPUNTO, espacio de referencia para todo melómano que esté especialmente interesado no solo en la música, sino en todos los componentes que conforman la Musicología. La labor pedagógica, y la conformación de diversos blogs especializados, consolidan finalmente la actividad de nuestro protagonista.

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