“La chispa que ha encendido Francia ha sido la reforma laboral que el gobierno socialista quiere implantar inspirada, tal y como el propio gobierno dice, en las reformas puestas en marcha en el estado español”. Me cuenta Miguel Seguí, un franco-valenciano de la Pobla Llarga que vive en París y que lleva treinta y ocho años a caballo entre l’Île y la Ribera Alta. Hablamos por Skype. A caballo entre dos mundos, conoce bien las distintas sociedades a ambos lados de los pirineos y su visión le da una perspectiva tan comparativa como interna de la que otros carecemos. Con un largo historial de activismo, es consciente de las influencias mutuas entre los movimientos populares de los dos estados. Su valenciano lleva la impronta de los años en Francia, las erres suaves, las palabras afrancesadas, los galicismos audaces; es un valencià fracisé.

Miguel continúa explicando cómo se ha pasado de una situación en la que el gobierno socialista francés utilizaba la tan conocida coartada ‘no nos critiquéis que viene la derecha’, en la que los sindicatos y los partidos de izquierda permanecían parados a una situación en la que el periodo de confianza que mucha gente había otorgado al gobierno se ha agotado. “Ha habido una ruptura” concluye “con un gobierno que simulaba ser de izquierdas”.

El detonante ha sido una petición de derogación total de la reforma que a las dos semanas de lanzarse alcanzó un millón y medio de votos. Esto indica que el descontento que ya existía en Francia y que se manifestaba en contra de los sectores más desfavorecidos o en el voto del Frente Nacional, ahora, sin embargo, se manifiesta contra los proyectos de la clase dirigente.

“La gente en Francia ha mirado mucho hacia el sur en estos últimos años y ha aprendido mucho. El legado del 15-M ha sido enorme también en Francia. Y la experiencia de Podemos también está sirviendo de inspiración”. Afirma Miguel, explicando cómo el mundo sindical de base y los jóvenes, así como otros sectores de la sociedad francesa ya no creen lo que les dicen sus gobernantes. “Ya hemos tenido dos victorias”, continua, “la primera es que la gente ha mostrado que no quiere la reforma laboral. Y la segunda es que hay una importante movilización en la calle. Estamos construyendo una alternativa progresista que evite el auge de la extrema derecha, al igual que hizo el 15-M”.

Se trata de una renovación del ciclo de protestas populares iniciado en 2011 cuyo resultado puede tener efectos determinantes; es un momento histórico. Si vence, la victoria puede consolidar el movimiento progresista en Francia e inspirar protestas populares en otros lugares de Europa, incluso en el Estado Español, en donde la ilusión electoral de Podemos ha vaciado prácticamente las calles. La victoria en Francia puede ayudar a revitalizar las luchas populares aquí, pero al mismo tiempo, la victoria de Podemos (o el posible sorpasso al PSOE) también puede inspirar en Francia la creación de nuevos instrumentos políticos con discursos y estrategias nuevas que trastoquen el sistema de partidos de Francia. La combinación de estas victorias en los dos estados, sin duda alguna, tendrá importantes consecuencias en las formas de resistencia popular de los pueblos europeos.

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1 Comentario

  1. Aquí, en España, haría falta una contestación social como en Francia ante las reformas laborales… Pero allí el isindicalismo tiene mucha más fuerza. Es curioso que tanto el reformador ministro responsable como el líder sindical opositor son descendientes de españoles. Espero que el político francés vea el fracaso popular de los cambios laborales españoles…

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