La Iglesia católica suele justificar sus privilegios acudiendo a su obra social. Suele esgrimir que su obra social ahorra miles de millones al Estado. En realidad, la Iglesia católica y sus órdenes religiosas y ONGs o fundaciones religiosas han fortalecido de forma impresionante el negocio de la pobreza y servicios sociales con un entramado de instituciones que ninguna otra empresa del tercer sector se pueda comparar. Incluso rivaliza con el Estado.

Veamos, por ejemplo, la asistencia social a ancianos. En España hay 359.000 plazas residenciales para ancianos de las cuales 97.000 están en residencias públicas y el resto en residencias privadas. Pues de estas 264.000 plazas privadas, más de 150.000 están en instituciones religiosas y, muchas de estas plazas están subvencionadas con fondos públicos. Otras veces las órdenes religiosas mantienen residencias como meros negocios privados.

Otras veces las órdenes religiosas mantienen residencias como meros negocios privados

Veamos el caso de los niños tutelados. En España, hay 21.000 niños tutelados que viven en residencias; pues bien, cerca de 13.000 lo hacen en residencias gestionadas por órdenes o fundaciones religiosas. Y el 90% se financian con fondos públicos. La ONU ya ha advertido de esta extraña situación.

Pongamos otro ejemplo que afecta a los ayuntamientos y que ha aumentado mucho con la crisis económica: albergues para los sin techo y comedores sociales para pobres. La mayoría son católicos y muchos reciben subvenciones municipales. Todo ello se hace no solo a través de Caritas, sino a través de un sinfín de ONGS y fundaciones, y muchos ayuntamientos dan dinero para ello. Un ejemplo reciente en España ha sido el Banco de alimentos: un montaje del Opus Dei vinculado a las grandes superficies que además recibe subvenciones municipales y compras estatales de alimentos.

En el ámbito de la drogodependencia, la Iglesia católica y sus hospitales también son una fortaleza. Es el caso del famoso Proyecto Hombre, que se ha enmascarado bajo la apariencia de asociación civil. Existen también ONGs vinculadas a obras religiosas con gran oscuridad y nada de transparencia en su financiación. Es el caso de la muy subvencionada obra del Padre Ángel: Mensajeros por la paz y satélites. Estas ONGS, muchas veces enmascaradas en una gran variedad de personalidades jurídicas, son especialistas en recibir ingentes donaciones y subvenciones públicas. Una de las características de todo esto es la opacidad y oscuridad financiera de las ONGs, fundaciones y otras instituciones vinculadas a las iglesias e igualmente la gran capacidad que tiene para recibir subvenciones. Adviértase aquí que en uno de los principales escándalos de fraudes de chiringuitos financieros en España, el famosísimo caso de GESCARTERA, las principales entidades involucradas eran fundaciones y órdenes religiosas.

Una de las características de todo esto es la opacidad y oscuridad financiera de las ONGs

Es cierto que esto solo es posible por una dejación de funciones por parte de las administraciones públicas. Ya que, en los últimos tiempos, muchísimos servicios sociales se están externalizando en manos de empresas o en manos de ONGs e iglesias. Que en el siglo XXI ayuntamientos, como el de Madrid, paguen los comedores para los pobres de los conventos es un insulto a los ciudadanos.

¡La iglesia católica u otras iglesias si quieren hacer caridad que lo hagan por su cuenta pero no con los ingresos públicos!

muchísimos servicios sociales se están externalizando en manos de empresas o en manos de ONGs e iglesias

Algunos ayuntamientos así lo han entendido, como el Ayuntamiento de Valencia, que ha suprimido las subvenciones al Banco de Alimentos. Pero esa no es la tónica general. En el caso del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, se subvencionan este tipo de proyectos e incluso se quiere dar una visión positiva de los mismos. La ciudadanía del siglo XXI no puede aceptar que las iglesias, con fondos públicos, hagan caridad. ¿Cómo es posible que en un país con una renta per cápita de 30.000 dólares podamos tener más de la mitad de los niños tutelados en manos de instituciones religiosas? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI los ancianos sin recursos tengan que acabar sus días en los asilos de las hermanas de la caridad y/o de las hermanas hospitalarias?

Desde finales de los noventa, los servicios sociales de los ayuntamientos y diputaciones están siendo jibarizados por el denominado tercer sector –la mayoría en manos de la iglesia católica y las empresas privadas–. Servicios como asistencia domiciliaria, albergues para sin techo, drogodependencia, menores, inmigrantes, refugiados, etc. están siendo externalizados a través de contratos públicos o bien se están dando al tercer sector. De los servicios sociales propios y derechos sociales estamos regresando a sistemas de caridad y en todo caso a una mercantilización de los servicios sociales; una tendencia que pareciese sin alternativa.

De los servicios sociales propios y derechos sociales estamos regresando a sistemas de caridad

Pongamos un ejemplo: recientemente el ayuntamiento de Barcelona –el de Ada Colau–sacó a concurso el servicio de asistencia domiciliaria por valor de 114 millones de euros. Las empresas ganadoras han sido SACYR con su filiar VALORIZA y CLECE, empresa de limpieza del grupo ACS presidido por el todopoderoso Florentino Pérez. Algunas empresas del Tercer sector han sido eliminadas del concurso por no poder competir con los precios ofertados por estas mega empresas. ASISPA, CLECE, VALORIZA etc. son empresas que se están quedando con una gran parte de los servicios sociales de los ayuntamientos bajo la mirada sospechosa de las medianas empresas y organizaciones del tercer sector.

Ni lo viejos ni los nuevos ayuntamientos parecen tener fórmulas para detener esta mercantilización de los servicios sociales

En realidad, tanto las empresas privadas mercantiles o las empresas del tercer sector, teóricamente no lucrativo, cumplen la misma función: Justifican el repliegue de las administraciones públicas hacia el mercado en todo el ámbito de los servicios sociales y la pobreza. Ni lo viejos ni los nuevos ayuntamientos parecen tener fórmulas para detener esta mercantilización de los servicios sociales. Lo que es evidente es que se está cayendo en una nueva caridad mal organizada financiada con fondos públicos y prestada por CARITAS por CLECE o por el Padre Ángel.

La caridad es un concepto contra la Res-publica. El concepto guía para un Estado laico en la lucha contra la pobreza es el de la solidaridad social que se ejerce a través de la ley y de los derechos   y se realizan a través de los servicios públicos y ello acompañado por propuestas universales de garantía social como la Renta Básica o el trabajo garantizado.

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21 Comentarios

  1. Bravo!
    Por fin un medio de comunicación habla claro de la situación de nuestros Servicios Sociales, poniendo además nombres y apellidos a la lucrativa caridad.
    La solución: municipalización!

  2. De acuerdo con fomentar los Servicios Sociales de titularidad pública… pero estos también adolecen de carencias propias de una gestión deficiente y no solo derivadas de la falta de recursos (algo común tanto de lo público como en el tercer sector): poca innovación, burocratización, distancia del ciudadano, rigidez, costes de puesta en marcha muy elevados. Es complejo

  3. Fe, esperanza, caridad. Son las tres virtudes teologales. A mi entender en ellas se basa toda la acción humanitaria de la tan denostada iglesia católica.
    Solo discernir que la Caridad es solidaridad pero también cuando no nos gusta.

  4. Ojalá que el autor de este artículo no tenga nunca que depender de las ayudas de ese estado laico que tanto reivindica y yo mismo también, pero consciente de que en la realidad actual la función de instituciones de ayuda, como las que critica de forma tan cruel, son fundamentales.
    Un voluntario de Cáritas

  5. Hace algunos años la consejera de servicios sociales del ayuntamiento de Barcelona -comunista- sugería que era mejor dar donativos a Cáritas, porque eran de fiar (al menos en Barcelona) y no incrementaban el número de funcionarios. Yo sigo su consejo.

  6. muchas gracias por vuestros comentarios.De ninguna manera he querido molestar a los voluntarios de ninguna organizacion confesional o no; simplemente creo que vuvimos un momento de retroceso en los derechos sociales y que la mercantilizacion de los servicios sociales y la caridad de parte de las organizaciones religiosas refuerzan y perpetuan una especie de beneficencia en vez de tener un estado de bienestar mas solido.Tambien creo que hay mucha opacidad y oscuridad en las finanzas de las ordenes,fundaciones y ongs de la iglesia catolica.Y desdeluego creo que el dinero publico no debe ir a las organizaciones confesionales.Si las religiones quieren hacer caridad que lo hagan con sus fondos.

  7. Pues soy creyente….en Dios… y también creyente en lo que dice el autor de ese artículo. Qué demonios pinta cáritas invadiendo el trabajo de los servicios sociales que se costea con nuestros impuestos ? Quién es la Iglesia por muy de Jesús que sea para tener una hacienda y un ministerio de economía paralelo al estado? Ya está bien de que la Iglesia y las otras ONG distribuyan el dinero de los contribuyentes. Es corrupción que las ONG distribuyan la economía del país como si fuéramos un ESTADO FALLIDO de África. Es un a forma de retroceder a al España Franquista subdesarrollada . Lo que tiene que hacer la iglesia es presionar al estado para que trabaje y no que le ponga nuestros dineros en las manos a cáritas y a las demás ONG, tercermundis
    mooooo

  8. Sr. Antonio Gómez le invito a conocer de cerca cualquiera de estos servicios que presta la Iglesia y podrá comprobar que no hay ningún fin lucrativo, como dice. Soy voluntaria de la Pastoral Penitenciaria y dedico mucho tiempo a este colectivo y me consta la gran labor que se hace. No creo que sea mercantilismo el que las administraciones públicas apoyen estos proyectos, como tantos otros de diversas asociaciones, algunas de ellas totalmente estériles, por cierto. Piense que ese dinero público del que dice no debe ir a estas asociaciones religiosas, también es mi dinero y el de muchos católicos que opinamos que la caridad y solidaridad pueden ir de la mano.

  9. El artículo me parece un grandísimo aporte a la realidad española de unos servicios sociales que han empezado a desmontarse antes de llegarse a consolidar. Enhorabuena.
    PD. La caridad nunca podrá sustitituir a un ejercicio profesional organizado, lo digo desde el amplio conocimiento como voluntario. La caridad solo atiende con mano de obra “barata” las necesidades no cubiertas por el Estado. ¿Qué pensariais si nuestro sistema de salud o educación estuviesen en manos de la caridad? Pues que la prestación de estos servicios se limitaría a lo que buenamente unos cuantos voluntariosos pudiesen ofrecer sin mas compromisos ni garantías que los de intentar hacer el bien. Lejos de cualquier construcción basada en el Estado de Derecho.

  10. Y lo mas grave de este asunto y que este articulo no toca es que los pobres son un negocio , por lo tanto desde estas instituciones que se mueven entre subvenciones y donaciones , no se les ayuda a salir de la situación de pobreza, porque no les interesa, perderían su financiación , que no toda va a los pobres y necesitados por supuesto.

  11. Vale.- de acuerdo.- que el estado se haga cargo de todo eso, pague edificios, alimentos impuestos, energia, sueldos de los trabajadores etc etc. ¿a cuanto nos tendrian que subir los impuestos para costearlos ? Dejar ya de metersese con las obras catolicas, e intentarlo , si teneis valor, que lo dudo, con las musulmanas o con las chinas del norte.

  12. Estoy sinceramente en desacuerdo con el enfoque del artículo. Me parece que hace un flaco favor a la comprensión de lo que está sucediendo en relación a la mercantilización de los servicios sociales. No se sé si tiene que ver con un sesgo demasiado marcado, o por un desconocimiento ciertamente llamativo del ámbito que pretende describir.
    Ciertamente está habiendo un proceso de mercantilización y ciertamente ésta es una de las preocupaciones más reseñables en el ámbito o de los servicios sociales y que puede afectar de manera significativa a los pilares de mosto sistema de bienestar. Sin embargo mezclar dentro del concepto de privatización a entidades como o VALORIZA o CLECE junto con otras como Caritas, proyecto hombre o cualquier otra entidad del tercer sector social, siendo verdad (por cuanto son entidades privadas) no deja de ser o falta de profundidad en el análisis o, lo que sería, peor tendencioso.
    Entender que el sistema de servicios sociales se está privatizando explicando que son las entidades del tercer sector y dentro de estas ciertas órdenes religiosas (desde proyectos asociativos y fundaciones de acción social vinculados a estas) quienes están gestionando muchos de los servicios que prestan las administraciones públicas es una premisa que contiene un error de base. Y es que la inmensa mayoría de estos servicios, si no todos, los que prestan las administraciones públicas en el ámbito de los servicios sociales no dejan de ser servicios que las propias organizaciones del tercer sector venían prestando históricamente (en muchas ocasiones con el apoyo de estas) y que paulatinamente han ido asumiendo desde el ámbito público dentro de su propia responsabilidad. En concreto, en el ámbito en el que muevo, en Euskadi, podemos constatar esta afirmación en la recién aprobada cartera de servicios sociales.
    Está habiendo una evolución en este sentido (en cuanto una mayor asunción de esta responsabilidad por parte el ámbito público) y esta evolución afecta de manera radical a cómo deben comportarse los actores en este nuevo marco. Paradójicamente en esta evolución también tendremos que tener en cuenta la situación (menguante) de los estados de bienestar y el papel de otros actores como por ejemplo el mercado en estos entramados. Por un lado se asumen más parcelas desde la responsabilidad pública, por otro se alerta sobre la difícil sostenibilidad de estos modelos.
    Evidentemente la responsabilidad pública debe velar por que aquellos ámbitos que incorpora dentro de su responsabilidad se gestionen de manera eficaz, bajo los criterios recogidos en las distintas legislaciones (fundamentalmente leyes de servicios sociales), y con la calidad y la calidez que merecemos los y las ciudadanas que acudimos a estos servicios que deseamos cada vez más universales.
    Una de las maneras que van a tener las administraciones públicas desarrollar esta responsabilidad pública va ser la gestión directa. Es una propuesta perfectamente defendible que debemos entender también que comporta sus pros y sus contras.
    En todo caso en muchas ocasiones va ser muy difícil que, tanto desde propuestas de gestión directa, como, sobre todo, desde el ámbito de lo privado mercantil se puedan desarrollar proyectos con tanto Valor añadido como el que desarrollan muchas de estas organizaciones. El Valor del recorrido histórico, la conexión con el territorio, el carácter no lucrativo, la orientación a la transformación social, la incorporación de personas voluntarias, el fomento de la participación social, el desarrollo de acciones de denuncia y sensibilización social, la conexión con las necesidades de los distintos colectivos… son algunas de las características de este tipo de proyectos.
    Es evidente que no es oro todo lo que reluce. Es evidente que desde el llamado tercer sector social hay mucho camino que recorrer para poner en Valor y mantener muchas las características anteriormente mencionadas. El Valor añadido que pretendemos defender no es obvio y no se mantiene únicamente con el nombre. Sin embargo son muchas las realidades y los proyectos concretos, entre ellos muchos de los mencionados en el artículo, en los que podemos comprobarlo.
    Por todo ello creemos que es importante profundizar en el fondo de lo que se plantea (el peligro de la mercantilización de lo social y la pérdida de Valor de los servicios para los y las ciudadanas), pero hacerlo desde un mayor conocimiento tanto histórico como contextual.

    • mira Raul ,no es por nada, pero lo que planteo es con un gran conocimiento de causa tanto historicamente como en el contexto actual.En mi opinion lo publico deberua ir a lo comun y si puede haber un tercer sector pero controladisimo .No te quiero comentar como desde la ayuda al desarrollo o desde los fondos sociales las tropelias que han realizado algunas ongs(intervida,anesvad etc etc),icaria tuene varios libros interesantes por ejemplo pobreza 2.0 u otros . Una cosa es un tercer sector genuinamente filantropiico(que obtiene sus fondos de los ricos para darselo a la sociedad) y otra un tercer sector dependiente totalmente de los fondos publicos que es el que predomina aqui.Pero lo mas importante es tener ckaro que el objetivo es luchar por una proteccion social articulada como DERECHOS y no como un asunto de beneficencia.En fin te agradezco tus comentarios pero,repito, te lo dice alguien que conocemuy bien estos asuntos.

  13. Buenas Antonio. Gracias por la contestación. No puedo discutir el conocimiento o no del tema, solo puedo decir que me sigue llamando la atención la mezcla de contenidos y de debates bajo un mismo paraguas (la privatización de los servicios sociales) tema con el que sinceramente también estoy preocupado.

    Entiendo como tú que se está dando un proceso de precarización de los servicios sociales en consonancia con el debilitamiento del estado de bienestar, que me parece más preocupante aún. Creo también que puede estar habiendo un rebrote de perspectivas de caridad también en algunas org, sociales, por encima de una visión de derechos en las que están situadas la gran mayoría de estas organizaciones.

    Soy consciente de muchas malas prácticas y las conozco muy de cerca por haber formado parte de estas organizaciones y por trabajar actualmente en este ámbito. También, en concreto en los casos de los que hablas, habría que hablar de cuál es el posicionamiento institucional y la responsabilidad tiene del estado sobre el tipo de cooperación que está manteniendo (con la utilización dela cooperación como punta de lanza para el desarrollo de iniciativas empresariales españolas por ejemplo…)

    Soy consciente de la dependencia de la financiación pública de un gran número de org del sector sobre todo de las organizaciones que están prestando servicios de responsabilidad pública (que, pese a ser las más conocidas, no son ni mucho menos las más numerosas en el tercer sector social)

    Discrepo absolutamente en tu planteamiento sobre el papel de estas organizaciones y en la equiparación de estas con la iniciativa privada lucrativa. No creo en un tercer sector social como el q planteas (q recoge dinero de los ricos para dárselo a la sociedad), un modelo de tercer sector presente sobre todo en estados unidos, en donde no existe un entramado de bienestar consolidado como el nuestro. En nuestra realidad el tercer sector social es mucho más un entramado de participación que históricamente ha ido construyendo en colaboración unos sistemas de bienestar cada vez más enraizados en lo público.

    También discrepo sobre la misma confianza a ultranza en lo público (el control de las administraciones) como garante absoluto de una buena práctica de protección social articulada sobre derechos. Evidentemente creo que debe estar lo público y debe hacer este ejercicio garante. Pero en muchas ocasiones la práctica institucional está alejada de las realidades concretas, incorpora un peso burocrático a veces aplastante y tiene grandes dificultades para flexibilizar las respuestas y adaptarse.

    Fundamentalmente discrepo con la carga de responsabilidad en las organizaciones sociales sobre la precarización y la mercantilización del ámbito de los servicios sociales. Es cierto que hay responsabilidad y es cierto que en algunas ocasiones estamos siendo cómplices de este proceso. Ni mucho menos son las organizaciones las responsables. Tiene que ver mucho más con un debilitamiento del estado de bienestar, con la mercantilización y entender también lo social como un ámbito del beneficio económico más allá de su fin social.
    Buenas Antonio. Gracias por la contestación. No puedo discutir el conocimiento o no del tema, solo puedo decir que me sigue llamando la atención la mezcla de contenidos y de debates bajo un mismo paraguas (la privatización de los servicios sociales) tema con el que sinceramente también estoy preocupado.
    Entiendo como tú que se está dando un proceso de precarización de los servicios sociales en consonancia con el debilitamiento del estado de bienestar, que me parece más preocupante aún. Creo también que está habiendo un rebrote de perspectivas de caridad también en algunas org, sociales, por encima de una visión de derechos en las que están situadas la gran mayoría de estas organizaciones.
    Soy consciente de muchas malas prácticas y las conozco muy de cerca por haber formado parte de estas organizaciones y por trabajar actualmente en este ámbito. También, en concreto en los casos de los que hablas, habría que hablar de cuál es el posicionamiento institucional y la responsabilidad tiene del estado sobre el tipo de cooperación que está manteniendo (con la utilización dela cooperación como punta de lanza para el desarrollo de iniciativas empresariales españolas por ejemplo…)
    Soy consciente de la dependencia de la financiación pública de un gran número de org del sector sobre todo de las organizaciones que están prestando servicios de responsabilidad pública (que, pese a ser las más conocidas, no son ni mucho menos las más numerosas que entre el tercer sector social)
    Discrepo absolutamente en tu planteamiento sobre el papel de estas organizaciones y en la equiparación de estas con la iniciativa privada lucrativa. No creo en un tercer sector social como el q planteas (q recoge dinero de los ricos para dárselo a la sociedad), un modelo de tercer sector presente sobre todo en estados unidos, en donde no existe un entramado de bienestar consolidado como el nuestro. En nuestra realidad el tercer sector social es mucho más un entramado de participación que históricamente ha ido construyendo en colaboración unos sistemas de bienestar cada vez más enraizados en lo público.
    También discrepo sobre la misma confianza a ultranza en lo público (el control de las administraciones) como garante absoluto de una buena práctica de protección social articulada sobre derechos. Evidentemente creo que debe estar lo público y debe hacer este ejercicio garante. Pero en muchas ocasiones la práctica institucional está alejada de las realidades concretas, incorpora eso burocrático a veces aplastante y tiene grandes dificultades para flexibilizar las respuestas y adoptarse.
    Fundamentalmente discrepo con la carga de responsabilidad en las organizaciones sociales sobre la precarización y la mercantilización del ámbito de los servicios sociales. Es cierto que hay responsabilidad y es cierto que en algunas ocasiones estamos siendo cómplices de este proceso. Ni mucho menos son las organizaciones las responsables. Tiene que ver mucho más con un debilitamiento del estado de bienestar, con la mercantilización y entender también lo social como un ámbito del beneficio económico más allá de su fin social.
    Finalmente entiendo que las alternativas tienen más que ver con mantener espacios de colaboración cada vez más horizontales entre las administraciones y quienes gestionan los servicios. Creo en la gestión mixta de los servicios sociales desde el protagonismo y la función de liderazgo de las instituciones públicas, pero también con la participación de las organizaciones que conocen en profundidad las realidades que históricamente están atendiendo. Frete a los restos a los que nos enfrentamos (dependencia, desigualdad, situaciones de exclusión…) considero también que el papel de iniciativa mercantil va a ser necesaria. Sin embargo es cada vez más necesaria una apuesta por alejar el lucro de los servicios de interés General y en concreto de los servicios sociales para poder garantizar esta perspectiva derechos que planteas.

    Finalmente entiendo que las alternativas tienen más que ver con mantener espacios de colaboración cada vez más horizontales entre las administraciones y quienes gestionan los servicios. Creo en la gestión mixta de los servicios sociales desde el protagonismo y la función de liderazgo de las instituciones públicas, pero también con la participación de las organizaciones que conocen en profundidad las realidades que históricamente están atendiendo. Frente a los restos a los que nos enfrentamos (dependencia, desigualdad, situaciones de exclusión…) considero incluso que el papel de iniciativa mercantil va a ser necesaria. Sin embargo es cada vez más necesaria una apuesta por alejar el lucro de los servicios de interés General y en concreto de los servicios sociales para poder garantizar esta perspectiva derechos que planteas.

    Un saludo.

  14. Desde mi punto de vista, como trabajador social en ejercicio en la Administración Pública, ya desde hace más de veinte años, la labor social de la Iglesia es compatible con los sistemas públicos de protección.

    Cuando se critica la beneficencia se está poniendo en cuestión la caridad, ligada a la discrecionalidad y la ausencia de derechos sociales, frente a la universalidad de los Servicios Sociales. Bien, esta teoría nos la sabemos todos, es algo manido. Ahora bien, la labor de las organizaciones no gubernamentales puede y debe ser complementaria (no sustitutiva, en eso estamos de acuerdo).

    Pero aquellos que no conocen las singularidades de trabajar en la Administración Pública no saben de las servidumbres políticas de los Servicios Sociales públicos, que yo conozco muy bien, de ahí la idealización de lo público. No es peor servir a Dios que a un concejal.

  15. En la caridad la mano que da está siempre encima de la que recibe. La mayoría de estas ongs, católicas y no católicas se han convertido en un fin en si mismas, con una enorme infraestructura llena de nepotismo, que se alimenta de la pobreza de los demás y las arcas públicas. El verdadero éxito de estas organizaciones sería desaparecer porque han desaparecido las causas que las han motivado, pero ahí llevan miles de años como la iglesia, sin que se solucione globalmente el problema de la riqueza. Si se auditaran publicamente las cuentas de estas organizaciones y conocieramos el patrimonio de sus principales responsables, alguno se llevaría más de una sorpresa. Los salarios conocidos de algunas famosas ONGs son escandalosos, al igual que el nivel de vida de algunos prelados. Solo en el cepillo de la Catedral de Santiago, el ladrón del códice Calixtino se llevó más de un millón de euros, sin que nadie percibiera su ausencia. ¿ Cuántas serán las donaciones regulares de esta catedral para qué semejante robo no levante siquiera sospechas durante años ? Pues de estas donaciones o limosnas , multiplicadas por todo el territorio nacional, no hay control alguno. ¿ A donde va a parar este dinero? A ver, si empiezan a despertar algunos, decían una coplilla antigua de Iriarte, A don Juan de Robres que con caridad sin igual, hizo este Santo Hospital, y también hizo los pobres. Pues eso. Lo que hay que defender es un Estado social, con buenas prestaciones sociales, con derechos universales, no como beneficiencia, propia de las sociedades victorianas y de Estados asistenciales de mera caridad, o de esos mercadillos infames que organiza la hermana del rey emérito y Ana Botella para recaudar limosnas para ” sus pobres”, que tanto le gustaba a la aristocracia y la burguesia más rancia e hipócrita.

  16. No estoy en absoluto con este artículo y lo que manifiesta y pienso que su autor sabe muy poco de lo que es la Caridad.
    Por otra parte los impuestos de los creyentes, de los católicos… también son de los ciudadanos , puesto que somos ciudadanos y parece que con esto no cuenta o se le olvida.
    Yo me fío mucho más de estas instituciones eclesiales que usted tanto crítica. Se ve que usted no colabora con ninguna. ¡Ojalá nunca necesite ayuda de ninguna! ¿Sabría valorarla?

  17. Yo soy católica y lo estoy pasando muy mal económicamente. Me avergüenza lo que he vivido con personas que se dicen cristian@s. Si es verdad lo que dice su artículo, me entristece enterarme que el Banco de Alimentos es del Opus Dei, porque he participado este año como voluntaria sin saber que era de esta secta catolica. Y peor: me apunté porque una profesora de un Curso de Monitor@s de educación Ocio y Tiempo Libre, del Ayuntamiento de Madrid, nos animó a que nos apuntáramos y lo hicimos desde el ordenador de la clase. Y lo más grave: lo raro que fue todo. Resulta que lo que la gente donó me lo hicieron pasar otra vez por el escaner del supermercado, los productos se vuelven a sacar a la venta. Es el dinero que cuestan los productos donados lo que en teoría va al Banco de Alimentos, según nos dijeron, “para disponer de los artículos que la gente necesita durante todo el año” . Pero es que yo por mi situación actual voy al Banco de Alimentos y los productos tienen un etiquetado especial como prohibidos para la venta, luego de supermercados no son. En fin, que me han tomado el pelo a mi, al Ayuntamiento de Madrid, que pagó a la empresa que contrató a la profesora de marras y a mucha gente, que donaron pensando que daban ese producto escogido por ell@s a l@s necesitad@s.

    • gracias Julio. Yo ya conocía ese documental y me parece buenísimo. Yo también lo difundo y he comprado varios DVDS

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