Las alegrías hipotecarias han durado poco. Escasamente un año. Debido a la falta de rentabilidad provocada por los tipos negativos, la banca empieza a subir los diferenciales a interés variable que, durante 2015, se acercaron a los niveles anteriores a la crisis. El precio del dinero ha llegado a subir, en algunos casos como en los préstamos del Popular, hasta un 21%. Santander, por su parte, obliga a suscribir sus hipotecas con un tipo fijo del 1,75% durante dos años para poder acceder, a partir del tercero al diferencial variable del 0,99%.

Una de las principales razones para que se hayan terminado las “ofertas hipotecarias” es una nueva circular del Banco de España, a la que ha tenido acceso Diario 16, mediante la cual se va a penalizar a las entidades que den créditos por debajo de coste, es decir, a pérdidas. La medida ha pasado desapercibida a pesar de que se refleja en la nueva normativa en materia de provisiones. Precisamente será este sistema de penalización, la obligación de provisionar un saldo mayor, al que deberán acogerse todos los productos cuyos intereses estén por debajo del umbral mínimo de rentabilidad.

Aprendida la lección de la burbuja inmobiliaria que elevó el saldo moroso de las entidades financieras hasta los dos dígitos, el año pasado los bancos comenzaron a llevar a cabo una nueva guerra hipotecaria. El motivo era muy sencillo. El llamado “saldo vivo hipotecario” está muy bajo como consecuencia de que se cancelan más préstamos que se suscriben. En concreto, el saldo de hipotecas en los balances de las entidades financieras a cierre de diciembre del año pasado era de 526.105 millones, el nivel más bajo desde diciembre de 2006, según datos del Banco de España. El saldo máximo se registró en diciembre de 2010, con 620.433 millones de euros. Dicho de otro modo, la banca ha perdido cerca de 100.000 millones de saldos a los que cobrar intereses. Y la tendencia parece seguir siendo bajista.

Con tipos de interés en negativo, y con cada vez menos productos en su cartera, las entidades diseñaron una estrategia para hacerse con la demanda existente. ¿De qué manera? De la única posible: vendiendo préstamos a bajo precio. Ofreciendo hipotecas a interés variable con diferenciales por debajo del punto, cuando hasta ese momento y por un sentido elemental de prudencia se situaban por encima de los dos puntos, y mejorando las condiciones de acceso.

Pero este sistema de captación de clientela parece tener los días contados. La rentabilidad cada vez es menor. Con el euríbor en negativo y un estrecho diferencial hay quien está pagando menos de 200 euros mensuales de intereses por un saldo superior a los 200.000 euros. La ruina si a todo esto se añade la fuerte competencia en materia de comisiones y gastos abierta en el sector.

Así las cosas, todo parece indicar que vamos a asistir, en los próximos meses, a un endurecimiento del acceso al préstamo hipotecario que, indirectamente, repercutirá en el de la vivienda. Se acaba, pues, la incipiente recuperación de un sector vital para la economía española.

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