Monárquicos o republicanos, porteños o cabecitas del interior, radicales o acuerdistas, peronistas o antiperonistas… desde sus orígenes la historia argentina se basó en la dicotomía, se era de uno u otro lado del fiel de la balanza, sin dar lugar a alternativas que escaparan a esa relación bipolar.

Pero no solo la política, la lógica dicotómica atraviesa toda la realidad del país. Se es de River o de Boca, de Ford o de Chevrolet, leés a Borges o a Bioy, te gusta Mirtha o Susana… toda posición tiene su contraparte, pero no como alternativa sino como oposición, todo es blanco o negro.

Todos los argentinos vivimos en esa realidad, al punto que más del 90% del país cree, según una encuesta que realizó IPSOS, que Argentina es un país dividido. Sólo superada por Serbia, 92 de cada 100 argentinos entienden que su país está dividido, y que esta división se incrementó en el último tiempo. La mitad del país está convencida que Argentina está más dividida cada día que pasa, pero sin embargo los argentinos se reconocen tolerantes, puesto que el 42% se enrola en este grupo, aunque en menor proporción que una década atrás. Casi la mitad del país entiende que hay menos tolerancia hoy que hace diez años.

Y si bien la misma encuesta refleja que según los encuestados los argentinos tienen más cosas en común que las que las hacen diferentes, las diferencias políticas hacen que las diferencias sean más profundas. En primer lugar las mayores diferencias son por opiniones políticas, así lo cree el 70% de los argentinos, en segundo lugar, con el 41%, son las diferencias por clases sociales, y en tercer lugar por su lugar de origen, el 13% de los encuestados diferencia entre argentinos y extranjeros. Como se ve la situación es compleja, ya que el totalitarismo político, la sumisión económica y la xenofobia están a la vuelta de la esquina.

Complejidad que se acentúa cuando se toman en cuenta los resultados respecto a la confiabilidad de las personas, puesto que según este estudio el 86% de las personas entiende que se debe tener mucho cuidado al tratar con otras personas puesto que mayoritariamente no son de confiar, y en quienes menos se confía es quienes piensan diferente a uno en términos políticos.

¿Cómo construir entonces un proyecto político que incluya mayorías ciudadanas y en el que quienes no lo comparten no se sientan excluidos? Cierto es que la creación de un enemigo común sirve para cohesionar a la ciudadanía, y los ejemplos de Alfonsín contraponiendo democracia o dictadura, Menem enfrentando ajuste económico o hiperinflación, de la Rúa confrontando honestidad o corrupción o Kirchner y señora cotejando populismo o caos, así lo prueban.

Un camino diferente quiso emprender el actual gobierno de Mauricio Macri, quien apelando a denominadores comunes, sin hacer excesivo hincapié en sus antecesores, procuró encolumnar a grandes porciones de la sociedad tras su propuesta. Para ello, recurrió incluso al ocultamiento de la situación heredada, puesto que tal como señala la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal ‘Yo era la gobernadora de la Provincia y podía decir que estaba quebrada. El presidente, en este camino en el que tenía que salir a pedir financiamiento, entre otras cosas para pagar los sueldos de la Provincia (sueldos y aguinaldos), no. Nadie sale a pedirle plata a otro y le dice estoy fundido’, e internamente según su saber entender eso hubiera exacerbado, aún más, los distanciamientos entre las dos posiciones políticas mayoritarias.

Lo reclamábamos al inicio del gobierno actual cuando sosteníamos que ‘El mensaje de Macri ante el Congreso debe ser contundente, con información clara y contrastable, que exponga sin dejar lugar a dudas cómo estamos y hacia dónde vamos. La situación del país no es buena y es necesario que el Presidente lo diga claro y con todas las letras.’ Pero Macri eligió otro camino. Tenía muy en claro las palabras de Friedrich Nietzsche cuando afirmaba que ‘A veces la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere ver sus ilusiones destruidas’, y eligió maquillar la realidad.

Hoy que la situación económica comienza a complicarse y las posiciones antagónicas se agudizan es momento de detenerse y pensar profundamente los pasos a seguir. Es necesario barajar y dar de nuevo, es necesario generar nuevas ilusiones, nuevos proyectos colectivos, pero para ello es necesario partir diciendo la verdad.

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