Un gallinero

Las gallinas se revolucionaron. Félix había entrado en el gallinero a hurtadillas. Apenas el alba difuminaba el contorno. Había dejado el coche aparcado a cincuenta metros para que nadie le viera. Sólo quería llevarse los huevos de las últimas puestas.

Javier y Félix eran amigos. Félix era un abogado sin tiempo que tenía un pequeño pajar en el pueblo de apenas ochenta metros cuadrados rodeado de una huerta de tres celemines. El pajar estaba vacío y la huerta perdida. Javier era un prejubilado de una empresa automovilística que, pasados dos años desde que éste firmara el finiquito y pactara las condiciones, se había esfumado. Al dejar el trabajo recibió treinta mil euros, pero los otros cien mil que debería haber recibido al finalizar los dos años de paro, se fueron, con la quiebra de la empresa, por el sumidero. A sus cincuenta y ocho años, se encontraba casi sin fondos, con mucho tiempo libre y mucho cabreo. Así que, Félix, que veía con preocupación el estado de salud de su amigo, le propuso comprar doscientas gallinas, meterlas en los ochenta metros cuadrados del pajar y dejar que anduvieran libres en la huerta. Javier, que vivía permanentemente en el pueblo, cuidaría de que no les faltara agua y comida, recogería los huevos y las ganancias de la venta, las repartirían a medias.

Todo había ido sobre ruedas los primeros meses. Las gallinas ponían alrededor de quince docenas de huevos diarias que vendían a amigos, vecinos y familiares. Los huevos era de buena calidad, como los de antes, estaban bien de precio (1,50 € la docena) y la gente hacía cola para adquirirlos.

Pasados los primeros diez meses del negocio, Félix empezó a notar que, en el reparto, Javier había pasado de pagarle los siete euros diarios que le correspondían (dejaban cincuenta céntimos cada uno para comida y otras contingencias), a sólo cinco. Javier le dijo a su socio que era porque las gallinas ponían menos huevos.

Un lunes que Félix se había acercado al pueblo, de mañana temprano, para recoger el carnet olvidado el día anterior, un vecino huraño y gruñón al que todos llamaban Konan, se le acercó y le dijo: – Tu socio te roba los huevos-

En lugar sentarse a hablar con Javier, Félix decidió que, como en el Lazarillo de Tormes, iría temprano una vez por semana al gallinero y se llevaría los huevos que las gallinas hubieran puesto. Si su amigo no decía nada era porque le estaba robando. Y si comentaba que habría que cambiar las gallinas porque ya no ponían suficiente, entonces le contaría lo que Konan le había informado.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Las gallinas ponían los mismos huevos pero el reparto de ganancias iba a menos. Los socios seguían con su habitual relación de amistad. Se ayudaban cuando Félix vivía en el pueblo, tomaban cañas, se iban de fiesta incluso y si había que comer juntos, comían y parecían departir amigablemente. Cuando uno de los dos no estaba presente, se ponían a caldo.

 


K.O.S

 

Siempre he estado convencido de que la anarquía es un sistema político cercano a la izquierda. El anarquismo cree en la libertad individual y en la igualdad de las personas. La anarquía, a groso modo, pretende la desaparición del estado y de los gobiernos que dirigen a los ciudadanos.

Este sistema de hijoputismo desaforado que nos explota, también pretende lo mismo. Sin embargo, éste sólo tiende a la anarquía en el sentido de caos. En lugar de la libertad individual, se alimenta del egocentrismo, de la injusticia y de la explotación humana. En su interés por el caos, el liberalismo que padecemos proclama la superioridad de la libertad individual sobre el colectivismo (por ejemplo el derecho a no pagar impuestos, a creer que sólo tu pensamiento tiene que ser respetado y a primar el nacimiento sobre los derechos humanos).

Si uno tiene hambre, no tiene recursos

Todo es un totum revolutum. Si uno tiene hambre, no tiene recursos porque está en el paro y no tiene ayudas, y se mete en un supermercado y se come un paquete de jamón, acabará siendo esposado y llevado a comisaría y hasta es probable que acabe en prisión. Sin embargo, si un banco monta una estafa de grandes dimensiones en la que venden a personas sin conocimientos unas supuestas acciones de la entidad que en realidad sólo son una captación de capital, sin participación ni derechos en la entidad, con el engaño de una gran rentabilidad, sin decirles además que jamás podrán recuperar lo invertido y que si vienen mal dadas esa rentabilidad no sólo no está garantizada, sino que lo pierden todo, entonces no sólo no detendrán a los estafadores sino que acabaremos entre todos, rescatando el negocio. Si a un trabajador la declaración de la renta le parece complicada, contrata un asesor fiscal, le paga por hacérsela, y Hacienda descubre que le ha deducido algo que no es deducible, le manda un requerimiento (al trabajador) y una multa aunque no sepa de qué va la cosa. El gestor, según Montoro, no tiene responsabilidad alguna. Si eres hija del rey de España y montas una empresa con tu marido para recaudar dinero público y evades impuestos, entonces Hacienda te reconoce tu incapacidad para conocer las trapichuelas de tu amado esposo, aunque seas licenciada, y te exonera del delito.

Vivimos en un sistema anárquico y caótico

Vivimos en un sistema anárquico y caótico en la que la única garantía es el poder y el dinero. No hay ley nacional o acuerdo internacional, que no se convierta en papel mojado. EE.UU o Israel bombardean hospitales con personas mayores y niños enfermos dentro, con médicos, enfermeras, heridos… Arabia Saudí bombardea hasta funerales. Se asesinan impunemente a 140 civiles y se deja lisiado a más de 525 (Yemen 8-10.2016), pero todos callan. Si eres palestino, un soldado israelí puede pegarte cien tiros, sin justificación y sin que sea considerado asesinato. Si vas en un barco con ayuda humanitaria, Israel puede secuestrarlo, abordarlo y puedes acabar muerto en un desgraciado accidente “colateral”. Si te sitúas delante de una excavadora para impedir su paso, te pasan por encima sin el menor síntoma de humanidad. Si eres sirio, afgano, eritreo o somalí pueden no sólo negarte la ayuda sino que, si además estás en Hungría, acabarás apalizado por unos paramilitares. Niégate tú a ayudar a un cabestro que vaya borracho con el coche, haciendo eses, a doscientos por hora y que se haya salido de la carretera y acabarás entre rejas.

Publicaba este periódico el día 6 la noticia de que Pedro Sanchez había sido defenestrado por el principio de acuerdo logrado con las formaciones independentistas para desenquistar el problema con Catalunya.

Ese acuerdo llevaría a España a constituirse en un estado federal primero, y a en una república después. Esta noticia pasó desapercibida (salvo para las decenas de incrédulos que dejaron constancia de ello en los comentarios). Sin embargo en una entrevista que en Radio Internacional le hacían a José Andrés Perelló, europarlamentario del PSOE, se especula sobre una reunión de González, el Rey emérito, John Kerry y Cebrián en Colombia. En ella se habría tratado de este posible acuerdo. Perelló dice que si nada como un pato, vuela como un pato y parece un pato es que es un pato. Si al día siguiente el trol de la Izquierda llama desde Colombia a esa periodista con vínculos familiares en el PSOE y que trabaja para el capo de PRISA, para entrar en directo y censurar a Castejón, y horas después empieza la “fiesta” en el PSOE, pues tiene pinta de que el pato, nada como un pato y seguramente es un pato. Si ese mismo día seis, Irene Castro y Gonzalo Cortizo escriben un artículo en eldiario.es en el que afirman que Sánchez fue defenestrado por su acuerdo con los independentistas, tenemos una confirmación más de que el pato es un pato.

Volviendo a mi argumentación sobre este caos psudoanarquista, en este dantesco espectáculo del PSOE, volvemos a ver como se retuerce la legalidad y se sobrepasa la moralidad para evitar que lo que no convenga al poder, salga adelante con el consentimiento y asentimiento de una gran mayoría.

ni el poder es del pueblo ni mucho menos para el bien del pueblo

En la democracia moderna, ni el poder es del pueblo ni mucho menos para el bien del pueblo. La democracia se convierte en una pantomima en la que depositamos el voto (cada cuatro años) y si no les gusta lo que votamos, hacen lo posible para deformarnos a través de la TV diciendo que han entendido el mensaje y haciendo todo lo contrario a lo que el pueblo desea. No hay interacción entre representantes y votantes. Los parlamentarios no son representantes de sus votantes sino del líder y de sus intereses. El que se mueve no vuelve a las listas (y se le deja fuera del “negocio político”) y el que no acata, acaba siendo expulsado. El colmo de la pantomima democrática es la elección de los representantes. Mientras que en Soria, el PSOE necesita 12.000 votos para obtener un diputado, en Madrid para obtener un escaño, IU, en diciembre, necesitó 95.000. Por tanto la representación es nula y está establecida en función de las necesidades del poderoso dándole mayor facilidad en aquellos lugares donde sabe que serán favorecidos. Si los parlamentarios son representantes de las personas, ¿por qué la circunscripción es provincial y no nacional? ¿No son iguales los habitantes de Valdorros que los de Cenicientos?

Nos movemos en un sistema anárquico pues, cuyo caldo de cultivo es el engaño por ignorancia, prejuicios y egolatría. Nunca he entendido que nadie pueda morir por defender un trapo de colores. La ignorancia te lleva a creerte mejor que otro porque tú has nacido aquí y el otro en Somalia. Hay veces que cuando viajas a Nueva York, otros con la misma enfermedad de ignorancia que la tuya, te tratan en el aeropuerto como tú tratas al somalí aquí, y en lugar de reflexionar sobre el ser humano, piensas que tú no te lo mereces. La ignorancia te lleva a sentir asco por los que vienen aquí a trabajar porque, erróneamente, crees que le quitan el trabajo a los tuyos. Esa misma ignorancia, sin embargo te hace pensar que tu hijo, que se ha ido a Finlandia porque aquí no hay futuro, no le quita el trabajo a los finlandeses porque tiene derecho. ¡Tu hijo vale mucho!

Ignorancia es creer que tu padre y tu madre, que vinieron con una mano delante y otra detrás, desde un pueblo de Jaén, de Burgos o de La Coruña no eran emigrantes. Ignorancia es creer que tus hijos están mejor educados porque van a un colegio de monjas dónde no hay ni “gitanos” ni “moros”, y olvidar que educarlos en la mediocridad, el machismo, la xenofobia y la intolerancia, es una mala educación. Ignorancia es creer que quiénes le han provocado al estado un agujero tan enorme que no seremos capaces de tapar en años, son mejores gestores que los que reducen el déficit y además intentan darnos ventajas sociales. Ignorancia es creerse que los latrocinan el estado, están mejor preparaos que los que proclaman la conciliación social, cuando la mayor parte de los primeros sólo logran trabajar a base de enchufes y de mamandurrias en las administraciones. Ignorancia es creer que un trozo de escayola o una madera tallada dirigen tu vida. Ignorancia es creer que una bola de azúcar de un milímetro puede curar un resfriado o incluso el cáncer. Ignorancia es creer que las mujeres son inferiores y que son de tu propiedad. Ignorancia es creer que disfrutan de la violencia. Ignorancia es estar continuamente con las feromonas cargadas porque las mujeres no se resistirán a tus encantos de garrulo. Ignorancia es, que cuando dicen que no, tú creas que están deseando que se la emplumes. Ignorancia es el castigo con el que, dios (de carne y hueso), ha regado esta sociedad sumisa, egoísta y cicatera.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentahistorias freelance o mejor dicho un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Ahora participo activamente en PODEMOS, más que por convicción, por la necesidad de regeneración. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Subjetiva y probablemente equívoca, pero es mi opinión. Si me equivoco rectifico. Sólo el que rectifica aprende algo. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

2 Comentarios

  1. Es mediante la supina IGNORANCIA que este K.A.O.S. o desorden puede mantenerse vivo. La gran tarea del sistema es la mentira permanente y la recreación de percepciones -de MATRIX o realidades paralelas- para que la indignación no se dispare.
    La maquinaria de lavar cerebros mediante la manipulación no para nunca. Su gran éxito es la constancia sin descanso.
    Muy bueno tu artículo, D. Jesús.

  2. Claro amigo. Ellos son mas constantes porque tienen muchos más medios (todos). Es como arar una tierra de cuarenta hectáreas con un tractor de 640 CV o intentar cavarla con una pala de sacar arroyos.
    El cascabel de este gato está en como parar la manipulación que nos entra todos los días por la TV, desde los tres años hasta que uno muere.
    Complicado.
    Aún hay medios como este en el que permiten que ilusos como yo, levantemos la voz. Una voz que clama en un desierto donde la ignorancia predomina y el entendimiento es yermo.
    Claro que al menos, si uno sabe que hay alguien al otro lado, es más fácil.

    P.D. Como me dice una lectora y amiga es A Coruña, no La Coruña. Queda constancia.

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