Susana Díaz comienza a ver con buenos ojos un acercamiento con Podemos, como en Madrid, su destino frustrado.

La ciudadanía sabe a estas alturas que la palabra de un político vale bien poco, y menos aún cuando se avecina cita con las urnas. Por ello, las promesas preelectorales de posibles pactos poselectorales en Andalucía están siendo tan contundentes como clarificadoras. Quizá hasta risibles. Y todas ellas hacen mención a presumibles pactos de gobierno porque nada hace pensar que regresen los tiempos de las mayorías arrolladoras del PSOE en su granero por excelencia. El peligroso juego de la silla no ha hecho más que comenzar. Sobra recordar que Susana Díaz intentó sentarse definitivamente en Madrid hace poco más de un año y tuvo que plegar velas y seguir en Sevilla, pese a que el dicho recuerda que quien fue a Sevilla…

Aún quedan 47 días para el próximo 2 de Diciembre y un mes para el inicio de la campaña electoral andaluza en sí. La conclusión por el momento es nítida: ningún candidato podrá bailar solo, pero al unísono todos rechazan bailar pegados. La cuadratura del círculo. La noche del 2-D se despejarán las dudas y también las hipocresías, medias verdades y mentiras.

Sólo un ascenso importante de Ciudadanos dará opciones al partido de Rivera de gobernar con el PP, tras negarle cualquier respaldo al PSOE

La idiosincrasia del PSOE andaluz dista un mundo de la de Ferraz, las últimas primarias internas sirven de testimonio de cargo. Pero el actual paso por el palacio de la Moncloa ha clarificado las cosas hacia una entente cordial entre ambas sensibilidades. El poder atempera discrepancias.

Teresa Rodríguez, a la espera de dar su apoyo a un PSOE en minoría contra “las derechas”.

El acuerdo de Presupuestos entre el PSOE de Pedro Sánchez y el Podemos de Pablo Iglesias, refrendado con el aplauso de la presidenta andaluza, Susana Díaz, apunta que algo está cambiando en la calle San Vicente de Sevilla, sede del PSOE de Andalucía. Susana Díaz ya no demoniza la “radicalidad” que veía a su izquierda hasta ayer mismo. Los durísimos enfrentamientos parlamentarios de la presidenta andaluza con la lideresa de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, así lo atestiguan.

PP y Ciudadanos se emplean a fondo en afianzar al votante clásico de derechas mientras el PSOE andaluz pescará de nuevo en el centro izquierda

Por su parte, Adelante Andalucía, la confluencia del Podemos andaluz de la anticapitalista Teresa Rodríguez con la Izquierda Unida de Antonio Maíllo, niega la mayor respecto a los socialistas y ahora ve posibilidades de otorgarle cheques con fondos para que Susana Díaz gobierne en minoría con tal de que no lleguen “las derechas” al Palacio de San Telmo, sede la Presidencia de la Junta de Andalucía. El mantra que la lideresa de la confluencia de izquierdas repite, entrevista tras entrevista, es clarificador de lo que asoma en el horizonte de la inminente campaña electoral: “Adelante Andalucía es una barrera a las derechas. Aspiramos a poder gobernar y si no trataremos de impulsar políticas de cambio”. Más claro, agua.

El candidato del PP, Juanma Moreno, dentro de la furgoneta electoral, sin dar crédito a los sondeos catastrofistas.

Las derechas, mientras tanto, libran una lucha fratricida sin miramientos por afianzarse un espacio cada vez más alejado de un centro en el que se mueve divinamente Susana Díaz, practicante de un socialismo sui géneris que sienta antes a su mesa a un banquero que a una asociación de afectados por la hipoteca. El PP de Pablo Casado ha mantenido la confianza en Juanma Moreno Bonilla, que este verano apoyó sin fisuras a Soraya Sáenz de Santamaría en su fallido intento de acceder al sillón vacío dejado por Mariano Rajoy. Casi más empeñado en disputar a Ciudadanos el liderazgo de una derecha sin aditamentos que en provocar la caída de prácticamente cuatro décadas de gobiernos socialistas ininterrumpidos en Andalucía, los populares centrarán toda su campaña en potenciar las presuntas corruptelas del susanismo, aunque para ello tengan que echar mano de un caso que sucedió hace casi una década, el de las costosas juergas de ex funcionarios en prostíbulos con tarjetas black para la formación y el empleo. Al menos tiene ya la palabra del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y de su hombre en Andalucía, Juan Marín, que han empezado la casa por el tejado al prometer esta precampaña electoral andaluza que no dará su apoyo a un nuevo gobierno de Susana Díaz. Por tanto, la clave ahora es quién encabeza el liderazgo en la margen derecha de Andalucía y en qué grado de importancia. Las encuestas auguran un futuro halagüeño al partido de Rivera en Andalucía y una caída contundente del PP por la nula eficacia del supuesto efecto Casado y los rescoldos aún hirviendo de la estela dejada por Gürtel.

En definitiva, el juego de la silla, un movimiento en falso y estás muerto.

Juan Marín se enfunda la Roja para marcar el camino de una campaña que Susana Díaz quiere sólo “en andaluz”.
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